La temperatura del mate puede ser un riesgo silencioso

La ciencia advierte que el secreto de una buena cebada no está solo en la yerba, sino en evitar que el calor se convierta en una agresión para el cuerpo.

ATENCIÓN. Algunos prefieren tomar mate hirviendo, pero es peligroso.
ATENCIÓN. Algunos prefieren tomar mate hirviendo, pero es peligroso.
Hace 1 Hs

Resumen para apurados

  • Científicos advierten en Argentina que tomar mate con agua a más de 65°C daña el esófago y eleva el riesgo de cáncer, según la Organización Mundial de la Salud.
  • La exposición repetida al calor extremo inflama de forma crónica la mucosa esofágica. Para evitarlo, se aconseja calentar el agua del termo solo entre 75°C y 80°C.
  • Controlar la temperatura del agua es un hábito clave para prevenir enfermedades graves a futuro, permitiendo mantener la tradición del mate de manera segura y saludable.
Resumen generado con IA

En el país tomarse unos buenos mates es metafóricamente un abrazo líquido, cálido. En ese hábito se esconde una variable que a menudo ignoramos y que define la diferencia entre lo saludable y un riesgo silencioso: la temperatura del agua.

El esófago es un tubo de músculo suave y delicado que conecta la boca con el estómago. No está diseñado para soportar ataques de calor. Cuando se ceba un mate con agua a más de 65° y se le pega el primer trago, estás lanzando un asalto térmico directo a esas células. Es como si se quemara la piel de la mano todos los días; con el tiempo, esa piel se dañará irremediablemente.

Inflamación

La agresión es crónica y acumulativa. La mucosa esofágica, expuesta repetidamente a temperaturas extremas, entra en un estado de inflamación constante. Al intentar repararse una y otra vez, aumenta drásticamente el riesgo de que las células se dividan mal, un proceso que, según la Organización Mundial de la Salud, está fuertemente vinculado al desarrollo de enfermedades graves como el cáncer de esófago.

El arte del cebador no tiene que ver con el termómetro más que nada; debe controlar el calor. El agua perfecta debe estar entre los 75°C y 80°C en el termo. Al tocar la yerba y viajar por la bombilla, ese líquido se enfría lo justo para ser placentero sin ser dañino.

Respetar este equilibrio no es solo una cuestión de "buen cebador", sino un acto de cuidado personal que permite disfrutar del ritual de siempre sin poner en juego la salud del mañana. El secreto está en enfriar un poco el agua y mantener encendido el calor de la compañía.

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