Diario de viaje: la valija equivocada y el último abrazo argentino

La cobertura mundialista empezó mucho antes de llegar a Estados Unidos: nervios, poco sueño, una confusión en Aeroparque y una dosis inesperada de argentinidad marcaron las primeras horas del viaje.

Diario de viaje: la valija equivocada y el último abrazo argentino
Bruno Farano
Por Bruno Farano Hace 1 Hs

Resumen para apurados

  • Los periodistas Bruno Farano y Matías Auad partieron este jueves desde Argentina hacia Estados Unidos para iniciar la cobertura periodística de la Copa del Mundo 2026.
  • Tras meses de preparación, los cronistas vivieron las primeras anécdotas del viaje en Buenos Aires, superando una confusión de equipaje y un emotivo traslado hacia el hotel.
  • Esta bitácora marca el inicio de la cobertura del Mundial más grande de la historia, buscando conectar a la audiencia con el evento deportivo y la identidad cultural nacional.
Resumen generado con IA

Todavía no vimos una cancha, aún no escuchamos un himno y ni siquiera había comenzado a rodar la pelota; pero para nosotros el Mundial 2026 empezó en la madrugada de este jueves. Incluso mucho antes de subir al avión.

Ansiedad, nervios, emoción, felicidad y mucho más. Durante las últimas horas fue difícil identificar qué sensación predominaba; tal vez porque convivían todas al mismo tiempo. Después de meses de preparación, de reuniones, de acreditaciones, de reservas, de trámites y de planificación, finalmente llegó el momento de partir.

Dormimos poco, apenas un par de horas. Y como suele ocurrir cuando uno espera algo durante demasiado tiempo, tampoco pudimos recuperar el sueño arriba del avión. Ni Matías Auad (mi compañero en esta travesía) ni yo logramos pegar un ojo. Mientras el resto de los pasajeros parecía entregarse a la rutina de un vuelo más, nosotros seguíamos atrapados en esa mezcla extraña de entusiasmo y responsabilidad que genera una cobertura de esta magnitud. Sí; la cabeza viajaba más rápido que el avión.

Sin embargo, la primera anécdota del Mundial no ocurrió en Estados Unidos, sino en una cinta de equipajes de Aeroparque.

Antes de salir de Tucumán me ofrecieron despachar sin costo el carry-on junto con la valija principal. Acepté sin imaginar que unas horas después estaría a punto de llevarme el equipaje de otra persona.

Cuando comenzaron a aparecer las valijas, vi una que parecía la mía. Misma marca, mismo color, mismo tamaño e incluso mismos detalles. Absolutamente idéntica.

La levanté convencido de que era la correcta, pero al toque revisé el código. No coincidía. Inmediatamente después apareció mi otra valija; aparecieron las de Matías, pasaron más equipajes y cada vez quedaban menos pasajeros esperando.

Durante unos segundos pensé que tal vez me estaba equivocando. Que quizás la mía era esa después de todo y que el error podía estar en otro lado. Pero algo no me cerraba. La abrí apenas unos centímetros y efectivamente me di cuenta que no era la mía.

La cerré rápidamente, la devolví a la cinta y apenas unos segundos después apareció mi verdadero equipaje encabezando el último grupo de valijas que salía por la cinta. Sí; mi Mundial estuvo a nada de comenzar con una valija ajena, pero la historia más linda del día llegó un rato después.

Existe una teoría bastante difundida entre quienes viven o viajaron durante mucho tiempo al exterior. Dicen que una de las cosas que más se extrañan de Argentina es la cercanía de su gente y la facilidad para iniciar una conversación. Esa costumbre tan nuestra de hablar con desconocidos como si los conociéramos desde hace años.

Y a pocas horas de dejar el país, el destino decidió regalarnos una última muestra de eso.

Roberto, el conductor del Uber que nos llevó al hotel parecía tener la misión de resumir la Argentina en un solo viaje. No dejó tema sin tocar.

Habló de seguridad, de manejo, de medicina, de fútbol, del Mundial, de la pobreza, de los cambios tecnológicos, de cómo ayudar a una persona que olvida algo en un vehículo, de los regionalismos, y seguramente de varios temas más que ahora mismo ya olvidé. Fueron apenas unos minutos, pero parecieron horas, no había forma de desactivarlo.

Cuando llegamos al hotel y nuestros oídos pedían una tregua, entendí que aquel viaje había sido mucho más que un traslado. Había sido una despedida.

Dentro de unas horas estaremos rumbo a Estados Unidos para cubrir el Mundial más grande de la historia. Nos esperan ciudades nuevas, estadios gigantes, culturas distintas y miles de historias por contar.

Pero antes de cruzar la frontera, Argentina nos dejó un último recuerdo; una conversación interminable con un desconocido, y la sensación de que, por más lejos que nos lleve este viaje, siempre habrá algo de nuestro país viajando con nosotros.

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