Resumen para apurados
- Una pareja franco-argentina celebró el Día de la Bastilla este 14 de julio en Tafí del Valle, Tucumán, para honrar la libertad y sus raíces culturales compartidas.
- Juan y Fabienne se conocieron en un aeropuerto y hoy manejan una posada. Celebraron la fecha patria con sidra artesanal mientras veían la eliminación de Francia ante España.
- Este festejo destaca la interculturalidad en los valles. Sus reflexiones aportan una mirada crítica sobre la libertad y el desarrollo socioeconómico en la región.
El sol caliente de la tarde taficeña quema la cara, pero adentro de la posada Inti Watana el ambiente es armoniosamente cálido. Sobre la mesa hay agua fresca, nueces de la casa y una promesa de sidra orgánica artesanal que ellos mismos elaboran. En la pantalla, España y Francia se juegan la vida en el Mundial. Es 14 de julio, el Día de la Toma de la Bastilla, pero a miles de kilómetros de los Campos Elíseos, la fecha patria se vive con acento tucumano, un mate invisible y el corazón partido en dos.
Porque en esa posada que funciona como una pequeña casa de huéspedes viven y trabajan Juan Concha Lozano (72 años), un tucumano de alma que pasó un cuarto de siglo en tierras galas, y Fabienne Nouvelot (60), una francesa nómada que nació en África y terminó encontrando su hogar en los cerros de Tucumán.
Un amor de aeropuerto
La historia de cómo sus vidas se cruzaron parece el guion de una comedia romántica europea. “Nos conocimos en Madrid”, recuerda Juan con una sonrisa. Fabienne se suma rápidamente al recuerdo. “Con mi hermana gemela estábamos haciendo fila para tomar el mismo vuelo que iba a Buenos Aires, donde íbamos a empezar un viaje largo por América del Sur”, cuenta.
Juan, que volvía de vacaciones a Tucumán para pasar las fiestas de diciembre con su familia, vio a las dos jóvenes idénticas en la fila. “Como hablaban perfectamente español, les pregunté si eran de Buenos Aires y me dijeron: ‘No, somos francesas’. Nos hicimos amigos mientras esperábamos las conexiones de los aviones y, como soy porteño de nacimiento, les ofrecí mostrarles el centro de Buenos Aires. Ellas aceptaron”, relata.
La gran ironía del destino llegó después: en Francia, Juan vivía en Grenoble y Fabienne en Lyon, a tan solo una hora de tren de distancia. Sin embargo, tuvo que ser una fila de embarque en España la que los uniera para siempre. Desde ese momento, el viaje mochilero de Fabienne por el desierto de Atacama y Ecuador tomó un desvío definitivo hacia los Valles Calchaquíes.
La Revolución
La historia de amor vuelve a quedar a un lado para discutir de efemérides. Para Juan, el 14 de julio no es solo un feriado en el calendario de su esposa. Haber sido agricultor en ambos lados del Atlántico le da una perspectiva única, y casi visceral, sobre aquel evento clave en la Revolución de 1789.
“Yo admiro profundamente la historia de Francia”, explica con la mirada puesta en el televisor, pero la mente en la entrevista con LA GACETA. “El 14 de julio se termina el absolutismo monárquico y también los impuestos abusivos y la usura que la nobleza les cobraba a todos los productores para dejarlos trabajar la tierra”, sostiene.
La comparación con la realidad argentina surge sin esfuerzo. Juan habla desde la experiencia de haber intentado producir en su propia provincia, chocando contra las estructuras feudales del arrendamiento.
“He sido agricultor aquí, en la Argentina, arrendando tierras a grandes estancieros para poder producir. Una vez me exigieron construir un galpón como pago del arriendo, pero pretendían que les hiciera casi un Palacio de Buckingham en medio de Tafí del Valle. Al final me terminé yendo porque no había más tierras disponibles para trabajar de manera justa. Por eso digo que a la Argentina no le hubiese venido nada mal una pequeña ‘Revolución Francesa’ en su historia. No habría tantos terratenientes y habríamos desarrollado mucho más nuestra economía”, asegura.
Para él, el paralelismo entre el 14 de julio francés y el 9 de julio argentino se resume en una sola palabra: libertad. “La libertad de los pueblos, que es el valor más esencial para el buen vivir”, sentencia. "Este año hubo 25 naciones invitadas a participar de las celebraciones", agrega Fabienne. "Los franceses, y yo también, pensamos mucho en el valor de la libertad, pero sobre todo en la importancia de trabajar por la paz".
Rivalidades
Mientras el partido avanza y España empieza a dominar el juego, la conversación deriva inevitablemente hacia el fútbol, el Mundial y la eterna comparación de sus figuras. Juan asegura que a balanza entre Lionel Messi y Kylian Mbappé no admite discusión, pese a que su corazón se divide entre Argentina y Francia. “Los dos son muy buenos jugadores, pero para mí Messi es un grande. Tiene una trayectoria con todos los galardones posibles que puedas imaginar, cosas que Mbappé todavía no tiene. Además, Messi es más humano, es un muy buen capitán”, justifica.
La charla también toca una de las fibras más complejas de la sociedad francesa. La selección de Francia, campeona del mundo en 2018 y finalista en 2022, suele ser presentada en Europa como el máximo ejemplo de integración multicultural. Sin embargo, Juan, que conoce de cerca los suburbios y la realidad de los inmigrantes del norte de África, desmitifica esa imagen.
“La selección no siempre representa el día a día del ciudadano común. Al tener tantas excolonias, el equipo es lógicamente multirracial, pero la realidad social es mucho más compleja. Hay generaciones nacidas en Francia que, lamentablemente, viven medio guetizadas… Si te llamás ‘Mohammed’ en Francia, a veces es más difícil conseguir trabajo”, cuenta.
El corazón partido
Cuando el partido termina y se consuma la eliminación de Francia ante una España implacable, no hay drama en la posada de Tafí. Fabienne ya lo había advertido minutos antes, con la sabiduría de quien ha vivido en tantos países que ya no cree en las fronteras de una camiseta. “No me voy a poner triste. Mañana juega Argentina. Todavía me queda una ficha más”, dice con una sonrisa, sintiéndose una más de estos pagos.
Afuera, la tarde tucumana empieza a caer sobre Tafí del Valle. Adentro todavía queda el calor de una charla que comienza a refrescarse con una sidra riquísima, que dejó de ser una promesa para convertirse en realidad.
Y así, una tarde futbolera como cualquier otra, un cálido encuentro unió a una pareja apasionada por agasajar a sus huéspedes con un camarógrafo y un periodista empecinados en dejarse llevar por la curiosidad. Una tarde inolvidable que demostró que, a veces, las revoluciones, los mundiales y los grandes amores se explican mejor cuando se miran desde la paz de los cerros.







