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¿Hay realmente una sociedad anestesiada? ¿El individualismo está matando, como quizás nunca antes, a lo colectivo? ¿El hartazgo con la “política” volvió indiferente a una mayoría de los argentinos?
Suena a verdad de perogrullo responder a estas preguntas retóricas, pero vale la pena recordar que las discusiones respecto de la reforma laboral y de la baja de la edad de imputabilidad pasaron casi inadvertidas para el gran público. No son leyes cualquiera: regulan dos aspectos clave de la vida en comunidad. Por un lado, la médula de la relación empleador-trabajador; por el otro, el límite ético y legal sobre cuándo y cómo consideramos que nuestros adolescentes deben pagar por sus delitos. Esta última norma va aún más allá: debería obligarnos a reflexionar sobre qué estamos haciendo mal los adultos para que la mirada sobre la seguridad pública se pose, con tanto rigor, sobre la banda etaria que debería representar el futuro de cualquier Nación.
Sin embargo, ni una ni otra reforma provocó grandes debates, discusiones profundas ni manifestaciones mayoritarias. Esta reflexión no busca agitar la idea de la “protesta callejera” por el simple hecho del ruido, sino advertir sobre un síntoma que se hace cada vez más notorio: la capitulación del ciudadano.
Quizás no sea solo apatía, sino lo que el filósofo Byung-Chul Han describe como la “sociedad del cansancio”. En su tesis, Han plantea que el individuo moderno está tan extenuado por la autoexplotación y la exigencia de rendimiento que ya no tiene resto para lo colectivo. El silencio ante las reformas no es consenso ni apoyo; es el agotamiento de una sociedad que, harta de promesas rotas y crisis cíclicas, ha decidido refugiarse en el "sálvese quien pueda" del hiperindividualismo.
Opinólogos virtuales
O quizás lo que vivimos esta semana en el Congreso fue la consolidación definitiva de una “democracia de espectadores”. Como bien advertía Walter Lippmann hace un siglo, el ciudadano ha sido desplazado a la fila de atrás del teatro político: mira el debate por redes sociales, se indigna desde la comodidad del living, pero ha dejado de sentirse protagonista del cambio. La reforma laboral y la penal juvenil pasaron por el tamiz del poder sin que la sociedad "bajara a la cancha". Estamos ante una mayoría que ya no participa, solo sintoniza la política para confirmar su propio desencanto.
A este fenómeno se le suma la tiranía del algoritmo. Hoy, nuestra indignación está fragmentada en burbujas de eco que nos devuelven solo aquello que queremos oír, dándonos la falsa ilusión de una "discusión pública" que no existe. Creemos que estamos dando una batalla cultural porque comentamos un posteo o compartimos un video, cuando en realidad solo estamos gritando dentro de una pecera digital diseñada para retener nuestra atención, no para fomentar la acción. El algoritmo es la anestesia perfecta: nos mantiene ocupados en el micro-conflicto mientras las grandes reformas estructurales pasan por el costado, invisibles.
A la dirigencia política -de todos los signos- le conviene esta anestesia. Una sociedad que solo mira, que procesa la realidad a través de una pantalla y que ha perdido la fe en la construcción colectiva, es mucho más fácil de reformar que una que discute. El riesgo es que, mientras seguimos sentados en la tribuna, las reglas del juego cambien tanto que, cuando queramos reaccionar, ya no reconozcamos ni el campo de juego ni el país en el que vivimos.
Con la vista en 2027
Mientras en el Congreso se cuecen las leyes de “segunda generación” del gobierno de Javier Milei, en Tucumán el año arrancó con las fuerzas políticas tratando de “acomodar los patitos” de cara a las provinciales de 2027. El panorama no se avizora sencillo para ninguno y la irrupción de La Libertad Avanza incomoda a casi todos por igual. El año pasado acomodó dos diputados nacionales en las elecciones de medio término de la mano de la potencia del Presidente, que pintó el país de violeta.
Más allá de la “potencia” electoral que el partido de Milei pueda tener en la provincia, el desparpajo para repartir críticas a posibles aliados y opositores confesos por igual dejó un camino en el que seguramente se recalcularán estrategias. Lisandro Catalán dijo que ellos critican “lo que tienen que criticar”, sin pensar si al que están cuestionando es “amigo”, “cercano” o “enemigo”. Al menos en lo discursivo, el titular de LLA en Tucumán afirmó que ese es el error de la oposición en la provincia: deslizó que tiene tantos compromisos que no puede pararse de manos contra el poder. Y añadió que ellos buscarán llegar a la gobernación “sin ataduras” y “sin deberle favores a nadie”, como -dijo- llegó Milei.
La declaración pareció dirigida a Mariano Campero, que comparte bloque con LLA en Diputados, pero a quien Catalán desconoce y hasta critica por la gestión de Yerba Buena, el municipio que lideran sus aliados políticos. Al mismo tiempo, le apunta al oficialismo provincial cuestionando a las comunas rurales y a lo que calificó como “su sistema clientelar”. Por ende, también golpea al “dialoguista” Osvaldo Jaldo y hasta se metió con Rossana Chahla tras las potentes tormentas que anegaron parte de la ciudad. Su irrupción invita a todos a reformular estrategias. Los libertarios también deberán ver si la suya funciona: CREO intentó jugar con el mismo tono discursivo y, sin alianzas, quedó casi en el llano. Solo cuando se asociaron con la estructura de la UCR y otros partidos sentaron una banca en Diputados. ¿Será suficiente el sello de Milei y el mantra “sin ataduras” para ganar en Tucumán?
Una imagen robusta
Jaldo, por lo pronto, también se desata de los pocos compromisos que podría haber tenido. Hay algo que no se puede discutir: el tranqueño llegó sin favores, más que con la estructura del peronismo. No es el Juan Manzur “ungido” por José Alperovich: luchó por ser el candidato a gobernador y ganó. Por eso se anima a apartar a peronistas que lo incomodan y a sumar a opositores a su Gabinete. Se muestra moderado con el Gobierno nacional, pero ya avisó que su postura cambia en tiempos de elecciones. Se podría decir que el gobernador juega con esas nuevas “formas” de hacer política, pero sin descuidar el trabajo territorial y la implacable maquinaria electoral del PJ.
Campero parece más ordenado y concentrado en conformar algún tipo de opción competitiva para el año próximo que sus ¿ex? correligionarios. Mientras el radicalismo desvaría con la resaca de derrotas consecutivas, el diputado nacional “con peluca” acomoda la tropa para que llegue ordenada a la batalla de 2027. O al menos eso intenta. Le tocará pescar en la misma pecera que a los libertarios, con un PJ robusto ante la firmeza en cuanto a adhesión social de la gestión de Jaldo y el resto de la oposición desarmada.
¿El “factor Chahla” podría ser determinante? La intendenta también recibe chirlos de distintos ángulos, pero su imagen continúa siendo elevada. La incógnita es cómo se acomodarán las cosas en el peronismo y cómo podría jugar la doctora. Hoy por hoy, todo está un poco difuso. Falta mucho, dicen los “políticos”, aun los que dicen que no lo son o que no “hacen política”. Pero la realidad es que la Gobernación se juega desde ya, con los que ya comenzaron a apostar sus fichas y con los amarretes que esperan para ver si “garronean” alguna racha ganadora.








