Sonidos que acompañan

Casi como las campanadas de un reloj. Pero no son. Ni suenan de ese modo. Pero, sí tienen la precisa puntualidad de un reloj, de esos con péndulos. Cuando debajo de la puerta de entrada de mi casa se desliza un ejemplar de LA GACETA (en realidad es el “gacetero” el que la deja todos los días, llueve o truene, a la misma hora, a las 7) desde mi dormitorio escucho ese deslizar sobre el piso del diario. Ese ssszzzsss, casi una musiquita, esperada. Tempranera, la llamaría, como nombre de zamba. Tucumana, elegante, cadenciosa y pausada.

Hace 6 Hs

Por Carlos Duguech

Para LA GACETA - TUCUMÁN

Otro sonido, tan mañanero o tempranero como el que me avisa “Ya llegué. Firmado… LG”, es el que se produce al dar vueltas y vueltas al diario buscando algún título que espero. Entonces las páginas, grandes como me gustan (no tabloide), se suceden casi como con un chasquido armonioso, en abanico que se va abriendo. Y descubro: todas suenan igual. Hasta la que finalmente busco, con los brazos abiertos. Y aquí va un mensaje para los editores. Que LA GACETA Literaria no se incluya en el pliego de “Clasificados”. Mejor suelta, por la prosapia de su historia.

Claro, la pila de “gacetas” va creciendo en la semana y cuando se engrosa pasa a formar parte de la reserva “para todo uso”. Para envolver paltas verdes y así lograr su quieta maduración. O para envolver el ramo de rosas ya amortiguadas de la semana pasada que sacamos del florero, cumplido que fuera el ritual de adornar por unos días. Y de perfumar, además, si el ramo es de jazmines. En ese envolver hay otro familiar sonido. Complace que las hojas de LG contribuyan a esa mínima gestión con tanta docilidad y disposición. Por cierto que las noticias malas de las guerras y las buenas de los logros de la gente, de los artistas, de los escritores, de las personas sabias que expresan verdades nuevas y esperanzadoras y las incomprensibles de los políticos desde la vereda o desde sus funciones en el gobierno, que el diario patentiza, no pierden vigencia. No la pierden -en rigor- aunque el papel que las informa se vuelva “papel de diario” para envolturas.

Y los vidrios de las ventanas o el que cubre la mesa del comedor no podrán hallar otro material más noble -y sin costo- que hojas de LG conformando un “bollo” (linda palabra) que humedecemos para el brillo limpio a su paso. Ahí sí claudica el sonido del papel con el agua que lo humedece y se llama a silencio, dócil materia, pasta de papel otra vez con la tinta de las noticias. De todas, de las malas y de las esperanzadas.

Y el asado, ¡cuándo no! y con el fuego, esa gestión ardua de no siempre logrados aciertos en los primeros intentos. Nada como un buen manojo de gacetas ya leídas y estrujadas y en amable sonido en nuestras manos para iniciar el “incendio controlado”. Ese que arde abundante hasta contaminar de fuego los carbones que, finalmente, alcanzan a ser brasas en gestión avanzada.

Recuerdo que cuando mi medio de transporte era la motocicleta –tiempo de juventud- nada como hojas de gaceta para interponer entre la campera y la camisa, para el abrigo del aire de los inviernos en las mañanas. Claro que el sonido no semejaba al de un buen pullover de lana pero atajaba el frío y el viento esos papeles eficientes.

¿Y el de LA GACETA Literaria? Esas hojas sí que no tienen otro destino que engrosar el archivo. ¿Cómo imaginar que pueda encender el fuego del asado con sus dobles páginas de poesía, literatura, filosofía, ciencia..?. ¿Cómo?

¿O que las estruje en ese “bollo” para limpiar cristales?

Aunque, me estoy dejando tentar por encender el fuego con las hojas de LGL. Intuyo que las llamas y el humo dibujarán el espíritu de libertad y goce que las anima y las sostiene. Tal vez lo experimente. No sé, todavía, cuándo. Podría ser cuando consiga una GL repetida.

That is the question.

© LA GACETA

Carlos Duguech – Escritor y analista internacional.

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