CONSAGRACIÓN. Los jugadores de Seattle celebran tras asegurar el trofeo con una actuación dominante en todas las fases del juego. AFP

El plan se sostuvo de principio a fin. Seattle Seahawks construyó su consagración desde la defensa, castigó cada error rival y terminó bajando el telón del Super Bowl LX con autoridad. El 29-13 frente a New England Patriots dejó poco margen para la discusión y marcó el regreso de la franquicia a lo más alto después de una década.
El arranque ya insinuaba el rumbo. Apenas tres minutos necesitó el equipo para ponerse en ventaja con el primero de los cinco goles de campo de Jason Myers, una actuación que quedará en los libros del evento. A partir de ahí, el dominio fue territorial y emocional. La línea defensiva empezó a llegar sobre Drake Maye, lo incomodó en cada lectura y empujó a los Patriots a una seguidilla de despejes que condicionó todo el desarrollo.
La primera mitad se fue sin touchdowns, pero con la sensación de que Seattle tenía el control. Incluso cuando la ofensiva no lograba capitalizar en la zona roja, los puntos seguían cayendo a su favor gracias a la puntería de Myers. Del otro lado, las intervenciones del esquinero Christian González evitaron que la diferencia fuera mayor antes del descanso.
El golpe anímico definitivo llegó en el tercer cuarto. Tras una captura con balón suelto que volvió a desnudar las dificultades de protección de New England, Sam Darnold encontró a AJ Barner en la zona de anotación y el marcador saltó a 19-0. Para un equipo que había vivido de las remontadas en el pasado, esta vez la montaña resultó demasiado empinada.
Maye reaccionó con orgullo y conectó con Mack Hollins para achicar distancias, pero cada intento encontró respuesta inmediata. Una intercepción de Julian Love volvió a inclinar el campo y, poco después, el linebacker Uchenna Nwosu recorrió 45 yardas hasta el touchdown que terminó de clausurar la historia.
En medio de ese escenario, el premio al Jugador Más Valioso quedó en manos de Kenneth Walker III. Sus 137 yardas por tierra, sumadas a su aporte en el juego aéreo, fueron el sostén de una ofensiva paciente, más preocupada por no cometer errores que por buscar el golpe espectacular. Fue el primer corredor en quedarse con el reconocimiento desde finales de los años noventa.
Para Darnold, tantas veces cuestionado a lo largo de su recorrido por la liga, el título tuvo sabor a reivindicación. Sin pérdidas en la postemporada y con la templanza necesaria para administrar ventajas, el mariscal encontró en Seattle el lugar para reescribir su historia.
La revancha también tuvo un componente emotivo. Aquel recuerdo doloroso ante los Patriots quedó atrás. Esta vez, la defensa dictó las reglas y el trofeo viajó hacia el noroeste de Estados Unidos, sostenido por un equipo que hizo de la presión y la disciplina su identidad.







