Un drama shakesperiano situado en Miami

Un drama shakesperiano situado en Miami
Hace 5 Hs

Dos historias paralelas estructuran la novela de Gastón Virkel: la narración de la amistad entre Boris y Sammy –intermediada por Wilma, la seductora esposa de Sammy– y el guion hipotético que ambos escriben a partir de la serie Miami Vice. Debo decir que estas dos historias narran múltiples cosas: la pasión por un oficio –la escritura entendida como objeto de investigación de la ficción– y los efectos del encanto que producen el cine y la cultura de masas. Neurosis Miami no es una novela convencional: es también una reflexión y un aviso sobre cómo inciden las finanzas y el deseo –el dinero y la traición como objetos oscuros– en la vida de las personas.

“Esto es un tango… and also financial advice”, dice Izzi Moreno en Miami Vice. Gastón Virkel cita esta frase de la serie de televisión de los ochenta. La referencia no es caprichosa ni baladí. De alguna forma, cifra el modo que tiene la novela de procesar el uso de las lenguas (el polimorfo spanglish) y la cultura de Miami.

¿Cómo hacer literatura con un material espurio y con la cultura de los medios masivos? Esta parece ser la pregunta que dispara una forma de entender la ficción. La vida misma puede ser pensada como un tango y la ficción se ocupa de narrar el contenido extraño y repetitivo de ese tango cantado en una ciudad (estadounidense) guiada por el dinero, la ostentación y el crimen.

Gastón Virkel escribe una ficción siguiendo las pasiones del arte abyecto (Miami Vice) y del arte a secas (Woody Allen, Borges) antes que de la mera realidad. O, en todo caso, la vida ordinaria está hecha de la materia de los sueños de la televisión (“Miami Vice ha reinventado la ciudad”). Entonces, esto no es otra cosa que un Teleshakespeare, diría Virkel siguiendo los términos de Jorge Carrión. El novelista escribe un drama shakesperiano situado en una Miami signada por el ocio, el frenesí, el mezcal, el miedo al fracaso, la oscura traición y, sobre todo, el modelo poderoso de la televisión. ¿Esta novela de Virkel no es acaso una forma de narrar los efectos del capitalismo en las vidas ruines y gastadas de unos latinoamericanos que han soñado el sueño americano –el sueño inventado por la TV– y han despertado ante el fracaso?

Boris persigue su ideal: vive una vida estrafalaria mientras forma un trío sexual con su amigo y con la esposa y, a su vez, crece como guionista para MTV. Pero los espejos no devuelven la imagen que uno espera. Boris descubre que la vida no está hecha de la materia de las ilusiones –aunque su drama sí es shakesperiano– y al final la ficción televisiva tenga un poder sobre la forma de entender la escritura literaria.

En medio de los dramas, Boris se entusiasma como tutor de fútbol de Martín –el hijo de Sammy y Wilma– y se sube a los autos que ha visto en la ficción televisiva. En este sentido, la escritura de Virkel se alimenta tanto de Borges como de la música pop y la televisión taquillera. Podría decir que Neurosis Miami es tan erudita como Borges –el autor de Tlön aparece como figura, como doble y como fantasma lingüístico– y tan pop como la citada música televisiva y los diálogos de Miami Vice.

Complejidad cultural

Con una combinación de cita libresca y consumo televisivo, Virkel ha escrito una novela inusual sobre el pasado de Miami (y sobre el escurridizo presente), y también sobre los dilemas que enfrentan los personajes de la ficción en Miami y los de la vida misma. Desde un prisma que mezcla angustia existencialista (versión Estados Unidos) con cinefilia y citas musicales, la novela no solo brinda una radiografía de la neurosis sino también una expresión de la complejidad de la cultura.

“Miami Vice es mi Quijote. Y yo soy Menard”, dice Boris en un alarde nerd que su amigo Sammy no entiende (al fin de cuentas Sammy es un actor de telenovelas). Escribir es reescribir con el modelo de una imagen apócrifa. La ficción, parece decirnos Virkel, nos brinda un espejo quebrado, una figura espectral que nos ayuda a soportar lo insoportable.

Gastón Virkel nació en Buenos Aires y vive en Miami desde 2001. Es guionista, escritor y editor. Es autor de Cuentos atravesados, Maldito Lasticön y Neurosis Miami (SEd 2023). Sus textos aparecieron en numerosas antologías. Es parte del consejo editorial de Suburbano Ediciones en los Estados Unidos.

© LA GACETA

Fabián Soberón

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