El mapa visible del liderazgo femenino

Hace 5 Hs

Hay algo que se repite cada vez que se habla de liderazgo femenino: los ejemplos suelen estar lejos. Silicon Valley, Europa, grandes corporaciones, nombres que impresionan pero que también, muchas veces, resultan ajenos. En Tucumán, sin embargo, esas historias están mucho más cerca de lo que parece. No en libros ni en conferencias internacionales, sino en empresas familiares, en locales comerciales, en oficinas en las que se toman decisiones todos los días en contextos complejos. Mujeres que no solo ocupan espacios, sino que los están redefiniendo.

En los últimos encuentros organizados por LA GACETA, ese mapa empezó a hacerse visible. Referentes de distintos sectores compartieron recorridos que no tienen nada de lineal ni de idealizado. En el caso de Mercedes Paz, su paso del deporte de alto rendimiento a la conducción empresarial muestra cómo la disciplina, el error y la adaptación forman parte del mismo proceso. “El liderazgo se ejerce desde el ejemplo”, planteó, marcando una idea que atraviesa su historia.

Pero no es un caso aislado. En empresas como Zeramiko, Marathon Deportes o Grupo Yuhmak, las mujeres que hoy ocupan roles de decisión no llegaron de un día para el otro. Hubo un recorrido previo, muchas veces desde abajo, entendiendo cada parte del negocio antes de asumir responsabilidades mayores. Ese proceso, lejos de ser un obstáculo, terminó siendo una base clave para liderar en un contexto atravesado por la incertidumbre económica.

Hay algo en esas historias que las vuelve especialmente valiosas: son cercanas. Hablan el mismo idioma, enfrentan los mismos problemas, toman decisiones en el mismo contexto que muchas otras mujeres que están pensando si dar o no el paso.

Y ahí aparece una pregunta necesaria: ¿por qué seguimos buscando modelos tan lejos? La referencia distante puede inspirar, pero la cercana habilita, porque muestra que es posible en condiciones reales, no ideales, liderar en medio de una crisis, en estructuras tradicionales, en entornos donde todavía persisten desigualdades. Que el camino no está despejado, pero tampoco cerrado.

También hay una forma de liderazgo que empieza a repetirse en estos recorridos. Una mirada más vinculada al equipo, a la escucha, a la construcción de cultura dentro de las organizaciones. No como un rasgo esencialista, sino como una práctica que aparece en contextos en los que liderar implica sostener, adaptar y tomar decisiones en escenarios cambiantes.

Sin embargo, esa experiencia no siempre llega a quienes la necesitan. No se trata solo de visibilizar historias, sino de generar un efecto concreto: que más mujeres se animen. Que puedan verse reflejadas en trayectorias posibles, con errores, con aprendizajes, con dudas. Que entiendan que liderar no es un punto de llegada, sino un proceso.

Estamos hablando de un cambio que no se logra solo con eventos o testimonios aislados. La transformación es más profunda y necesita continuidad. Creemos que se acerca el momento de poner en valor de manera sostenida estas voces locales, de integrarlas en la conversación pública y de acercarlas a quienes están empezando. Es un paso necesario si el objetivo es que más mujeres no solo participen, sino que también se animen a liderar.

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