El mundo en la “tenaza EE.UU. – China”

Por Omar Paganini - Ex canciller de Uruguay

IRASCIBLE. Donald Trump impulsa una política exterior agresiva.
IRASCIBLE. Donald Trump impulsa una política exterior agresiva.
Hace 4 Hs

En los años 90, luego de la caída del bloque socialista, parecía que el modelo liberal de democracia, capitalismo y comercio libre se iba a imponer. Pero, luego de la etapa inicial, en Occidente las voces nacionalistas se han ido fortaleciendo, culpando a la globalización de muchos males.

En el caso estadounidense, preocupa una pujante China, integrada exitosamente al mercado internacional y transformada en potencia desafiante. En el caso europeo, afloran las angustias por el empleo y el agro, también los problemas generados por una inmigración difícil de asimilar. La política se polariza en todo Occidente con la aparición de nuevos populismos.

Con la llegada de Trump, su política disruptiva y su uso discrecional e intempestivo de los aranceles, todo se aceleró. Una política exterior agresiva y voluble, que usa los aranceles para tratar de equilibrar déficits comerciales, relocalizar cadenas de valor estratégicas y, sobre todo, influir en aliados y rivales.

Huelga decir que en un mundo donde las cadenas de valor son internacionales, los aranceles altos generan grandes problemas de costos y logística. Construir un avión de línea requiere actividades en más de una decena de países; la cadena de valor de la electrónica atraviesa Asia, los EE. UU. y Europa. Los aranceles generan problemas, pero sus efectos positivos para la economía de EE.UU. son discutibles. Aún si fuera viable, la eventual relocalización productiva requiere tiempo y decisiones de inversión enormes. Dicho esto, como palanca para influir en otros, han demostrado ser eficaces.

En el mundo del petróleo los cambios no vienen de los aranceles, sino de las acciones militares. Los EE. UU. son superavitarios en petróleo y gas, y la suba de precios por el cierre de Ormuz tenga tal vez efectos estratégicos, como el de consolidar el petrodólar y “apretar” a China. Pero impacta en el consumidor, incluso el de los EE.UU., y complica a sus aliados árabes (exportadores) y a los otros asiáticos (importadores). Por otro lado, las reservas de Venezuela son ahora parte del pool de las compañías americanas, se venden en dólares y también “aprietan” a China. Y no olvidemos que la Argentina estará llamada a ocupar un lugar muy relevante en este escenario estratégico de alta complejidad.

Por su parte, China lidera en energías renovables, autos eléctricos y baterías, que utilizan el litio, abundante en América del Sur. También tiene una posición dominante en tierras raras, críticas para la industria aeroespacial y automotriz. Su industria digital es cada vez más potente y se prepara para desafiar a las big tech americanas.

El multilateralismo languidece y la rivalidad de EE. UU. con China lo tiñe todo. ¿Qué debemos hacer aquí en el Sur de América Latina? Somos productores de alimentos, agroindustria y minería. También de servicios. Necesitamos acceso a mercados con estabilidad. Queremos formar parte de las cadenas de valor internacionales y de la revolución tecnológica. Asuntos críticos como la ciberseguridad y la IA nos interpelan. Y, sobre todo, la rivalidad entre EE. UU. y China involucra a nuestros dos principales vínculos económico-financieros: somos parte de Occidente, pero necesitamos llevarnos bien con China.

Alineamientos

Entonces, ¿cuál puede ser la estrategia? Tanto China como EE. UU., a su manera, exigen ciertos alineamientos. Pero lo sensato es mantener las mejores relaciones posibles con ambos, buscando espacios de autonomía, con políticas propias claras que nos resguarden de alineamientos automáticos, lo que obliga a elegir de manera inteligente las batallas diplomáticas.

Eso implica, entre otras cosas, acercarse a las llamadas “potencias medias”, sean de Europa, de Asia, o de Oceanía y generar espacios de comercio estables. En ese sentido, resulta un paso positivo la reciente puesta en funcionamiento del acuerdo Unión Europea – Mercosur, y también lo es el proceso de incorporación al Tratado Transpacífico (Cptpp), que Chile ya integra, y donde Uruguay y Argentina están en proceso de adhesión.

La polarización política abarca todo Occidente y llegó a nuestras tierras. Utilizar la política exterior para extraer réditos en la interna, agitando el nacionalismo o “la grieta”, es algo que siempre atrae. Es quizás lo que hace Lula, en plena campaña electoral, cuando confronta con Trump. Tal vez también es eso lo que hace Milei en su conflicto con Lula, o cuando se alinea con la nueva derecha global. Pero los conflictos político-ideológicos entre nuestros países pueden complicar una acción coordinada a largo plazo.

Tenemos que construir una red de alianzas inteligente que incluya países de América Latina, Asia y Oceanía, la Unión Europea y el Reino Unido, y una estrategia potente con la India. De eso dependerá nuestra capacidad de desarrollo y la autonomía que tendremos como Estados en el futuro, más allá de las peleas mediáticas

Tamaño texto
Comentarios
Comentarios