De enfrentar a Maradona a compartir vestuario con Baggio y Guardiola: hoy Yllana lidera en San Martín

El DT del "Santo" repasa su recorrido desde los años en Europa y sus convocatorias a la Selección hasta el desafío de conducir a San Martín en un contexto de alta expectativa

Benjamín Papaterra
Por Benjamín Papaterra 14 Febrero 2026

En un nuevo capítulo de Charlas de Café, Andrés Yllana se sienta con tranquilidad, habla pausado y deja entrever una mezcla de experiencia, ambición y serenidad. El actual entrenador de San Martín repasa su recorrido como futbolista, su paso por el fútbol italiano, sus convocatorias a la Selección y, claro, el desafío que hoy representa dirigir en La Ciudadela. 

-¿Qué significa asumir este nuevo desafío en San Martín?

-Es una responsabilidad grandísima. Estamos hablando de un club con mucha historia, muy popular, con una expectativa enorme. Eso lo sé desde el primer día. Pero también llego con la tranquilidad de saberme preparado. Estoy feliz de asumir esta responsabilidad, de llevar adelante la ilusión de tanta gente. Y tranquilo también por el grupo que hemos armado. Se nota cuando hay buen clima, cuando hay armonía. Eso ayuda muchísimo a que el rendimiento sea mejor.

-Volviendo a tus inicios, ¿cómo fueron aquellos primeros pasos en Gimnasia de La Plata y qué huella te dejó Carlos Griguol?

-Yo soy oriundo de Rawson, Chubut. Me fui muy chico a Rosario para hacer inferiores en Newell’s, después volví al sur y surgió la posibilidad de ir a Gimnasia. Y ahí tuve la suerte de debutar rápido. Primero con (Roberto) Perfumo y después con Carlos Griguol, que fue quien marcó la etapa más exitosa del club.

Griguol nos marcó mucho. No se dedicaba sólo a lo futbolístico, también te formaba como persona. Esa era la diferencia. Estuvimos diez torneos con él y en siete u ocho peleamos arriba. Fuimos subcampeones, estuvimos muy cerca. Fueron años hermosos, de mucha competencia.

-Se habla mucho de sus famosas palmadas en el pecho antes de salir a los partidos…

-Sí, trataba de salir último siempre. Pegaba fuerte. Era su manera de despertarte, de que entraras atento. A veces era en el pecho, otras en la cara. Tenías que estar rápido. Era su estilo. Pero más allá de eso, fue un entrenador adelantado. Empezó a trabajar el equipo por líneas, a segmentar el juego. Y hacía mucho hincapié en los conceptos generales para que entendieras el juego.

-En los 90’ te tocó enfrentar a Maradona e incluso hacerle un gol a Boca en una cancha neutral. ¿Qué recordás de ese momento?

-Me acuerdo que fue en la cancha de Vélez. Boca llevaba un invicto larguísimo, récord nacional con Córdoba en el arco. Nosotros teníamos un equipo competitivo y muchas veces peleábamos hasta el final. Después, por plantel largo, Boca hacía la diferencia.

Enfrentar a Maradona era algo único. Lo habíamos visto toda la vida en la televisión. Tenía la vincha, el pelo teñido. Para un pibe joven como era yo, era algo impresionante. Se disfrutaba muchísimo.

-¿Cómo era jugar en el fútbol argentino de los 90’, plagado de estrellas?

-Era un lujo. River tenía jugadores impresionantes: Gallardo, Ortega, Francescoli, Salas, Julio Cruz. Si uno ve las carreras que hicieron, la calidad era altísima. También ayudaba el contexto económico del país. Hoy el jugador se va más rápido. Hay más comunicación, más scouting, más plataformas. Antes los clubes venían a mirar un mes entero. Ahora te analizan en tiempo real. Eso acelera todo.

- Después pasaste directamente al Brescia de Italia. ¿Cómo fue ese cambio?

