Aranda apareció para abrir una noche espesa y encaminar el triunfo de Boca ante Instituto por 2 a 0

El “Xeneize” construyó el 2 a 0 sobre Instituto desde una lógica doble: paciencia para sostener el dominio cuando el gol no llegaba y contundencia para golpear apenas encontró espacios en el complemento. El triunfo fue justo, pero no lineal. Porque si bien el equipo de Claudio Úbeda empujó desde el comienzo, acumuló remates, córners y presencia en campo rival, también convivió con una falta de eficacia que por momentos alimentó la incomodidad de La Bombonera. En ese tramo, Instituto no fue un mero espectador: respondió con transiciones rápidas, lastimó por arriba y obligó a Agustín Marchesín a intervenir.
El primer tiempo dejó esa sensación ambigua. Boca jugó cerca del área de Manuel Roffo, encontró a Tomás Aranda y Miguel Merentiel como los atacantes más inquietos y tuvo en Leandro Paredes una fuente en el balón detenino y remates desde media distancia. Sin embargo, le costó transformar ese dominio en ventaja.
Bareiro tuvo situaciones, Merentiel también, pero entre bloqueos, malas decisiones y la respuesta del arquero visitante, el cero se sostuvo. Del otro lado, Instituto mostró que no necesitaba demasiado volumen para incomodar: Williams Alarcón dispuso de la más clara, Jhon Córdoba exigió y Alex Luna amenazó cuando encontró campo.
El partido cambió tras el descanso. Boca salió con otro ritmo, encadenó córners desde el arranque, Bareiro avisó con un remate al palo y enseguida apareció Aranda para destrabar la noche.
El juvenil venía insinuando buenas decisiones en sus intervenciones y lo confirmó con una jugada de enorme categoría: quiebre, perfil y definición cruzada para su primer gol como profesional. Más que un grito emotivo, el 1 a 0 funcionó como un punto de quiebre táctico y anímico. Desde ahí, Boca jugó con menos ansiedad, encontró espacios y obligó a Instituto a exponerse.
El segundo tanto explicó otra virtud del local: insistió sobre una zona donde ya estaba lastimando. Bareiro, que había participado mucho aun cuando no convertía, empujó el 2 a 0 en una acción revisada por el VAR y terminó por traducir en el marcador lo que Boca había producido. La revisión demoró el festejo, pero no modificó la lectura: el equipo había acelerado, atacaba con convicción y aprovechaba mejor el retroceso rival.
En ese tramo, Aranda ya no era promesa; era incidencia. Y Bareiro, aun sin un partido brillante en la terminación, compensó con presencia, movilidad y oportunismo.
La victoria, de todos modos, no clausura todas las preguntas. Instituto llegó a descontar mediante Jeremías Lázaro, aunque el gol fue anulado por el VAR, y siguió empujando con remates, córners y centros hasta el final.
Marchesín volvió a ser importante antes de salir lesionado, Ayrton Costa y Lautaro Blanco sostuvieron cierres decisivos y Leandro Brey tuvo que entrar para blindar el tramo final.
Boca ganó porque fue más ambicioso, porque tuvo un segundo tiempo más filoso y porque Aranda rompió el partido cuando más se lo necesitaba. Pero el 2 a 0 también dejó un aviso: dominar no siempre alcanza si no se liquida a tiempo.







