El comportamiento de los caballos cambió ante una exposición a sudoración producida en momentos de miedo. Foto: James L. Stanfield/National Geographic

Algo de la sensibilidad de los caballos se sabía desde que la equinoterapia cobró popularidad. Pero un estudio reciente, compartido por la revista National Geographic, adjuntó pruebas al respecto. Según una investigación, los caballos pueden no solo acompañar a las personas como parte de tratamientos, sino que también son capaces de oler el miedo.
La revista PLOS One fue uno de los principales portales en cubrir este descubrimiento, cuando en enero de este año compartió por primera vez un artículo. La percepción de los caballos llega a niveles pocas veces sospechados. Pero oler el miedo de las personas puede producir algunos cambios en sus reacciones y comportamientos.
Estudios anteriores demostraron que los caballos responden a expresiones faciales y tonos de voz, según indica National Geographic. Pero el nuevo estudio hizo énfasis especial en el olfato. El estudio, a cargo de la doctora en comportamiento y bienestar equino, Plotine Jardat, se realizó en dos instancias.
Los caballos detectan olores emocionales
En la primera instancia de esta investigación intervinieron los seres humanos. Para tomar muestras se colocaron toallas compresas en las axilas de un grupo de voluntarios mientras veían diferentes películas. Por una parte, se reprodujo el número musical de “Cantando bajo la lluvia” y, por otra, un recorte de 20 minutos de “La entidad”, una película de terror. Luego, las compresas fueron expuestas a los caballos en bozales especiales.
La segunda etapa del estudio estuvo centrada en la reacción de los caballos. “Se midió la frecuencia con la que un caballo de prueba interactuaba con el investigador, según lo que olía, tanto mientras se le cepillaba como mientras la misma persona permanecía ligeramente alejada del animal”, publicó NatGeo.
Como resultado, los caballos que “olieron” el miedo interactuaron menos con la persona. En cambio, los que identificaron “momentos de alegría” tuvieron un mayor acercamiento. Luego de exponerlos a las muestras, se constató que los caballos quedaban en una especie de estado de alerta y que reaccionaban rápidamente ante estímulos sorprendentes como la apertura de un paraguas.
Con la exposición al olor identificado con el miedo, también se registró un aceleramiento en la frecuencia cardíaca máxima que fue relacionado al estrés. En las pruebas no intervinieron estímulos vocales ni sonoros.








