NACIDO DE LA REALIDAD. El personaje de Omar Yariff fue construido sobre influencers y políticos actuales.
“Bromatología espiritual” no se anuncia como una obra teatral, aunque lo sea. Se presenta como un Seminario Metafísico Regional, pero no tiene nada de ello. El maestro Omar Yariff promete “higienizar tu alma y alinear tu aura con ejercicios de autogestión corporal y enseñanzas profundas”, pero en realidad es Omar Adrián Béjar, quien con humor parodia el mundo de los gurúes contemporáneos, la autoayuda y las espiritualidades de moda con la dirección de Martín Bettella, como se podrá vivenciar desde las 21.30 en la sala Juan Tríbulo del teatro Alberdi (Crisóstomo Álvarez y Jujuy).
El unipersonal mezcla performance física, participación del público, proyecciones audiovisuales e ironía delirante y absurda, para cuestionar las promesas de bienestar instantáneo, con palabras, conceptos o frases que resuenan cotidianamente, vacías de contenido.
“La obra surge de un proceso de hace seis años. Comenzó con improvisaciones frente a cámara de Omar, donde apareció el personaje. En pandemia, hicimos sketches cortos en vivo por Instagram (@omaryariffok) en del ciclo Microvivos y ganamos un concurso del INT. Entonces lo fuimos moldeando a algunos influencers reales y pensamos en hacerla en teatro presencial, en formato seminario espiritual”, relata el director.
La propuesta fue “una forma de responder a la sobreinformación que circula en las redes sociales y en los medios; nos toca vivir una época en la que no hay certezas y todos parecen ser expertos en todo, donde se cuestionan hasta los conocimientos más evidentes como la forma del planeta, aunque todos sabemos es plana como una feta de queso tybo y está sostenida por cuatro panchuqueras humeantes apoyadas sobre el lomo de un vendedor de achilata gigante”.
Así, el personaje “juega con la lógica del sentido en una parodia de los gurúes de la salvación, como un guiño crítico a la posverdad en la que pareciera no ser tan importante lo que se dice sino cómo se lo dice, para ocultar intereses miserables con un tono de complaciente inocencia”. “Siempre las modas son pasajeras, como la de los pantalones chupines, pero algunas vuelven con insistencia abrumadora como la autoayuda, inventada por un neoliberalismo que ya tiene mucho tiempo prometiéndonos la salvación individual y diciéndonos por debajo que todo lo bueno y lo malo que nos pasa es producto del mérito propio. Nos ofrece una salida fácil, rápida y efectiva, sin interactuar con un otro ni encontrar una salida en común. Es una herramienta funcional a la lógica de consumo y dominación, con un Estado que se aleja cada vez más y con pocas jubiladas con U$S 100.000 para prestarnos”, dice.
Encuentro
Betella toma distancia de la idea de que el teatro sana: “en todo caso habilita un encuentro, porque para que haya teatro es necesario mínimamente uno que actúe y otro que mire; sucede algo que un video o un libro no pueden dar, que es la experiencia con otros. Te persuade a correrte de la comodidad de tu casa, de lo conocido, de lo que ya sabés, para enfrentarte a algo nuevo y desconocido junto a otros al mismo tiempo y en el mismo lugar. El tiempo se detiene, no hay pantallas sino el aquí y ahora; uno puede llorar o reír a carcajadas. Lo importante es que no se está solo sino que forma parte de un ritual colectivo”.
En el universo de los gurúes contemporáneos, “hay de todo y para cada dolencia tienen una solución efectiva e intercambiable por dinero o especias; respetamos que a algunas personas les hace bien creer, siempre y cuando nadie salga lastimado”. “Nosotros sólo seguimos al gran Maestro Yariff al cual le debemos nuestro rotundo éxito y varios miles de dólares”, desliza.
En los anticipos por redes sociales, Béjar juega con recaudar dinero ostensiblemente y con hechos corruptos. Betella lo fundamenta: “nuestra mayor fuente de inspiración son los gobernantes que se esmeran cada día para darnos material para la obra y los videos. A veces se desloman tanto que en una semana nos tiran tal cantidad de ideas que no llegamos a incorporarlas todas y quedamos en constante deuda eterna con ellos”.
“Por eso tomamos las situaciones de injusticia que vivimos, que están totalmente normalizadas. La impunidad con la que difunde sus enseñanzas es un poco el reflejo de la idea de patria sumisa, dependiente y dividida que nos quieren vender pero no estamos dispuestos a comprar”, concluye.










