Resumen para apurados
- A horas del Mundial 2026, el gobierno de México activó un megaoperativo de seguridad en las sedes del torneo para garantizar la paz de los millones de visitantes esperados.
- El Plan Kukulkán, con 100.000 efectivos, se implementa tras la ola de violencia por la muerte del líder del cartel CJNG y recientes protestas sociales en el país.
- Aunque la FIFA y la presidenta Sheinbaum descartan riesgos, el masivo despliegue militar genera opiniones divididas entre el turismo y redefine el control de grandes eventos.
A horas del inicio del Mundial 2026, México se declara listo para garantizar la seguridad de uno de los eventos deportivos más importantes del planeta. El país, que será anfitrión por tercera vez en la historia junto a Estados Unidos y Canadá, espera la llegada de más de cinco millones de visitantes. La magnitud del evento no es ajena para una nación acostumbrada a recibir millones de turistas cada año y a organizar espectáculos internacionales de gran escala, desde la Fórmula 1 hasta conciertos multitudinarios.
“Hay experiencia en el manejo de multitudes y en la organización de eventos de este tipo. Hay confianza”, aseguró a la prensa de ese país el jefe policial de la capital mexicana, Pablo Vázquez, al referirse a los preparativos.
Sin embargo, el contexto reciente agrega un componente de preocupación. El Mundial se celebrará apenas tres meses y medio después de un operativo militar que derivó en la muerte de Nemesio “El Mencho” Oseguera, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). La ofensiva desató una ola de violencia en al menos 20 estados, con bloqueos, incendios de vehículos y cierre de comercios, lo que encendió alarmas sobre la capacidad de respuesta ante posibles escenarios similares.
Aunque las autoridades descartan riesgos para el torneo, el recuerdo de esos episodios sigue presente, especialmente en ciudades como Guadalajara, una de las sedes mundialistas y zona de influencia del CJNG.
A este panorama se suman las protestas sociales que marcaron los días previos al inicio de la competencia. Movilizaciones de docentes y otros colectivos derivaron en cortes de rutas y complicaciones en el tránsito, obligando incluso a reforzar la seguridad en puntos clave como el Zócalo capitalino, donde se instalará uno de los principales espacios para fanáticos.
La presidenta Claudia Sheinbaum intentó llevar tranquilidad al asegurar que el evento se desarrollará “en paz y sin contratiempos”. “No hay ningún riesgo para los visitantes”, afirmó, al tiempo que garantizó un operativo especial para la inauguración.
El despliegue de seguridad será uno de los más importantes de los últimos años. Bajo el denominado Plan Kukulkán, cerca de 100.000 efectivos -entre militares, policías y personal privado- estarán abocados a tareas de prevención, vigilancia y respuesta ante emergencias.
En las calles, la presencia policial ya es visible. Barrios turísticos como Roma y Condesa cuentan con patrullajes reforzados, mientras que en el centro histórico se incrementaron los operativos con unidades antimotines. La imagen genera sensaciones encontradas: mientras algunos visitantes valoran la seguridad, otros perciben un clima inusual.
“Es extraño ver tantos policías”, comentó un turista canadiense en el centro de la capital. En contraste, residentes locales consideran que el despliegue es parte de la normalidad frente a eventos de esta magnitud.
En paralelo, fuerzas especiales afinan sus protocolos. Entrenamientos de élite incluyen simulacros de rescate, control de situaciones críticas y neutralización de amenazas, con el objetivo de garantizar una reacción rápida ante cualquier incidente.
Pese a los desafíos, la FIFA mantiene su respaldo a la organización y confía en la capacidad del país para llevar adelante el torneo sin sobresaltos.












