El caos de salida en el pool: Milei, Nixon y la trama rusa para diluir el efecto Adorni

Javier Milei, presidente de la Nación.
Javier Milei, presidente de la Nación.
04 Abril 2026

Por Hugo E. Grimaldi


El poder suele perdonar la ineficiencia, pero rara vez sobrevive al ridículo que genera una mentira descubierta. Richard Nixon, el presidente de los EEUU que acumulaba detractores por su política exterior y por su propia paranoia, no cayó por el robo inducido en las oficinas demócratas del Edificio Watergate, sino que debió renunciar por el encubrimiento, por la obstrucción a la Justicia y, fundamentalmente, por la sensación de burla que percibió la ciudadanía. El recuerdo apunta directamente al Jefe de Gabinete, Manuel Adorni quien hoy, con su modo de proceder, está embretando al mismísimo Presidente.


En el juego del pool, una vez que el taco impacta sobre la bola blanca se sabe que las otras quince encerradas en el triángulo se dispersarán sin control. Así, se ingresa en una etapa de pura física del desorden donde ni el mejor jugador logra marcar la agenda. En ese escenario, la inercia del error no perdona: una vez desatada, no parece haber retórica que alcance para detener las colisiones en cadena. Así se erosiona la confianza y eso es lo que le sucede hoy por hoy al gobierno nacional.

En ese aspecto, Javier Milei no las tiene todas consigo. Más allá de los recientes frentes abiertos con Irán (expulsión de su representante diplomático) y con Rusia, debido a la campaña de desprestigio que el gobierno nacional denuncia como financiada desde Moscú, durante el último mes se le han acumulado al Presidente una catarata de problemas domésticos de toda índole (precios a 3% mensual, dólar planchado, nivel de actividad que repunta aunque no lo necesario, el caso $LIBRA, los créditos a funcionarios otorgados por el Banco Nación, etc.) que alteraron bastante la gobernabilidad, duramente conseguida y bastante consolidada, tras un febrero legislativo a pura sonrisa.

El actual tránsito hacia el descontrol que se percibe en la acción de gobierno como un símil de aquel primer golpe del juego sobre el paño verde, ha sido, en buena parte, inducido por Adorni, un caso que no cesa de engordar a diario. Y aunque Milei -en un comprensible gesto de lealtad, pero altamente inconveniente desde lo político- asegure que va a "bancar" al funcionario contra viento y marea, los antecedentes históricos sugieren cautela: la ciudadanía tolera el error, pero, como en el caso Nixon, difícilmente se sobrevive al descrédito de las mentiras expuestas.

El caso es que, hoy, Adorni ya no es más un fusible, sino que empieza a funcionar como un espejo. Si las sospechas y las mentiras se ramifican en los rubros donde debe dar explicaciones -viajes, patrimonio, propiedades, vacaciones, etc.- seguramente el impacto no se va a detener en su oficina, sino que terminará alojándose en el despacho principal (o en la Secretaría General), sobre todo después de que el Presidente le dio un efusivo abrazo público del 2 de abril o que le ordenara la agenda para que, de aquí en más, haya fotos con todos los ministros. Se presume que no todos querrán quedar pegados de esta suerte de mancha venenosa, pero así es el verticalismo libertario.

Con todo lo que siguió apareciendo a través de los días sobre Adorni, el Gobierno se comió en 72 horas lo positivo de la sorpresa que resultó el fallo de Nueva York a favor de la República Argentina por el caso YPF. El hecho de no tener que pagar U$S 18 mil millones fue celebrado por un rato, subieron los bonos, hubo declaraciones de regocijo desde muchos costados, pero la euforia terminó apagándose. Sí hicieron más ruido las declaraciones un tanto elusivas del titular de YPF, Horacio Marín sobre el congelamiento de las naftas, una heterodoxia sacada de la galera para evitar el traslado a precios que descoloca el manual liberal. Al fin y al cabo, la movida no parece tan rara, ya que el ministro Luis Caputo está haciendo algo parecido con el dólar y nadie se rasga las vestiduras porque hay quienes ganan mucha plata con las tasas y el carry trade.

