Cartas de lectores: Cuando los grandes constructores parten

Hace 4 Hs

Hay hombres que levantan monumentos de piedra. Otros edifican instituciones. Los primeros desafían al tiempo; los segundos cambian la historia. Con la partida de Horacio Muratore, Tucumán pierde a uno de sus hijos más ilustres y el deporte argentino despide a un dirigente cuya influencia trascendió largamente las fronteras de una cancha de básquet. Su nombre quedará unido para siempre a una época inolvidable. Mientras la Generación Dorada maravillaba al mundo con su talento, detrás de aquella hazaña existía también la tarea silenciosa de quienes organizaron, planificaron y sostuvieron una estructura capaz de acompañar a esos extraordinarios deportistas. Horacio Muratore fue uno de esos arquitectos invisibles. Desde Tucumán llegó a conducir la Confederación Argentina de Básquetbol y más tarde alcanzó la presidencia de la FIBA, convirtiéndose en el único argentino en ocupar semejante responsabilidad. No buscó el protagonismo personal; eligió el camino más difícil: fortalecer las instituciones para que las personas pudieran crecer. Los pueblos suelen recordar a quienes convierten un gol, levantan una copa o baten un récord. Con menos frecuencia recuerdan a quienes hicieron posible que todo eso ocurriera. Sin embargo, la historia verdadera siempre termina haciendo justicia. Hoy el básquet argentino pierde a un dirigente excepcional, pero Tucumán conserva el orgullo de haber dado al mundo un hombre que entendió que el liderazgo no consiste en ocupar un cargo, sino en dejar una obra. Desde la serenidad de nuestras montañas tafinistas, donde el tiempo parece enseñar que toda vida encuentra su verdadera medida en el servicio a los demás, elevamos una oración por su descanso eterno y nuestro respeto a su familia, a sus amigos y, muy especialmente, a Ramiro Muratore, destinatario de estas palabras, para quien hacemos llegar un abrazo fraterno y nuestras más sinceras condolencias en este momento de profundo dolor. Porque los hombres pasan. Las obras permanecen. Y cuando una obra fue construida con honestidad, esfuerzo y visión, deja de pertenecer a una persona para transformarse en patrimonio de un pueblo.

Jorge Bernabé Lobo Aragón  

jorgeloboaragon@gmail.com

Tamaño texto
Comentarios
Comentarios