La deuda de San Martín está en casa: por qué La Ciudadela dejó de ser un fortín

Empates evitables, derrotas dolorosas y una eficacia insuficiente explican el flojo rendimiento del "Santo" como local en una temporada irregular.

ESPEJISMO. El 3 a 0 frente a Almagro ilusionó con recuperar la fortaleza de La Ciudadela, aunque el envión duró poco.
ESPEJISMO. El 3 a 0 frente a Almagro ilusionó con recuperar la fortaleza de La Ciudadela, aunque el envión duró poco. Foto de Osvaldo Ripoll/LA GACETA.

Resumen para apurados

  • San Martín de Tucumán perdió su fortaleza en La Ciudadela este torneo al ganar solo 4 de 11 partidos, quedando fuera del Reducido por ineficacia y fallas defensivas.
  • Tras dejar escapar 16 puntos en casa, el equipo sufrió lesiones graves, recambios de DT y menor concurrencia del público por la crisis económica y frustraciones previas.
  • Para volver a pelear el ascenso al Reducido, San Martín deberá recuperar la eficacia y el apoyo del hincha en sus próximos duelos locales ante San Juan y Madryn.
Resumen generado con IA

Hubo un tiempo en el que jugar en La Ciudadela representaba una ventaja determinante para San Martín. Los rivales llegaban a Tucumán sabiendo que sumar un punto podía considerarse un buen negocio. El clima que generaba la hinchada, la presión constante que bajaba desde las tribunas y el buen rendimiento del equipo habían convertido al estadio en uno de los escenarios más difíciles de la categoría. Sin embargo, esa imagen comenzó a desdibujarse durante esta temporada. A falta de 13 fechas para el final de la fase regular, el "Santo" ganó apenas cuatro de los 11 partidos disputados como local, empató cinco y perdió dos. Son 17 puntos sobre 33 posibles, un rendimiento que ayuda a explicar por qué hoy se encuentra fuera de los puestos de Reducido.

Los números reflejan una realidad preocupante. San Martín dejó escapar 16 puntos en su cancha, una cifra demasiado elevada para un equipo que fue diseñado para pelear el ascenso. Los empates frente a Patronato, Deportivo Maipú, Chacarita, Quilmes y Tristán Suárez, sumados a la agónica derrota contra Temperley, terminaron pesando tanto como las caídas sufridas fuera de casa. Si hubiera logrado imponer condiciones en su estadio, hoy estaría mucho más cerca de los primeros puestos de la zona B.

La pérdida de fortaleza comenzó a advertirse desde el inicio del torneo. En el debut frente a Patronato, el equipo dominó durante largos pasajes, tuvo el control de la pelota y buscó imponer condiciones, pero nunca encontró los caminos para romper el cero. Aquella igualdad dejó una sensación de oportunidad desperdiciada, aunque entonces parecía apenas un tropiezo aislado. Con el correr de las fechas quedó claro que no lo era.

La historia se repitió una y otra vez. Hubo partidos en los que San Martín fue superior desde el juego, otros en los que acumuló situaciones claras y también encuentros en los que mereció mejor suerte. Sin embargo, casi siempre terminó pagando caro la falta de eficacia para convertir o alguna desatención defensiva. El caso más representativo fue el duelo frente a Temperley. Después de alcanzar el empate en tiempo de descuento a través de Mauro Verón, el equipo terminó perdiendo en la última jugada del partido, un golpe que dejó al plantel, al cuerpo técnico y a los hinchas con la sensación de haber desperdiciado una oportunidad inmejorable.

Una acumulación de causas

Explicar este presente únicamente desde los resultados sería simplificar demasiado un problema mucho más amplio. Durante buena parte de la temporada, San Martín convivió con lesiones importantes, como la de Alan Cisnero o las de Kevin López y Lautaro Ovando, que atravesaban su mejor momento cuando sufrieron la rotura de ligamentos cruzados. También hubo cambios permanentes en el “11” titular, una profunda renovación del plantel durante el mercado de invierno y dos entrenadores con ideas diferentes, factores que impidieron consolidar una identidad futbolística.

A eso se sumó una constante que atravesó tanto el ciclo de Andrés Yllana como el de Alejandro Orfila: la falta de contundencia. En numerosos partidos el equipo necesitó generar varias situaciones para convertir un gol, mientras que los rivales aprovecharon prácticamente cada error defensivo. Esa diferencia de eficacia terminó explicando muchos de los puntos que quedaron en el camino, especialmente en La Ciudadela.

El respaldo al equipo

La pérdida de fortaleza tampoco puede analizarse únicamente desde lo futbolístico. A diferencia de otras temporadas, La Ciudadela dejó de mostrar el mismo marco que supo distinguirla durante los últimos años. La frustración por la final perdida por el ascenso en 2024 y las eliminaciones en el Reducido los años posteriores provocaron un lógico desgaste en una parte de los hinchas, que dejaron de acompañar con la misma masividad. A ese desencanto también se sumó el complejo contexto económico, que obligó a muchos fanáticos a priorizar otros gastos y redujo la concurrencia en varios encuentros. Sin ese respaldo constante desde las tribunas, San Martín también perdió uno de los factores que históricamente potenciaban su rendimiento como local.

Cuando asumió, Orfila dejó en claro cuál era uno de sus principales objetivos. En sus primeras declaraciones públicas expresó su deseo de volver a ver "La Ciudadela explotada" y remarcó que el equipo debía recuperar la fortaleza en casa para transformarse en un verdadero candidato. Durante sus primeros encuentros pareció lograrlo. La goleada por 3 a 0 sobre Almagro renovó la ilusión y alimentó la expectativa de un cambio de rumbo. Sin embargo, la derrota contra Temperley volvió a instalar las dudas.

El desafío para lo que se viene

Ahora el panorama es claro. San Martín necesita volver a ganar para regresar a la zona de Reducido, pero también reconstruir una fortaleza que durante años fue uno de los pilares de sus mejores campañas. Los próximos partidos en La Ciudadela, frente a San Martín de San Juan y Deportivo Madryn, aparecen como una oportunidad para comenzar a revertir esa tendencia.

El desafío excede los tres puntos. El equipo necesita reencontrarse con un escenario que supo transformarse en un aliado decisivo y que hoy ya no marca la misma diferencia. Recuperar la confianza, mejorar la eficacia y volver a generar una conexión plena con su gente aparecen como objetivos tan importantes como cualquier ajuste táctico. Porque si San Martín pretende volver a pelear por el ascenso, deberá convertir otra vez a La Ciudadela en el fortín que alguna vez fue.

Comentarios