Una obra pionera en Sudamérica y única en el país: un bar que desafía la gravedad en la Patagonia

Elevado a 1400 metros de altura y girando sobre su propio eje, la Confietería Giratoria comprende las vistas más espectaculares de la región.

La Confitería Giratoria se eleva a 1400 metros de altura sobre el Cerro Otto. La Confitería Giratoria se eleva a 1400 metros de altura sobre el Cerro Otto. (Imagen web)
Hace 2 Hs

Resumen para apurados

  • La Confitería Giratoria ofrece en el Cerro Otto (Bariloche) vistas 360° desde 1974, un proyecto de Boris Furman creado para acercar las maravillas naturales al turismo regional.
  • Construida con ingeniería austríaca, la estructura se desplaza mediante motores eléctricos sobre una platea flotante, permitiendo giros de hasta 20 minutos en la cumbre andina.
  • Esta obra única en Argentina se consolida como un ícono de ingeniería y un motor económico para Bariloche, manteniendo su vigencia como atractivo internacional de alto impacto.
Resumen generado con IA

De forma imperceptible, las maravillas de la Patagonia se ponen al alcance del comensal. De repente el visitante tiene a su disposición los cerros, en el oeste la Cordillera de los Andes, el brazo Blest de Nahuel Huapi; el Macizo Huemul en el norte mientras que en el fondo se vislumbran otras maravillas como el hotel Llao Llao en un extremo. Todo ello desde la comodidad de un asiento, entre patés, pickles y alfajores artesanales que se sirven mientras la confitería giratoria rota sobre su mismo eje.

Una obra de ingeniería excepcional por muchos años en Sudamérica se erige en la cúspide del monte Otto en Bariloche. La infraestructura ubicada a 1405 metros de altura es la sede de una experiencia singular, donde gran parte del mapa de la localidad patagónica cobra cuerpo frente a los ojos. Un sueño cristalizado de Boris Furman, un precursor y un pionero del turismo que en los 70 logró llevar a la punta de la elevación sus ambiciones, como un teleférico y un salón rotativo que hoy es un ícono de la zona y se mantiene como la única de su tipo en todo el país.

El legado y la visión de Boris Furman

La Confitería Giratoria fue inaugurada en 1974 junto con el teleférico del cerro Otto tras un sueño materializado de Furman que en los años sesenta subió a la cima de este coloso, donde quedó deslumbrado por las vistas que ofrecía esta elevación: a un lado el lago Nahuel Huapi, al otro el lago Gutiérrez, enfrente el cerro Catedral y el Moreno más allá. Con su visión de emprendedor y su ambición inagotable, Furman se casó con la idea de tener cada una de esas maravillas disponibles a su gusto.

Cuando volvió a Buenos Aires, provincia en la que estaba radicado hace unos años, emprendió las gestiones para emplazar el complejo. Se mantuvo firme ante un raid burocrático, donde conquistó las tierras que eran del Ejército Argentino. Viajó a Viena para conseguir la infraestructura necesaria, adecuada a las dimensiones de su anhelo y consiguió a los ingenieros de la firma Rudolf Kienast, especialistas en este tipo de sistemas, quienes iniciaron la obra, considerada en la época como una de las más importantes de América Latina en materia de emprendimientos turísticos.

Ingeniería y precisión en la cumbre

1974 fue el año en que anhelos descabellados se daban por fin concluidos. Después del teleférico, el salón circular, un bar de 360 grados que viraba sobre su eje y el de la geografía barilochense se inauguró en aquella cumbre que merecía ofrecer a los visitantes semejante panorámica y chocolate caliente. Un emprendimiento único en Sudamérica. Así, el complejo del Cerro Otto se constituyó rápidamente en uno de los principales atractivos turísticos de uno de los destinos más visitados de la Patagonia. Solo un par de años más tarde, Furman ya había recuperado la inversión.

La experiencia en la cumbre no solo es visual, sino también técnica y sensorial. Con una capacidad para 200 personas, la estructura vidriada con cristales templados permite que el clima hostil de la alta montaña quede fuera, mientras el interior se mantiene cálido gracias a un sistema de aire forzado. La magia reside en su movimiento: la confitería se desliza sobre una platea flotante con una sincronización que recuerda al oficio de la relojería suiza. Impulsada por cuatro motores eléctricos, el pasajero puede elegir entre dos velocidades preestablecidas para completar la rotación de 360 grados: un giro pausado de 40 minutos o uno más dinámico de 20.

Sabores de montaña a fuego lento

A medida que el engranaje avanza de forma casi imperceptible, el paisaje se despliega como un mapa vivo. Desde la altura de 1.405 metros sobre el nivel del mar, se divisan hitos geográficos que parecen maquetas: el Aeropuerto, las rutas que conectan con Villa La Angostura y El Bolsón, y el imponente Cerro Tronador oficiando de vigía detrás de los filos del Catedral. El giro permite descubrir las islas Victoria, Huemul y Gallina, que emergen del azul profundo del Nahuel Huapi, mientras la ciudad se extiende en sus 36 kilómetros de costa, desde Dina Huapi hasta el emblemático Llao Llao.

La Confitería Giratoria es una embajada del sabor patagónico. Para quienes buscan el espíritu europeo que inspiró a Furman, el goulash con spatzle ofrece un refugio reconfortante. En tanto, la Picada Regional invita a un recorrido por los ahumados de la zona: ciervo, jabalí, trucha y salmón, acompañados por una selección de quesos y panes caseros. Para las tardes de frío y nieve, el ritual se completa con la pastelería artesanal. El aroma a chocolate caliente se mezcla con la oferta de tartas de frutos rojos de la zona y alfajores de autor, creando el entorno perfecto para ver cómo el sol se oculta tras la Cordillera sin siquiera tener que levantarse de la silla.

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