Resumen para apurados
- Analistas deportivos desmitifican actualmente en Argentina las teorías de conspiración sobre favores de la FIFA a la Selección, demostrando su superioridad con datos del Mundial.
- Críticas de ayuda en Qatar 2022 y el torneo actual chocan con datos oficiales de posesión, remates y efectividad que justifican los triunfos deportivos ante rivales como Egipto.
- El análisis cuantitativo resalta que el éxito de Argentina depende de su propuesta ofensiva. De cara al cruce con Suiza, mantener esta actitud determinará su futuro en el torneo.
Muchas actividades humanas levantan polémicas y más cuando intervienen pasiones, como en el fútbol. Peor si se mezclan pasión, dinero y política.
Un ejemplo fue el de las copas de 1930 en Uruguay y 1934 en Italia. Hubo cuatro futbolistas que jugaron para la selección argentina en 1930 y para la italiana en 1934: Atilio Demaría, Enrique Guaita, Luis Monti y Raimundo Orsi. De ellos, Monti jugó ambas finales y en declaraciones muy posteriores destacó el clima de los cotejos; en 1930, la presión de la rivalidad rioplatense, en 1934 la importancia que la Italia fascista le daba a los sucesos de masas. Entonces, según dijo, en 1930 les aclararon que si ganaban no salían vivos, y en 1934 que si no ganaban no salían vivos.
Pero dejando de lado versiones o interpretaciones, con la combinación que sea de los tres factores mencionados al comienzo, vayan algunos recuerdos y datos para aclarar la situación de la selección de la AFA en el actual Mundial.
Arrastra el equipo la acusación de haber sido favorecido en la Copa de Qatar 2022, pero eso olvida que comenzó perdiendo dos a uno con Arabia Saudita en un partido en el que le anularon tres goles. Por cierto, Argentina iba ganando, de modo que Arabia remontó y dio vuelta el encuentro. También olvida que contra Holanda la Argentina ganaba dos a cero y los holandeses lo empataron en el minuto once de tiempo agregado, o que en plena final hubo dos penales a favor de Francia, combinado que remontó un dos a cero en contra para forzar el alargue. Y los goles franceses en tiempo regular fueron en los minutos 80 y 81. Extraña manera de ayudar, la de la FIFA.
En cuanto al Mundial presente, primero un detalle: Bélgica también remontó un partido en una ráfaga de pocos minutos cuando empató dos a dos en tiempo reglamentario con Senegal (minutos 86 y 89) para vencerlo tres a dos en el suplementario.
Pero sobre números: según datos de la FIFA completados los partidos de octavos, Argentina y Francia compartían el primer puesto en goles con catorce cada una. Egipto ocupaba la posición 16, con ocho tantos. Antes del duelo del martes pasado eran once y seis. Por su parte, Argentina tenía 76 remates computados como intentos de gol (posición siete), mientras que Egipto 67 (puesto trece). Tiros efectivamente hacia el arco, Argentina 34 (segundo en todo el Mundial), Egipto 19 (puesto 18). La relación entre tiros bien dirigidos y tiros en general fue de 44,74 por ciento para Argentina y 28,36 para Egipto, mientras que la efectividad de los tiros dentro de los tres palos fue 41,18 Argentina y 42,10 Egipto.
Ahora bien, en el partido entre ambos equipos Argentina tuvo una posesión del 64 por ciento (Egipto 36), realizó 19 remates contra cinco de Egipto y efectivos al arco fueron siete por Argentina contra dos de Egipto, además de seis tiros de esquina para Argentina y sólo uno para Egipto. Es decir, de los números en general surge que el triunfo argentino no fue algo extraño. Tampoco inevitable, pero si acorde a los antecedentes inmediatos. Y lo mismo vale para el partido. Sí, Egipto fue mucho más eficiente que Argentina: cien por cien en tiros a los tres palos versus 42,85 por ciento. Pero Argentina atacó mucho más. Alguien con ciento por ciento de aciertos puede perder contra otro con diez por ciento si el primero hace un solo tiro y el segundo hace 20. Algo así ocurrió el martes: Egipto no atacó ni defendió lo suficiente.
¿Se hablaría distinto del partido si los tres goles argentinos hubieran estado distribuidos en los 90 minutos en vez de concentrados en trece? Vaya uno a saber. Lo que sí es claro es que las ráfagas de remontada no son raras.
¿Asegura lo anterior algo para el encuentro del próximo sábado? No. Pero téngase en cuenta que Suiza llega con nueve goles, posición trece en el total, con 63 remates en general (puesto quince) y 25 a los tres palos (puesto once), o sea 36 por ciento de eficiencia. Argentina luce mejor, pero para hacer goles hay que intentarlo. Quedar afuera del Mundial o continuar son resultados perfectamente factibles.
Por último, los números no desmienten posibles arreglos pero los hacen ver como innecesarios. Tiempos de posesión o cantidad de remates no son consecuencias de favoritismo sino de actitud de los equipos. Simplemente Argentina intentó más que casi todos los otros. Como decía Carl Sagan (con perdón por la referencia en este contexto), afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias. Y no aparecen en las acusaciones mundialistas.







