EN LA GACETA. Reato contó detalles de su último trabajo editorial.

Ceferino Reato llegó a Tucumán con su duodécimo libro, presentado en el Colegio de Graduados de Ciencias Económicas en Concepción y en el Archivo Histórico en San Miguel de Tucumán. “Pax Menemista”, como él mismo lo explica, refleja que la época menemista fue “como la Pax Romana, un período de estabilidad”. Cuando Menem asumió en 1989, el país era un caos. Con una hiperinflación, los saqueos, el ataque guerrillero al cuartel de La Tablada, tres rebeliones carapintadas y un “ejército partido” que se resistía a ser investigado por las violaciones a los derechos humanos. En ese contexto, “Menem propició indultos a guerrilleros y montoneros”, afirma, pero también repatrió los restos de Rosas para cerrar la antinomia entre federales y unitarios. El abrazo con el almirante Rojas, el cual era emblema del antiperonismo y la construcción del monumento a los caídos en Malvinas, tuvieron como finalidad llevar tranquilidad. Serenar el frente militar, bajar el miedo del antiperonismo y conservar el apoyo de las bases peronistas que estaban “desconcertadas por su giro hacia una política económica neoliberal”, el alineamiento con Estados Unidos y entrelazar relaciones diplomáticas con Gran Bretaña con quienes en el 82 compartimos una guerra.
Uno de los planteos “provocadores” del libro es sobre el origen de los indultos. Reato sostiene que no fueron impulsados por los militares, sino por los ex montoneros. Asegura que Mario Montoto, hoy empresario en seguridad y defensa, pero en aquel momento secretario privado y negociador de Firmenich ante Menem, fueron quienes propiciaron los indultos a través de documentos donde llegaron a definir los enfrentamientos de los años 70 como episodios de una guerra civil intermitente.
El libro retrata a un Menem pragmático. Y en este sentido, Reato describe lo notable es que él administra el perdón presidencial a partir de esa legitimidad que él encuentra en haber estado cinco años preso. “Mucha gente de su propio gobierno estaba en contra”, declara el periodista. Su propio hermano, Eduardo Menem, le confesó: “Yo estaba a favor, pero no del tiempo. Teníamos tanto despelote, para qué agregar uno más”. Menem se guiaba por una lógica propia: entendía que el momento de actuar era ese o nunca, mostrándose dispuesto a pagar cualquier costo político o social que sus decisiones pudieran acarrear.
Enojo
“Pax Menemista” se concentra en el primer año y medio del menemismo. “Mucha gente quedó muy enojada con él, porque la Convertibilidad despertó una gran ilusión, pero todo terminó mal”, dice. En aquel entonces, en los últimos años hubo muchos quiebres de fábrica, desempleo que trepó al 25% rápidamente y ahí se estabilizó.
Reato cuenta que eligió ese recorte deliberadamente, para ver al personaje entero, antes de que la historia lo redujera a una sola imagen.
Sobre las lecturas que se hacen de su trabajo, Reato es directo. Hay quienes lo tildan de tener una mirada pro militar o reivindicatoria de la última dictadura. Descontando este prejuicio sostiene que “Los militares me consideran de otro bando. Prefiero que me quieran los lectores. Trabajo para lectores, no para grupos”, afirmó. El libro aparece en un momento en que Menem vuelve a ser discutido. Con una serie televisiva sobre su figura, las referencias del propio Milei, quien lo señaló como mentor y asegura haberlo superado, instalaron una revalorización de su legado, especialmente entre quienes reivindican el liberalismo y la derecha. Reato observa esta etapa con distancia. “Durante más de una década, el kirchnerismo consolidó un relato donde la crisis de 2001 era la consecuencia directa y exclusiva de las políticas de los 90. Para este sector, Menem personificaba el “neoliberalismo” que debía ser superado mediante un Estado interventor”, concluyó.









