Como abogada especialista trato a diario con personas que llegan a la edad jubilatoria y no pueden acceder a la prestación previsional por falta de aportes. Sin dudas esta situación genera frustración. Hemos normalizado que el Estado nacional “debe otorgarnos” la jubilación, pero también hemos omitido que tenemos una responsabilidad con nosotros mismos que es la de “aportar durante al menos 30 años” para que eso suceda. Las leyes de moratorias son necesarias sólo ante la contingencia o puntualmente ante un período de altísima necesidad , pero de ningún modo deberían sostenerse durante todo el tiempo, sino que deberían ser la excepción. El sistema debería ir mutando hacia la formalidad laboral que permita no sólo la recaudación de los aportes para hacer frente al pago de los beneficios actuales, sino además para garantizar al trabajador formalizado una jubilación al momento de su retiro.
Trabajadores independientes
Todos los meses, el trabajador autónomo o el monotributista siente el peso de cumplir con su obligación previsional. A menudo, ese pago se percibe como un impuesto más, un costo. Sin embargo, ese comprobante de pago no es una carga: es el ladrillo con el que construimos el techo de nuestra vejez. Quien no aporta bajo la promesa de una futura moratoria, en realidad está delegando su vejez a la voluntad política del momento ya que se trata de un ingreso que, hoy lo vemos, resulta insuficiente para una vida digna.
El valor del esfuerzo
El sistema previsional debería ser un espejo de la vida laboral. No se trata de excluir, sino de premiar . Una reforma seria debe volver a poner en valor los 30 o 40 años de aportes genuinos. El aporte mensual es el ejercicio de nuestra propia autonomía: es decidir que mi futuro no depende de un subsidio, sino del fruto de mi trabajo registrado.
“Ocuparse de la jubilación el día que cumplimos la edad mínima es llegar tarde. La verdadera previsión social comienza hoy, con cada aporte realizado a conciencia.” La jubilación no debería ser un “regalo” del Estado, sino el justo reconocimiento a una vida de contribución. El sistema que necesitamos es aquel donde el aporte sea, finalmente, el broche de oro que garantiza no sólo la supervivencia, sino la libertad en la madurez.





