Atlético Tucumán no pudo contra Instituto y llegó a 393 días sin ganar como visitante

El equipo de Hugo Colace mostró señales positivas con el nuevo esquema y encontró el empate a través de Carlos Abeldaño, pero un gol en el cierre lo dejó otra vez con las manos vacías fuera de casa.

RESISTENCIA Y CAÍDA. Instituto golpeó en el final y volvió a dejar al “Decano” sin premio fuera de casa. RESISTENCIA Y CAÍDA. Instituto golpeó en el final y volvió a dejar al “Decano” sin premio fuera de casa. Foto de Ariel Carreras/Especial LA GACETA
Maria Sofia Lucena
Por Maria Sofia Lucena 20 Febrero 2026

El fútbol tiene una crueldad bastante elegante que no te avisa cuándo va a premiar la valentía ni cuándo va a castigarla. Atlético Tucumán se subió al colectivo rumbo a Córdoba con una convicción renovada, con la frescura de una goleada reciente y con una decisión que le había cambiado todo el panorama. Hugo Colace rompió con lo conocido, dejó de lado su tradicional 4-3-3 y apostó por el 4-4-2 que había devuelto sonrisas y goles. El resultado había sido contundente.

El triunfo ante Estudiantes de Río Cuarto no dejaba dudas. El equipo había respondido, había mostrado otra cara y, sobre todo, había recuperado algo que venía perdiendo partido tras partido. Colace no lo dudó. Repitió los nombres y repitió la idea. Luis Ingolotti bajo los tres palos. Leonel Di Plácido como bandera en el fondo, acompañado por Gianluca Ferrari, Gastón Suso y Maximiliano Villa. Renzo Tesuri, Javier Domínguez, Kevin Ortiz y Nicolás Laméndola en el medio. Y adelante, la apuesta joven y audaz. Carlos Abeldaño junto a Leandro Díaz. Una formación de experiencia y atrevimiento, de equilibrio y urgencia, opuestos complementarios.

Pero Instituto no estaba dispuesto a ser parte de esa reconstrucción. Desde el primer minuto incomodó y obligó a Atlético a retroceder y a entender que el partido no iba a conceder treguas. El “Decano” resistió con orden y buscó responder de contra, intentando sostener el equilibrio que había encontrado. No se desordenó, no perdió la calma, pero tampoco logró imponer su ritmo. El partido se jugaba en una línea fina.

Hasta que todo se rompió en una decisión que cambió el clima. Fernando Espinoza sancionó un penal que desató discusiones y desconcierto. Alex Luna se hizo cargo y no falló. Ingolotti eligió un lado, la pelota el otro. Instituto se puso en ventaja y Atlético tuvo que reconstruirse desde la bronca. Ese golpe dolió y despertó una reacción interna que el equipo necesitaba encontrar.

El descanso fue una pausa necesaria para reorganizarse. Antes del cierre del primer tiempo, Colace movió el banco y apostó por Lautaro Godoy. El “Loco” dejó la cancha y el equipo encontró otra dinámica. Apenas iniciado el complemento, Abeldaño apareció en el momento justo. Empujó la pelota y gritó su primer gol en Primera División. 20 años y apenas cinco partidos encima. Le dio al DT la confirmación de que el cambio tenía sentido.

Atlético creció desde ese instante. Sintió que el partido podía girar a su favor. Godoy estuvo cerca de firmar un gol inolvidable. El equipo se animó. Colace ajustó piezas. Gabriel Compagnucci reemplazó a Di Plácido, Ezequiel Ham entró por Domínguez y más tarde Franco Nicola e Ignacio Galván se sumaron cuando Villa sintió molestias. El equipo buscó sostener el impulso que había construido con paciencia.

El empuje, sin embargo, fue perdiendo intensidad. Atlético ya no encontraba la claridad y el partido entró en un terreno espeso. Instituto tampoco lograba imponer condiciones, pero resistía. El empate parecía sellado, sostenido más por el desgaste que por otra cosa. El tiempo avanzaba y el equipo daba la sensación de estar más cerca de resistir que de lastimar.

Hasta que el tiempo agregado volvió a inclinar la balanza. A los 46 minutos, Giuliano Cerato encontró un espacio, un descuido, una grieta. Definió y dejó a Atlético sin respuesta. El golpe fue definitivo.

El “Decano” se animó a dejar atrás lo malo conocido para abrazar algo (que parecía) mejor. El 4-4-2 le había devuelto la ilusión. Colace confió en esa novedad que ya no era un experimento. El tema es que esta vez lo bueno conocido no alcanzó.

La deuda sigue intacta lejos de Tucumán. Pasaron 393 días desde la última victoria como visitante, la de San Juan que hoy parece pertenecer a otra época. El tiempo pasó, las ideas cambiaron, los nombres se movieron, ya van por el tercer técnico, y el resultado afuera sigue siendo el mismo. Atlético puede cambiar el sistema, los nombres o el plan. Aun así mientras salga de Tucumán, el final sigue siendo igual.

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