Resumen para apurados
- La FIFA dispuso en el Mundial 2026 de Norteamérica que los 26 jugadores de cada selección salgan a la cancha para el himno, con el fin de reconocer a todo el plantel y no solo a los 11.
- La medida surgió de una charla entre Gianni Infantino y Alessandro Del Piero, y se alinea con los cambios recientes del fútbol, donde los suplentes tienen un rol cada vez más activo.
- Esta modificación rompe con una tradición histórica de los mundiales y revaloriza el esfuerzo colectivo, dándole visibilidad global en televisión a todos los futbolistas convocados.
Antes de que la pelota empiece a rodar hay un momento en el que todo parece detenerse. Los estadios se llenan de silencio, las cámaras buscan rostros emocionados y miles de futbolistas contienen las lágrimas mientras suena la melodía que los acompañó desde chicos. El himno nacional siempre fue uno de los rituales más simbólicos de una Copa del Mundo, pero en 2026 cambió para siempre.
Por primera vez en la historia de un Mundial masculino, los 26 integrantes de cada plantel salen al campo y participan de la ceremonia previa al partido. Ya no son solo los 11 titulares quienes se alinean frente a la tribuna principal: ahora también lo hacen los suplentes, que comparten ese instante con el resto de sus compañeros antes del pitazo inicial.
La modificación puede parecer menor, pero es una de las novedades más visibles que dejó el inicio de la Copa del Mundo organizada por Estados Unidos, México y Canadá.
Y, curiosamente, no nació en una reunión de marketing ni en una comisión técnica de la FIFA.
La idea surgió durante una conversación privada entre el presidente del organismo, Gianni Infantino, y el exfutbolista italiano Alessandro Del Piero, campeón del mundo en Alemania 2006. Según contó el propio dirigente, el histórico delantero le planteó una inquietud sencilla: si todos forman parte del equipo, ¿por qué solo los titulares viven ese momento tan especial?
La reflexión no era casual
Del Piero conoce mejor que nadie el valor que puede tener un suplente en una Copa del Mundo. En la semifinal de Alemania 2006 ingresó desde el banco y marcó uno de los goles más recordados en la victoria sobre el local. Días después volvió a entrar en la final frente a Francia y convirtió uno de los penales que le dieron a Italia su cuarto título mundial.
Quizás por esa experiencia entendía que la historia de un torneo no pertenece únicamente a quienes arrancan jugando.
Infantino tomó la sugerencia y la llevó a discusión con entrenadores, exjugadores y dirigentes. La respuesta fue unánime: todos coincidieron en que era una buena idea. “Somos todos parte del mismo equipo”, resumió el presidente de la FIFA al explicar el origen de la iniciativa.
El cambio también responde a una transformación que experimentó el propio fútbol en los últimos años. Con cinco sustituciones permitidas durante los partidos -e incluso una sexta en caso de prórroga en determinadas competencias- resulta cada vez más habitual que intervenga una gran parte del plantel.
En un Mundial de 26 convocados, la línea que separa a titulares y suplentes es cada vez más difusa.
La ceremonia del himno intenta reflejar esa realidad.
Las imágenes de los primeros partidos ya mostraron escenas diferentes. Filas mucho más extensas, grupos completos abrazados mientras suenan las estrofas nacionales y futbolistas que, aun sabiendo que probablemente no ingresarán al campo, viven el protocolo con la misma emoción que quienes comenzarán el encuentro.
También cambia la postal para los hinchas.
Muchos seguidores viajan miles de kilómetros para ver a un futbolista específico que tal vez no sea titular. Hasta ahora, ni siquiera aparecía durante la ceremonia inicial. Desde este Mundial, todos los integrantes del plantel tienen su lugar en uno de los momentos más televisados del partido.
La decisión, además, pone en valor un aspecto pocas veces mencionado: detrás de los 11 que empiezan jugando hay otros 15 futbolistas que entrenan durante semanas, ayudan a preparar los partidos y muchas veces terminan siendo decisivos cuando llega el momento de entrar.
En una Copa del Mundo que ya hizo historia por ampliar la cantidad de selecciones participantes y por organizarse en tres países diferentes, también encontró espacio para modificar una tradición que parecía inalterable. Y lo hizo con un gesto sencillo: recordar que, antes de los goles, las figuras y los resultados, un Mundial también se construye con quienes esperan su oportunidad desde el banco.







