
La tormenta sacudió a los tucumanos de diversas maneras ayer a la mañana. En algunos lugares hubo granizo, en otros fuerte caída de agua que generó anegamientos por acumulación de agua en calles urbanas y rutas, corte en la ruta 307 y apagones por caída de árboles en San Pedro de Colalao, El Cadillal y Los Nogales, entre otras localidades. Todo esto se dio sobre suelos saturados, que han recibido excesiva cantidad de agua en los dos primeros meses del año. Tal como señalaron los meteorólogos en una producción de LA GACETA de este martes, en este período ya hubo casi la mitad del promedio de precipitaciones anual.
Cierto es que, por fortuna, más allá de las inquietudes en algunas zonas como Lules -con corte de la ruta- y Atahona y Villa Chicligasta -donde la pasaron verdaderamente mal por las crecidas, si bien por poco tiempo y sin que hubiera necesidad de evacuar a demasiadas personas- la característica de las tormentas en lo que va del año ha sido su intensidad. Además, ha habido continuidad de las lluvias, a tal punto que de los 28 días de febrero 23 han estado pasados por agua.
Ayer en el programa LGPlay un funcionario de EDET aludió a la intensidad de la tormenta de ayer y a los fuertes vientos que causaron las caídas de árboles sobre las líneas de energía, y al hecho de que los suelos saturados de agua ayudan a que haya caída de árboles.
La ingeniera agrónoma Eugenia Zeman, jefa del Área de Recursos Naturales en Famaillá, señaló que “lo que antes se distribuía en muchos días, ahora se concentra en pocas horas”. Esa dinámica, sostuvo, “incrementa el riesgo para los suelos y para la estabilidad productiva”. La geógrafa Denise Almendro explicó que el tipo de suelo agrava el problema. “En el Gran San Miguel predomina el suelo limo-arcilloso, prácticamente impermeable. Cuando se satura, el agua corre”, señaló. También advirtió sobre el nivel freático: “La napa está entre tres y cuatro metros y en verano sube. Cuando el suelo deja de absorber, el agua escurre”.
Por su parte, el biólogo Alejandro Diego Brown, presidente de la Fundación ProYungas, sostuvo que febrero, en líneas generales, no estuvo fuera de lo esperable pero tuvo un comportamiento raro. “En estos meses tuvimos noches con casi 100 milímetros y más de 70 en dos horas, lo que generó caos vehicular, cortes de energía y problemas de abastecimiento”. “Nuestra infraestructura está pensada para valores promedio, no para extremos. Y una planificación correcta debería contemplar esos escenarios”, añadió. El observador aeronáutico del Servicio meteorológico Jorge Luis Noriega dijo que “las ciudades tienen que prepararse para eventos de 200 o 300 milímetros. Esto va a ser más frecuente”.
Es decir, debe haber una preparación para que se pueda superar sin demasiado problema la incidencia normal de las tormentas de temporada, y también para hacer frente con medidas de prevención las precipitaciones anormales, que pueden estar acompañadas de catástrofes.







