Recuerdos fotográficos: “De chico pensaba que Lola era un personaje sólo de mi casa”
En este espacio de “Recuerdos” procuramos revivir el pasado por medio de imágenes que se encuentran guardadas en ese tesoro que es el Archivo de LA GACETA. Esperamos que a ustedes, lectores, los haga reencontrarse con aquellos momentos y que puedan retroalimentar con sus propias memorias esta sección que les brindamos día a día.
El historiador y periodista Carlos Páez de la Torre (h) tuvo una afinidad especial con Lola Mora. En “Lola mora, una existencia de gloria y drama” (LA GACETA, 7/06/2011) resume la significación de esta mujer en la cultura tucumana y del país.
“Sin duda, la obra artística de Lola Mora es admirable. Pero también lo es la energía con que luchó para ganar su lugar en un mundo que manejaban exclusivamente los hombres”, dice. Hay, además, una relación especial del historiador con el singular autorretrato que ella hizo en mármol de Carrara en Roma, presumiblemente en 1899 (no se conoce la fecha). “Utilizando la técnica del nonfinito, Lola Mora hizo surgir su propia cabeza reclinada de un bloque de Carrara sin desbastar, jugando hábilmente con las superficies finamente pulidas por contraste con el mármol virgen. Con los cabellos anudados y chorreando sobre el cuello, el rostro de la joven escultora adquiere una fuerte presencia expresiva”, dicen Páez de la Torre y Celia Terán en la biografía sobre la artista. Hacia 1892, Lola Mora comenzaba sus primeras experiencias en retratos dibujados cuando Alberto León de Soldati, ministro de gobierno, le propuso hacer el suyo. Fue un “trabajo de riguroso parecido realizado en pocas horas”, dijo otro biógrafo, Oscar Félix Haedo. Así comenzó una larga relación. Años después, en Roma, Lola Mora hizo su autorretrato en mármol, que llegó hacia el fin de siglo a casa de Soldati y quedó en propiedad luego de Angelina Soldati de Páez de la Torre. En una entrevista que le hizo La Nación (28/09/1997) a propósito de la biografía de Lola Mora, Páez de la Torre contó de su vínculo con la estatua. Dijo que Alberto de Soldati, pariente por parte de su madre, “quería mucho a Lola Mora y ella también a él. A tal punto que le regaló el busto que hizo de sí misma, y que adornaba mi casa. De chico pensaba que Lola era un personaje sólo de mi casa”.












