
El conflicto entre Estados Unidos e Irán puede parecer lejano, pero sus consecuencias económicas no lo son. Cada escalada en Medio Oriente presiona el precio internacional del petróleo, y cuando el barril sube, el efecto termina sintiéndose en los surtidores argentinos. El problema es que el país ya arrastra aumentos sostenidos en los combustibles, muy por encima del crecimiento de los salarios. En una economía frágil, donde el transporte impacta directamente en alimentos, producción y servicios, un shock externo puede acelerar la inflación y profundizar la pérdida de poder adquisitivo. La gravedad no está solo en la guerra, sino en cómo se la enfrenta puertas adentro. Si cada suba internacional se traslada automáticamente al mercado local, el costo lo volverán a pagar los mismos de siempre: trabajadores y sectores productivos. Porque cuando el combustible aumenta, no se encarece solo el tanque. Se encarece la vida cotidiana.
Williams Rodrigo Fanlo
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