Recuerdos fotográficos: 1915. La visita a Tucumán del laureado Leopoldo Lugones
En este espacio de “Recuerdos” procuramos revivir el pasado por medio de imágenes que se encuentran guardadas en ese tesoro que es el Archivo de LA GACETA. Esperamos que a ustedes, lectores, los haga reencontrarse con aquellos momentos y que puedan retroalimentar con sus propias memorias esta sección que les brindamos día a día.
Mucho se sabe del literato, poeta y ensayista Leopoldo Lugones. Que escribió “Las montañas del oro”, “Lunario sentimental”, “La guerra gaucha” y “Las fuerzas extrañas”. Que fue figura del modernismo y precursor de la literatura fantástica, elogiado por Jorge Luis Borges y por Rubén Darío, quien dijo que era “la nota más vibrante de la poesía argentina”. Que el 13 de junio se celebra en su honor el Día del Escritor. Que pasó del socialismo en su juventud al nacionalismo y el fascismo, a tal punto que escribió el discurso “La hora de la espada”, la proclama que justificó el golpe de estado de Uriburu contra Yrigoyen. Que tuvo un hijo, Polo Lugones, detenido por violación y pederastia y que luego fue funcionario de la dictadura, impulsor de la picana eléctrica. Finalmente, que se enamoró de Emilia Santiago Cadelago, una joven unos 30 años menor y que ese romance clandestino fue censurado por su hijo, que los obligó a separarse. Lugones se suicidó el 19 de febrero de 1938.
Poco se sabe, en cambio, de su relación con Tucumán, donde había vivido su abuelo Lorenzo Lugones, guerrero de la Independencia, que falleció en 1868. Lugones visitó la provincia en 1901, como inspector de Enseñanza Secundaria y dio una conferencia en la Sociedad Sarmiento sobre un nuevo plan de enseñanza. Lo atrajo tanto la provincia, que en sus “Odas seculares” de 1910 publicó un poema, “A Tucumán”, que fue publicado en el diario “El Orden” en los días del centenario de la Independencia, en 1916.
El 10 de julio de 1915 llegó a Tucumán en el mismo tren que trajo al cantante Enrico Caruso. Lugones venía invitado por la flamante Universidad de Tucumán, y se quedó hasta el 14. Dio tres conferencias en la Sociedad Sarmiento, relacionadas con “las industrias artísticas de Atenas”. Fueron charlas sin papeles ante numeroso público, invitado a comentarlas. Las publicaría cuatro años después, en 1919. En ellas elogió la capacidad de los griegos de sacrificar algo en función del arte para mejorar la sociedad. Decía que en la antigua Grecia la gente pobre solía sacrificar el importe de una comida diaria -una “diobelia”- para adquirir una de las artísticas figurillas de Tanagra. “Ojalá nuestros obreros fueran como esos griegos”, decía. “No es que nuestros obreros sean los únicos incapaces de sacrificar sus dos pequeños óbolos de pan y carne, sino porque nuestros ricos no suelen tampoco sacrificar su gran diobelia en aras de Apolo”.
En esos días fue llevado a varios lugares de interés. Una foto lo muestra en la Estación Experimental. En ella se ve a Alejandro Uslenghi, Alberto Rougés, José Lucas Penna, el gobernador Ernesto Padilla, y, tapado por éste, el rector de la Universidad, Juan B. Terán; luego, Lugones con un machete y un pedazo de caña; y su esposa, Juana Agudelo, y Arturo H. Rosenfeld.
En “Impresión sobre Leopoldo Lugones” (21/09/2009) Carlos Páez de la Torre (h) cuenta los efectos que causó en Juan B. Terán, que lo describió en su diario. “Es increíble la afluencia extraordinaria de gentes a sus conferencias. No es popular, no busca adular, ni siquiera halagar, no es orador. ¿Qué significa esto, entonces? El instinto del pueblo que adivina al genio. Lugones es, evidentemente, un genio”, escribió. Dijo que en la conversación pasaba por anarquista, individualista, sencillo, franco y un poco brusco. Y anotaba que “tiene físicamente el aspecto de un plantígrado; da la sensación de estar en presencia de un animal. Se parece, en esto, a Sarmiento”.
Más información: “Lugones, dos veces” (26/08/1992) y “Lazos entre Lugones y Tucumán”, 15/03/2015, de Páez de la Torre (h).










