La tumba nuclear que pierde material tóxico y amenaza con un desastre global

En 1958, el ejército de Estados Unidos detonó una bomba nuclear de 18 kilotones en la isla Runit, conocida como la prueba "Cactus". La explosión dejó un enorme cráter que los militares luego rellenaron con tierra y material contaminado. Así nació la Cúpula de Runit, una gigantesca tumba radiactiva en medio del Océano Pacífico que hoy enfrenta un riesgo ambiental de grandes proporciones.
Entre 1977 y 1980, como parte de los trabajos de limpieza militar, los ingenieros construyeron una cubierta de hormigón de 115 metros de ancho sobre el cráter. Debajo de esta estructura depositaron más de 120.000 toneladas de desechos, incluyendo cantidades letales de plutonio. El diseño original funcionó solo como una solución temporal para contener los restos de las pruebas atómicas, algunas de las cuales superaron mil veces la magnitud de Hiroshima y Nagasaki.
Fugas de material contaminado
Casi cinco décadas después de la construcción, la estructura presenta grietas que preocupan a los expertos. El agua subterránea penetra en el cráter a través de un lecho de sedimentos coralinos porosos sobre el que descansa la cúpula. La química Ivana Nikolic-Hughes, de la Universidad de Columbia, encontró niveles elevados de radiación y cantidades significativas de cinco radionúclidos en muestras de suelo fuera de la estructura. Esto sugiere que la instalación ya filtra parte de su letal contenido hacia el medioambiente, lo que agrava la crisis.
La presencia de plutonio-239, un componente de armas nucleares que resulta mortal y peligroso por más de 24.000 años, justifica la alarma actual. Nikolic-Hughes expresó su gran preocupación ante la intensificación de las tormentas y el aumento del nivel del mar, factores que vulneran la integridad de la cúpula. Además, la isla Runit se encuentra a solo 32 kilómetros de las poblaciones que utilizan la laguna circundante para vivir, por lo que las consecuencias serán devastadoras si el problema avanza.
La mayor parte de la isla Runit apenas se eleva dos metros sobre el nivel del océano. Los científicos climáticos predicen que el agua subirá al menos un metro adicional para el año 2100. Este cambio geográfico dejará a la cúpula al límite de su resistencia y multiplicará el riesgo de una tragedia en toda la región.







