Un indio y un mundial
La política argentina se acomoda para no alterar las pasiones de la sociedad. La conciencia de Bullrich en una vida pública que discute valores con agresividad y lejos de la moral. Los equipos que se preparan. Las frases que dejó Solari en su siembra por una cultura en soledad.
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Sólo Patricia Bullrich y su conciencia sabrán el porqué decidió decirle no al Presidente de la Nación. Por lo general, a Javier Gerardo Milei le tienen miedo. Lo que es peor, le temen sus propias huestes. El poder tiene esas cosas. Por eso, cuando la saltimbanqui senadora advirtió que no acataría la orden de rechazar el pliego de María Verónica Michelli, descerrajó munición gruesa política y moral. En todo caso, sin decirlo hizo una verónica bailando la misma música que Mieli puso cuando habló de su preocupación por la moral. “Usa su lengua como un sable, mientras se ríe y nos apura”, le hubiera advertido el Indio Solari.
Michelli no tenía ninguna crítica en sus espaldas. Su gran pecado era ser cuñada de un periodista. Pero no de cualquier periodista. El destino la había convertido en familiar de Hugo Alconada Mon, un simple trabajador de prensa que nunca se cansa de curiosear y de preguntar. Tan solo eso. Y esas son las cosas que más le duelen al poder. A los principales responsables de la cosa pública, en cualquier lugar del país, ante las críticas o el señalamiento de errores lo único que se les ocurre es atacar al periodista que las emite. “La vida sin problemas es matar el tiempo a lo bobo”, podría haberle sugerido el Indio al periodista.
Jamás existe la posibilidad de analizar si se equivocaron o si lo que se dijo tiene razón. En este caso particular a Milei y a su troupe se les fue la mano. Tan mal acostumbrados están que ni siquiera revisaron los archivos porque Alconada Mon fue el incómodo zumbido de moscardón para Milei, para Alberto Fernández, para Mauricio Macri, para Cristina Fernández y para muchos otros, sin importar el color político o lo que pudieran pensar.
Es muy posible que en estos tiempos en los que hay un desabastecimiento de los valores que alguna vez engrandecieron a la política, la ex candidata presidencial haya banalizado la objeción de conciencia que esgrimió para oponerse a la orden de Milei y de El Jefe. Para Bullrich tal vez haya sido una forma de disimular su oportunismo político para intervenir en una disputa política que la dejó en un grado de superioridad sobre las principales autoridades del país. Sin embargo, es muy saludable que se haya opuesto. Es algo que no existe en la vida pública. Menos aún en la provincia, donde muchas autoridades carecen de sentido crítico. Antes de tomar una decisión primero se fijan de qué lado está el mandamás al que le rinden pleitesía. Después, están sus conciencias. “No mires por favor, no prendas la luz, la imagen te desfiguró”, les podría haber sugerido Solari a los políticos de hoy.
La objeción de conciencia de Bullrich dejó una señal en esta semana que nunca más volverá porque introdujo un concepto casi olvidado en la política argentina: el límite. No rompió con Milei, pero le recordó al oficialismo que la lealtad no puede exigir la suspensión de la conciencia. “A veces gana, a veces pierde, como todo jugador”, sentenció el Indio alguna vez.
La aguja en el pajar
En estas tierras en las que en el siglo XIX nació Juan Bautista Alberdi, los principales representantes de la política son hijos de la grieta y del desencanto. Se limitan a agredir al otro. Incluso los principales referentes de la política han montado toda una estructura -seguramente, se la puede intuir debajo de esta nota- para controlar, aprobar, y hasta viralizar los agravios y las “ingeniosas” críticas al otro. Toparse con proyectos, ideas, propósito, bosquejos o simplemente ideales es como encontrar una aguja en un pajar. Pensar que cualquier de esas cuestiones se pueden realizar entre políticos que son rivales es simplemente una utopía. “Violencia es mentir”, advirtió el Indio Solari.
Cuando se le consultó por este momento dramático que viven los actores públicos de la Argentina, pensadores como Andrés Malamud no tienen el pesimismo ni el disvalor que transmite quién está escribiendo estás líneas que usted está leyendo. Por el contrario, Malamud le pone un tinte de barniz a la política y habla de romantización de la política. Y, en el acto da el ejemplo de cómo hay groserías que podrían ser imperdonables como no tener ni el coraje ni la altura ni el valor de entregar el bastón de mando a quien le ha ganado en forma legal y transparente. Sin embargo, esas fallas morales no afectan a la democracia argentina que sigue votando y aplaudiendo sucesiones de presidentes sin generar perjuicios. “Incluso Cristina ha sido capaz de regalarle varias horas de presidente a Federico Pinedo”, acotó con humor, pero con sabiduría Malamud en su entrevista en Panorama Tucumano, por LG Play. “Pero yo sé que hay caballos que mueren potros, sin galopar”, podría haber dicho Solari al leer este párrafo.
