Tres campeones del mundo comieron un asado preparado por una familia tucumana en Kansas City
Enzo Fernández, Lautaro Martínez y Lisandro Martínez compartieron una cena privada junto a sus familias durante su día libre. El menú fue preparado por el restaurante que se convirtió en punto de encuentro de los argentinos.
Resumen para apurados
- Los campeones Enzo Fernández, Lautaro y Lisandro Martínez compartieron un asado familiar en Kansas City durante su día libre en el Mundial 2026.
- La cena privada fue preparada por una familia tucumana dueña de un restaurante que se consolidó como el principal punto de encuentro para los argentinos en esa ciudad.
- Este encuentro resalta el fuerte lazo de la selección con la comunidad de hinchas en el exterior, reforzando la identidad nacional y el apoyo al plantel durante el torneo.
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A las ocho de la noche, Isolina de la Vega recibió un mensaje de WhatsApp que la sorprendió. Le escribía una de las familiares de los campeones del mundo con un pedido inesperado: necesitaban comida para cenar esa misma noche en Kansas City. “¿Tenés empanadas?”, le preguntó. Había poco tiempo para preparar: la comida para 25 personas debía estar lista en 45 minutos.
“Nos llamaron como a las ocho de la noche para comer a las nueve, nueve y pico. Nosotros ya no teníamos stock de nada, solo cortes de carne”, cuenta Isolina en una entrevista con LA GACETA.
A sus espaldas está la caja registradora de Los Hornos, el restaurante argentino que durante los últimos días se convirtió en una parada obligada para los hinchas que llegaron a la ciudad por el Mundial. La demanda fue tan alta que incluso ayer no pudieron abrir porque se quedaron sin empanadas.
Isolina y su esposo, Darío Jerez Leavy, no dudaron. Junto a los padres de ella, Eulogia Juez Pérez y Pablo de la Vega, y a sus hermanos Pablo y Evaristo, comenzaron a organizar una cena que terminaría convirtiéndose en una experiencia inolvidable. Horas después estaban ingresando al hotel para participar de una de las reuniones más íntimas del mundo albiceleste: un encuentro familiar durante la jornada libre del plantel.
“Estuvimos en el hotel donde estaban todas las familias de los jugadores. Nos separaron un salón privado para ellos. Les preparamos las mesas, les servimos la comida y después nos fuimos para que disfrutaran tranquilos”, relata.
Entre los asistentes estuvieron tres campeones del mundo: Enzo Fernández, Lautaro Martínez y Lisandro Martínez. “La verdad que fue muy loco porque no es solamente llegar a la Selección, sino entrar en la intimidad de sus familias. Era el día libre de ellos y estaban celebrando con sus esposas, sus hijos y sus padres. Nos recibieron como si fuésemos uno más. La humildad que tienen todos es admirable”, destaca.
La cena tuvo el sello de cualquier reunión familiar argentina: una parrillada completa. “Les servimos asado, chorizo, morcilla, chinchulín, picaña, colita de cuadril y entraña”, detalla Isolina. Antes de despedirse, los campeones del mundo se tomaron fotos y les firmaron camisetas.
La historia detrás del bar
Isolina forma parte de una familia profundamente ligada a la gastronomía tucumana. Sus padres fundaron hace casi cuatro décadas Los Hornos en Tucumán. Con el paso de los años el negocio se convirtió en una referencia gastronómica de la provincia y terminó cruzando fronteras.
En marzo de 2022, pocos días después de casarse, Isolina y Darío se instalaron en Kansas City en busca de nuevas oportunidades. “Una de las razones por las que nos fuimos fue la inestabilidad económica y la inseguridad. Andábamos todo el día en la calle y decidimos buscar otras opciones para vivir con menos miedo”, explicó Darío a LA GACETA hace unos días.
Abrieron una sucursal del restaurante familiar y comenzaron a ofrecer empanadas, sánguches de milanesa y asados argentinos en una ciudad donde casi nadie conocía esos sabores. El camino no fue fácil. “A nosotros un año después de abrir nos fue muy mal. Por una situación vinculada a la visa y a la inmigración nos fundimos y tuvimos que volver a arrancar de cero”, recuerda ella.
La situación se complicó cuando tuvieron que volver a Argentina para completar trámites migratorios. Lo que se suponía iba a ser una gestión relativamente breve terminó extendiéndose durante nueve meses. “Nos tuvimos que quedar en Argentina y manejamos el negocio a la distancia durante nueve meses. Era todo remoto, con videollamadas, las cámaras del negocio y mucha improvisación”, cuenta, con los ojos húmedos: esos meses dejaron secuelas.
Desde Tucumán supervisaban la actividad cotidiana del restaurante ubicado a más de 8.000 kilómetros de distancia. “La persona que abría el negocio no hablaba inglés y tenía que atender yo por videollamada desde Tucumán”, recuerda. “La verdad que fue una locura. Nos sacó muchos años de vida, pero hoy estamos felices de lo que logramos a pesar de todo eso”, afirma.
La experiencia junto a las familias de los futbolistas se convirtió en uno de los momentos más especiales desde que comenzaron su aventura gastronómica en Estados Unidos. Para Isolina y Darío, la invitación representó también una recompensa después de años de esfuerzo, dificultades migratorias y desafíos empresariales lejos de Argentina.








