Un estudio revela cambios en las células nerviosas e inmunitarias que aparecen antes de la pérdida de memoria. Fuente: Universidad de Duke

Hasta ahora, no existieron pruebas únicas para detectar el Alzheimer. Una evaluación médica integral, pruebas cognitivas de memoria y entrevistas a familiares podían arrojar datos de qué estaba sucediendo en la mente del paciente. Tras una investigación exhaustiva, podía determinarse algún tipo de atrofia cerebral o placas amiloides. Sin embargo, los científicos de la Universidad de Duke parecen haber encontrado una vía completamente diferente.
En un estudio preliminar publicado en Nature Communications, investigadores liderados por Bradley Goldstein, profesor de cirugía de cabeza y cuello y ciencias de la comunicación en la Facultad de Medicina de la Universidad de Duke, informaron que un hisopado nasal podría detectar signos tempranos de la enfermedad, funcionando como una "ventana" directa al sistema nervioso central.
El hallazgo: 40 genes bajo la lupa
Para llegar a esta conclusión, el equipo de Duke analizó muestras de 22 personas con diferentes perfiles: pacientes sin la enfermedad, otros con marcadores biológicos positivos pero sin síntomas, y un tercer grupo con deterioro cognitivo avanzado. A través de estas muestras de células nasales, los científicos lograron identificar alrededor de 40 genes que presentaban diferencias claras entre los pacientes sanos y aquellos con Alzheimer.
La conexión no es casual. El revestimiento olfativo, ubicado en la parte superior de la cavidad nasal, contiene las células nerviosas responsables del olfato, las cuales están conectadas directamente con el cerebro. Al ser una zona accesible mediante una endoscopia simple, los investigadores descubrieron que los cambios en las células inmunitarias de la nariz —específicamente las que facilitan la inflamación— imitan casi a la perfección lo que sucede en las profundidades del cerebro.
Diagnosticar antes del daño irreversible
La importancia de este avance radica en el tiempo. Actualmente, la mayoría de los diagnósticos llegan cuando la acumulación de proteínas (amiloide y tau) ya causó un daño significativo en las neuronas. "Estamos analizando cambios en la expresión genética que podrían estar ocurriendo en las primeras etapas", explicó Goldstein.
Detectar la afección a tiempo es vital: los tratamientos actuales, que tienen una eficacia de entre el 20% y el 30% para reducir el amiloide, podrían ser mucho más potentes si se aplicaran antes de que aparezcan los primeros problemas de memoria.
El camino hacia un test clínico
Aunque los resultados son esperanzadores, el equipo de investigación advierte que todavía queda camino por recorrer. El siguiente paso será perfeccionar la prueba y profundizar en cómo las células nasales cambian para imitar a la microglía (células cerebrales vinculadas a la inflamación).
Si bien todavía no es una prueba de rutina en los hospitales, hay un gran entusiasmo en la comunidad científica ya que el testeo nasal implica la posibilidad de un análisis sencillo, económico y no invasivo capaz de cambiar el futuro de millones de pacientes.