Es llamativo intentar entender cuando hombres como Jaldo o como Catalán por citar algunos de los cientos de políticos que deciden agredirse y tiran palabras como si fueran trompadas. ¿A quién intentarán seducir? ¿Quiénes querrán que los escuchen? ¿Servirán de algo? Sin dudas, el ejemplo del presidente de la Nación es un gran ejemplo. A él le ha dado resultado. Hay un electorado desencantado con la vida pública que aplaude el discurso de barra brava antes que el de la idea creativa y productiva. “Usa su lengua como un sable, mientras se ríe y nos apura”, insinuó en su momento Solari.
La muerte de Carlos Alberto Solari ha sido un sacudón. La partida del Indio Solari deja una marca en la cultura argentina. Por eso tal vez repercutió de Ushuaia a La Quiaca. No es sólo una cuestión rockera solamente sino también la importancia de subrayar cuestiones que hacen a la vida, a las heridas, a las alegrías y hasta a los cinismos propios de los argentinos. La cultura no es una preocupación central de la política en estos tiempos en los que la única obsesión es frenar una inflación que agujerea los bolsillos, pero que si logra zurcidos terminará dándole el título de campeón al Presidente que la ponga nocaut. Milei baila esa música.
Cabe pensar que el apoteósico adiós al autor de Ji ji ji -canción que alguna vez peleó con Viernes 3 AM por el podio del mejor tema del rock nacional- terminará siendo el arrullo para el duermevela en la que entrará la política argentina. Apenas empiece a ser recuerdo el ídolo musical empezará el murmullo y la euforia del mundial de fútbol. ¿Servirá para que cuando los dirigentes despierten aparezcan otras ideas? “Yo sé que no puedo darte más que un par de promesas”, sentenció el Indio.
Los DT en la cancha
El director técnico del oficialismo tucumano quería llegar al mundial con el equipo titular en condiciones de competir. Por eso Osvaldo Jaldo se preocupó por mostrar que la base está. Para ello tejió de la mejor manera su relación con la intendenta de Capital y con el vicegobernador de la provincia. Para él, Rossana Chahla y Miguel Acevedo son números puestos para la reelección el año que viene. De todos modos, el mandatario provincial no podrá evitar la camarilla que tiene en su plantel. ¿Cómo hará para que en el equipo titular tenga un lugar la dupla Germán Alfaro - Beatriz Avila, que fueron importantes para la clasificación en los partidos de las eliminatorias? Sin embargo, no podrían compartir vestuario ni entrenamientos con Chahla, quien los tiene entre sus archienemigos. No es la única duda del DT que también tendrá que ver qué hacer con Juan Manzur, quien no querrá quedar fuera de un Mundial. “Fíjate de qué lado de la mecha estás”, le podría haber dicho Solari.
La Libertad avanza sin que las fuerzas del cielo hayan descendido a estas tierras para bendecir a Catalán y a su equipo. El ex vicejefe de Gabinete de la Nación se adueñó del liderazgo de la oposición aunque todavía no tiene la lista definitiva para la competencia final, aunque se siente candidato. “Tu esqueleto te trajo hasta aquí”, recita el Indio en “Un ángel para tu soledad”.
En esta semana, el legislador José Saleme ya empezó a mostrar que quiere jugar en las ligas municipales de la Capital y que jugará en el equipo que ponga en la cancha el diputado de la Nación Mariano Campero. El ex intendente de Yerba Buena debe haber entendido que su bastión al pie del cerro tiene movimiento telúricos y la conciencia de Bullrich le debe haber traído algunos dolores de cabeza porque su apoyo a Milei lo dejó con un pie afuera de la Unión Cívica Radical y quedó agarrado de la pollera de la senadora nacional. La política argentina ya dejó en claro que sin un referente nacional, los comicios en las provincias son una pared muy difícil de escalar. “Mordí el anzuelo una vez más, siempre un iluso”, cantó alguna vez el Indio Solari.
La Universidad Nacional de Tucumán y el transporte público de la provincia y de la Capital no podrán dormir durante el Mundial. Siguen encerrados en sus laberintos sin poder encontrar la salida. Simplemente porque sus dirigentes no están a la altura de las circunstancias.
“Poder, placer, poder. Rumores oscuros que confunden la cabeza y perturban a los corazones secos”. Sí, también esta frase la dejó el Indio Solari.