-Fue una experiencia muy constructiva. Compartí vestuario con jugadores como Guardiola, Baggio y Pirlo. Cuando convivís con estrellas mundiales entendés por qué son lo que son. Juegan simple, entienden el juego de una manera clara. Eso es lo más difícil. Te abre la cabeza. Brescia era un club que normalmente peleaba por salvarse, pero con ese grupo entramos en copas, algo raro para el club. Fueron años muy buenos.

-¿Cómo se manejaba un vestuario con tantos nombres fuertes?

-Tuvimos un entrenador con más de 700 partidos en Serie A, con mucha experiencia. Dejaba que el grupo se autorregulara y aparecía cuando tenía que aparecer. Cuando lo deportivo funciona, la convivencia mejora. Y esos años fueron buenos.

-¿Te dolió cuando el club desapareció por problemas económicos?

-Sí, porque mucha gente que trabajaba ahí desde hacía años perdió su lugar. Se refundó con otro nombre. La gente sigue yendo, con las mismas banderas, pero no deja de doler perder una historia así.

-¿Te gustaría dirigir en Italia algún día?

-Sí, lo tengo en mente. En algún momento estuvo la posibilidad, pero yo estaba trabajando acá y no se dio. Nunca sabés en el fútbol. No cierro ninguna puerta. Me he preparado para eso.

-También fuiste convocado a la Selección. ¿Qué recordás de esas experiencias?

-Con Bielsa ya había trabajado como sparring cuando estaba en inferiores de Newell’s. Con Passarella tuve la mala suerte de estar arrastrando una pubalgia que después terminó en operación. Y la Selección es eso: un tren que no pasa seguido. Tenés que aprovecharlo.

-¿Existe esa diferencia entre “jugadores de club” y “jugadores de selección”?

-Depende de la personalidad. Hay más presión, sí. Más expectativa. Pero todos los que llegan ahí son muy buenos. Influyen el momento de la carrera, el contexto del equipo, la confianza que te dan. No hay una fórmula única.

-¿Qué cambia entre ser jugador y ser entrenador?

-Muchísimo. Como jugador estás pendiente de tu rendimiento. Como entrenador estás pendiente de 30 cabezas. Necesitás muchas más horas de trabajo. Tenés que inspirar, convencer, liderar. Pero para mí el liderazgo es saber delegar. No podés pretender que el jugador decida todo como vos. Le das una idea, un marco, y dentro de eso tiene que tener autonomía.

-Viviste la final de la Primera Nacional 2024 desde el lado de Aldosivi. ¿Cómo se preparó ese partido?

-Logramos lo que queríamos: tranquilidad. Enfocarnos en lo único que podíamos controlar, que era nuestro rendimiento. Hicimos buena logística, aislamos al grupo de todo lo que rodeaba a la final. Y eso fue clave. Muchos dijeron que entramos “por la ventana”, pero estuvimos casi todo el torneo entre los cuatro primeros. Siempre fuimos competitivos.

-Hoy el desafío es San Martín. ¿Cómo estás viviendo este presente?

-La expectativa es la de siempre en San Martín: pelear arriba. Pero todo lleva un proceso. Trajimos muchos jugadores, estamos equilibrando lo físico porque algunos venían con pretemporada y otros no. Buscamos que todos lleguen al mismo nivel competitivo. La Ciudadela tiene un marco de Primera División. Cuando jugás de local sentís eso. Pero también trae responsabilidad. Hay que saber manejar la presión.

-¿Te sorprendió algún jugador?

-Los refuerzos los conocía. Estoy conforme. Y hay chicos de inferiores que tienen muchas condiciones. No miro el DNI ni la trayectoria. Miro lo que la cancha muestra. La posibilidad la van a tener. Depende de ellos creérsela y demostrar que pueden ser protagonistas.

-Si tuvieras una “varita mágica”, ¿cuál sería tu sueño como entrenador?

-Disfrutar. No es fácil disfrutar siendo entrenador. Dejarle algo al jugador, que el equipo haga lo que uno entrena, que el club se sienta representado. Esa es la mayor satisfacción. Después, claro, ganar siempre es mejor. Pero lo más importante es ver que el trabajo se refleja en la cancha.

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