Pablo Rojas Paz, el chico preguntón
En este espacio de “Recuerdos” procuramos revivir el pasado por medio de imágenes que se encuentran guardadas en ese tesoro que es el Archivo de LA GACETA. Esperamos que a ustedes, lectores, los haga reencontrarse con aquellos momentos y que puedan retroalimentar con sus propias memorias esta sección que les brindamos día a día.
El escritor tucumano Pablo Rojas Paz (1896-1956) cuenta en su libro “El patio de la noche” que creía haber sido en su niñez y adolescencia “el muchacho más preguntón de Tucumán. Me pasaba el día preguntando cosas: los mayores soportaban con poca paciencia esa continuada ratificación de su ignorancia. Eludían mi presencia y la desoladora simpleza de mi interrogatorio”. En su columna “Apenas ayer” titulada “El chico preguntón” (08/04/2006) Carlos Páez de la Torre (h) describe cómo eran esos párrafos que mostraban la psicología del escritor.
Rojas Paz preguntaba “¿Por qué llueve? ¿Por qué son verdes los árboles? ¿Por qué los tucos tienen luz en los ojos?” y las respuestas de los adultos no eran habitualmente las que esperaba. “Con frecuencia abusaban del poder que les conferían sus años y me confinaban a la puerta de calle. Al avanzar en edad, mis preguntas se volvieron más lógicas, más comedidas, más para adultos. En la infancia se posee una sabiduría incómoda para la gente grande; esta sabiduría crea el derecho de averiguarlo todo, de saberlo todo. Los niños, llevados por la mano del tiempo, van comprendiendo que hay preguntas sin respuestas, cosas inexplicables, orígenes sin averiguación posible”.
Rojas Paz añadió que con el tiempo “los demás no solamente contestaban a mis preguntas, sino que ponían mucha atención en cómo yo interrogaba, para no equivocarse en la respuesta”. Decía que eso sucede “cuando los niños abandonan esa actitud incómoda que los asemeja a los dioses, quienes, según la delación de los mitólogos, eran preguntones y enredadores”.
En su mirada, la niñez es “la época más bella de la vida, pues vivimos de revelación en revelación. Las respuestas tienen calidad de auroras inesperadas, que muestran nuevos caminos a la curiosidad”. La imagen muestra a Rojas Paz en 1930, a sus 34 años.









