De la Fórmula 1 a la Finalissima: el impacto de la guerra en el deporte del Golfo
El conflicto en Medio Oriente ya impacta en el calendario deportivo internacional: cancelaciones, traslados y pérdidas económicas afectan a países del Golfo que habían convertido al deporte en una herramienta clave de proyección global
El conflicto en Medio Oriente sacude al deporte.

Desde hace años, los países del Golfo han apostado por la organización de eventos, una estrategia vista desde el principio como una forma de diplomacia a través del deporte e incluso como un intento de mejorar su imagen internacional.
Pero desde el inicio del conflicto actual, el 28 de febrero, se han sucedido las noticias de cancelaciones y aplazamientos de competiciones previstas en la zona, otra consecuencia nefasta para Doha, Dubái, Abu Dabi o Riad.
"Los países del Golfo (...) se habían presentado como un islote de estabilidad. Ese era el corazón de su estrategia", subraya James Dorsey, investigador del Instituto S. Rajaratnam de Estudios Internacionales de Singapur.
Esta guerra, que comenzó con los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán y continuó con la respuesta iraní, ha causado "un daño importante a su reputación, que necesitará tiempo para ser reparado", señaló.
Teniendo en cuenta las condiciones climáticas de esta región, con temperaturas muy altas durante gran parte del año, la temporada de eventos deportivos en el Golfo suele culminar entre febrero y marzo, antes de reanudarse en el otoño local.
Eso significa que citas como la Vuelta ciclista a Emiratos o los torneos de tenis de Dubái y Abu Dabi pudieron completarse según lo previsto, aunque por muy poco.
En Dubái, jugadores importantes como los rusos Daniil Medvedev y Andrey Rublev estuvieron incluso varios días bloqueados en el país.
Decepción de los hinchas
Sin embargo, los ataques iraníes contra varios países del Golfo, en respuesta a la ofensiva de Estados Unidos e Israel, han afectado directamente a otros eventos importantes.
Además de la cancelación de los Grandes Premios de Fórmula 1 en Baréin y Arabia Saudita, y de la Finalissima entre Argentina y España, el Gran Premio de Qatar de MotoGP, por ejemplo, fue trasladado de abril a noviembre.
"Esperaba un partido inolvidable entre Messi y Yamal, un duelo entre la vieja y la nueva generación", dijo a la AFP Rabih, de 45 años, un habitante de Doha y fanático del FC Barcelona.
El equipo de básquet de Dubái, que se unió esta temporada a la Euroliga, la principal competición europea, se ha visto obligado a trasladar sus partidos como local a Sarajevo, la capital bosnia.
Inversiones descomunales
Más allá de la decepción lógica de los aficionados, el impacto también es económico.
La región ha invertido miles de millones de dólares para posicionarse en el mapa del deporte, con la construcción de estadios ultramodernos, como hizo Qatar para el Mundial de 2022 o como planea hacer Arabia Saudita, que albergará la cita en 2034.
Para Danyel Reiche, investigador de la Universidad de Emiratos, la estrategia de los países de la región "se apoya en tres pilares: el patrocinio (...), la propiedad de clubes como el Newcastle (Arabia Saudita), el Manchester City (Emiratos) o el PSG (Catar), y la organización de eventos".
"Solo ese último se ha visto afectado por la guerra", subraya.
En su opinión, las grandes federaciones deportivas "no dudarán en regresar al Golfo" cuando el conflicto termine, ya que esta región "ha demostrado desde hace más de treinta años su fiabilidad y rentabilidad en la organización de eventos".
Estrellas en la región
En Arabia Saudita, la liga de fútbol —en la que militan figuras como Cristiano Ronaldo o Karim Benzema— ha decidido continuar con público, ya que la situación allí no es tan crítica como en países vecinos.
En Catar se reanudó la liga, aunque con interrupciones puntuales por las alertas aéreas.
En el horizonte aparecen eventos del otoño local, como el Gran Premio de Fórmula 1 de Abu Dabi, que cerrará la temporada. El próximo año, Qatar debe albergar el Mundial de básquet y ese emirato aspira a organizar los Juegos Olímpicos de 2036.
Si el conflicto actual "desemboca en un cambio de régimen en Irán", entonces "las opciones de Qatar podrían ser altas", destacó Dorsey.
Pero "si se mantiene un régimen duro o se genera un escenario de caos, la organización de un evento de tal magnitud en la región será extremadamente difícil", advirtió.