Para parar el ruido, la primera de las estrategias inducidas desde la Casa Rosada para sacar el caso Adorni de las portadas fue la de llevar las miradas de la opinión pública hacia el Legislativo para correr el eje de la discusión y sacarlo así de foco al Jefe de Gabinete. Sin embargo, la maniobra naufragó, ya que el Congreso, convertido en un hervidero de internas propias, terminó diluyendo el efecto distractor y centró la puja en sus propios personajes.

En el Senado, con la presidencia del riojano Juan Carlos Pagotto, ha empezado a cocinarse en la Comisión de Acuerdos la designación de jueces y fiscales que, junto al procedimiento que estudia el Consejo de la Magistratura para nombrarlos con menor carga de discrecionalidad ha empezado a mover el avispero de los nombramientos después de años. Entre las posturas de cambio está la de la Corte Suprema que se ha tomado como una más en el Consejo de la Magistratura, aunque tiene un costado interesante ya que relativiza el peso de las entrevistas personales y pone el acento en bajar el de la política. Como se observa, esta sí se trata de una discusión de fondo.

Otro tema que está candente en el Congreso es el de la Comisión Bicameral que tiene que controlar a los Servicios de Inteligencia, donde la presidencia para Sebastián Pareja –karinista de la primera hora que jugará para “descaputizar” la SIDE- parece asegurada. Una tercera cuestión a seguir es el periplo de la Comisión de Juicio Político, donde Martín Menem tejió una red que impedirá por número cualquier intento de hacerle juicio político al Presidente. La presidirá la controvertida diputada Lilia Lemoine y si bien en el recinto se requieren dos tercios, una mayoría hoy imposible para la oposición, la Casa Rosada quiere tener bien cubierto ese flanco.

Mientras tanto, le apareció al Gobierno un oportuno elemento de desvío de la atención, una investigación periodística internacional basada en documentos filtrados que sostiene que el año pasado operó en la Argentina una estructura vinculada a los servicios de inteligencia rusos —conocida como “La Compañía”— que desplegó una estrategia comunicacional para influir en el clima político y social, presuntamente debido a la postura “pro-ucraniana” del gobierno argentino.

Según el informe, entre junio y octubre, en la antesala de las elecciones legislativas de medio término, lo que se hizo fue montar un circuito de difusión en medios digitales y redes sociales orientado a amplificar noticias negativas sobre la economía, combinando contenidos críticos con exageraciones e información falsa para potenciar su impacto.

Ayer, el Presidente calificó el hecho como un episodio de “extrema gravedad institucional” y denunció la existencia de una red de espionaje ilegal de mayor alcance. De acuerdo con la investigación, se habrían financiado al menos 250 publicaciones —entre noticias, análisis y columnas de opinión— distribuidas en más de 20 medios digitales, con un presupuesto cercano a los 283.000 dólares. Milei dijo que el Gobierno buscará identificar y responsabilizar a todos los involucrados, tanto directos como indirectos.

Parece irónico y muy de “guerra fría” que, mientras el Ejecutivo se lanza a cazar fantasmas de desinformación extranjera para blindar su narrativa, los ecos de Watergate sigan resonando en los pasillos propios. Al final del día, el mayor riesgo para el Presidente no parece ser una conspiración urdida en Moscú, sino esa carambola doméstica que el propio Adorni puso en marcha: la de descubrir que, en el tablero del poder, es mucho más difícil desmentir la realidad que denunciar una ficción.

Toda esta actividad en pro de alguien que está colgado de las cuerdas, hoy pone al Presidente ante una disyuntiva incómoda: que la opinión pública lo perciba a él como el arquitecto de la falsedad o -quizás peor- para alguien que se pretende infalible, como un incauto intoxicado por su propio relato. Ocurre que, más allá de Rusia, hoy mismo el subordinado, elegido por su lealtad ciega hacia los hermanos Milei, se ha convertido en una bola negra disparada de modo directo hacia la tronera.

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