Apuestas digitales: una amenaza silenciosa que inquieta a todos
Cuentas falsificadas, apuestas que comienzan en la niñez y una ansiedad que se cuela en el aula: tres especialistas describieron en Panorama Tucumano, el programa del PG Play que conduce Federico van Mameren, cómo las apuestas online se metieron en la vida de los adolescentes.
Una puerta de entrada
Lo que hasta hace poco se discutía puertas adentro de las casas hoy ocupa el centro de la escena pública: la apuesta online no es un hábito aislado sino la antesala de otros consumos problemáticos. Lucas Haurigot Posse, secretario de Políticas Integrales sobre Adicciones de la provincia, remarcó que el mecanismo cerebral de la adicción funciona igual, haya o no una sustancia de por medio.
Luisa Fernández, directora del Centro de Referencia en Adicciones sin Sustancias (Creas), dentro del Centro de Atención Primaria en Adicciones (Cepla) de Villa Luján, coincidió en el diagnóstico, aunque puso el acento en otro factor: la falta de estigma social. A diferencia de las sustancias tradicionales, explicó, la apuesta digital no tiene la condena social que sí pesa sobre otras adicciones, y por eso su avance entre los adolescentes pasa desapercibido. Fernández ubicó las causas en una combinación de factores biológicos, psicológicos y sociales: “Los factores sociales están ligados a disfuncionalidades en el hogar y en el mercado”, explicó. Así también aclaró que quien apuesta termina activando un circuito dopaminérgico que empuja a una vorágine difícil de frenar por decisión propia. Ambos especialistas coincidieron en un punto central: el problema suele salir a la luz recién cuando aparece la deuda. “El dinero pierde valor en el modo juego”, señaló la especialista: el cerebro, en ese estado, no logra distinguirlo como sí ocurre frente a otras sustancias.
Iara Rivero Matías, directora pedagógica de Comfye, completó el panorama desde otro ángulo: el de la ausencia de regulación. Los adolescentes se mueven, en sus palabras, en “un territorio digital que no está regulado, donde el Estado no viene teniendo presencia, en internet vale todo”, resumió. Además vinculó el atractivo de las apuestas con una frustración más profunda: la brecha entre las promesas del mundo adulto sobre el trabajo y una realidad en la que muchos chicos ven a sus propias familias endeudadas.
Preocupación entre pares
Si hubo algo que atravesó el testimonio de los propios adolescentes fue la necesidad de tomar la palabra. Esa inquietud, coincidieron los tres especialistas, no es casual: responde a un cambio generacional que comenzaron a advertir en su trabajo cotidiano.
La directora de Comfye lo demostró con un dato concreto. Los chicos que participaron este año en “Territorio Digital, ¿Quién tiene el control?”, un concurso organizado por su institución, realizaron una investigación sobre la problemática. La elección del tema no fue impuesta: fueron los propios estudiantes quienes decidieron abordarlo. Además, señaló la especialista, fue la temática más elegida de esta edición, en un contexto atravesado por el Mundial.
Haurigot Posse describió un giro similar en su tarea diaria dentro de la secretaría. “Antes éramos nosotros los que proponíamos a los colegios secundarios hacer talleres sobre prevención de adicciones. Hoy son los mismos chicos los que quieren hablar”, contó. El funcionario también señaló la otra cara del fenómeno: mientras los adolescentes buscan hablar, buena parte de los adultos no sabe cómo abordar el tema. El testimonio de los propios estudiantes reforzó ese diagnóstico. Reconocieron que la vergüenza y el temor a la reacción familiar muchas veces los llevan a la evasión. También señalaron que algunos padres, por no saber cómo intervenir sin ser invasivos, optan por el silencio.
Influencers
Fernández fue la primera en poner el fenómeno en palabras: “Cualquier adolescente dice que quiere ser influencer”, alertó. Se trata de una figura convertida en valor y en una referencia para el desarrollo emocional de los más chicos. El análisis se profundizó a partir de una idea que aparece con fuerza entre los adolescentes: ser influencer representa una de las pocas formas de trabajo en las que perciben la posibilidad de alcanzar rápidamente un salto económico. La figura se convierte así en un referente sin que necesariamente exista una formación, acreditación o rendición de cuentas detrás. El mensaje que circula entre esos referentes plantea que el control sobre la propia vida se alcanza a través del rendimiento individual y el dinero. En ese discurso confluyen las apuestas, el trading, las criptomonedas, la venta de cursos, la idea de “ser tu propio jefe” y la cultura fitness.
En ese escenario, las apuestas online forman parte de un ecosistema digital que encuentra en los adolescentes un público vulnerable.















