CON LA PELOTA DOMINADA. Facundo Pons trata de escapar de la marca de Gabriel Díaz. El delantero del “Santo” tuvo poca participación en el juego.
La luz se apagó cuando faltaba un minuto para que se cumplan los 90 de juego y el marcador estaba 0-0. Pero a San Martín de Tucumán le habían faltado luces mucho antes. El debut en la nueva temporada de la Primera Nacional dejó una sensación ambigua: dominio territorial, voluntad protagónica y empuje, pero escasa claridad para transformar ese control en situaciones nítidas. El corte eléctrico terminó de sellar una noche gris en La Ciudadela, aunque el problema fue más profundo que un desperfecto técnico.
Andrés Yllana apostó de inicio por un 4-4-2 clásico, con Facundo Pons y Alan Cisnero como referentes del ataque. Sin embargo, en fase ofensiva el esquema mutaba. Benjamín Borasi se desprendía del carril para sumarse a Pons y a Cisnero, conformando por momentos una línea de tres delanteros que intentaba fijar a la última línea de Patronato. La intención era clara: ocupar el ancho, forzar duelos individuales y atacar el área con más presencia. El problema fue cómo llegar hasta allí.
San Martín tomó el protagonismo desde el arranque, se instaló en campo rival y monopolizó la pelota. Pero entre la mitad de la cancha y los atacantes se generó un vacío. La circulación fue previsible, lateralizada y con pocas rupturas. Patronato, ordenado en un 5-4-1 bien compacto, cerró carriles interiores y obligó al “Santo” a jugar por fuera. Sin sorpresa ni cambios de ritmo, cada avance terminó diluyéndose antes de ingresar al área.
Las dos mejores acciones del primer tiempo nacieron más de impulsos individuales que de mecanismos colectivos. Primero, Borasi tuvo una chance clara con un remate desviado. Luego, Cisnero recuperó en campo propio, eludió a dos rivales y asistió otra vez a Borasi, que volvió a fallar en la definición. Fueron destellos aislados en un contexto de imprecisiones. El equipo insinuaba más de lo que concretaba.
El déficit principal estuvo en la conexión interna. Los mediocampistas no lograron filtrar pases entre líneas ni acelerar con criterio en el último tercio. Pons quedó muchas veces de espaldas, lejos del área, obligado a descargar sin profundidad. Cuando el plan inicial -amplitud y centros- perdió sorpresa, San Martín no encontró un segundo recurso. Ni remates de media distancia ni cambios de orientación que desacomodaran el bloque defensivo visitante.
En el complemento el trámite se espesó todavía más. Recién a los 25 minutos llegó la primera aproximación clara, con un cabezazo de Ezequiel Parnisari que casi rompe el cero. Hasta entonces, el partido se había jugado al ritmo que más le convenía a Patronato: pausado, friccionado y con escasos espacios. El “Santo” empujaba, pero sin desordenar al rival.
Los ingresos de Kevin López, Laureano Rodríguez y Gonzalo Rodríguez modificaron la energía del equipo. Hubo más agresividad en la presión y mayor verticalidad. El equipo adelantó líneas y empezó a recuperar más cerca del área contraria. En ese tramo llegó la mejor jugada colectiva de la noche: un taco de Pons habilitó al “Turbo” Rodríguez, cuyo remate exigió una gran respuesta de Alan Sosa. Fue la única secuencia que combinó movilidad, sorpresa y precisión.
El corte de luz, a un minuto del final, más el tiempo adicionado, dejó el partido inconcluso en términos formales. Pero el análisis ya estaba planteado. San Martín intentó y empujó. Sin embargo, la posesión no se tradujo en control real ni en situaciones suficientes. ¿Cómo transformar el protagonismo en profundidad? ¿Debe insistir Yllana con el 4-4-2 o buscar mayor densidad creativa en el medio?
El debut dejó más interrogantes que certezas. En una categoría donde los espacios son escasos y los partidos se definen por detalles, no alcanza con ocupar campo rival. Hace falta precisión, coordinación y mecanismos claros. Y en el fútbol, como quedó demostrado, sin luces propias cualquier apagón termina pesando el doble.








