
Cada vez más especialistas en salud mental advierten que el uso excesivo de celulares, tablets y computadoras también deja huellas emocionales y cognitivas en niños y adolescentes.
La sobreexposición a estímulos constantes, la presión de las redes sociales y la falta de descanso afectan la concentración, el estado de ánimo y la calidad del sueño, en una etapa clave para el desarrollo. Así, el debate ya no gira solo en torno al tiempo frente a la pantalla, sino a cómo ese hábito cotidiano puede alterar el bienestar psicológico de las nuevas generaciones. Esto resulta aún más preocupante en la adolescencia, una etapa clave para el desarrollo social y emocional, ya que el uso excesivo de pantallas puede aumentar el riesgo de ansiedad, depresión y trastornos del sueño.
En este contexto, Virginia Vargas, psicóloga especialista en infancias y adolescencias, manifestó que los principales cambios que se observan por el consumo intensivo en la primera infancia , está ligado a la socialización. “Hay más dificultad en la interacción presencial y los espacios que antes eran ocupados por el juego libre ahora están invadidos por la virtualidad”, afirmó a LA GACETA.
Contradicciones
La virtualidad genera muchas contradicciones. Por un lado, tiene efectos negativos que impactan en la salud física y emocional; por otro, estar conectados se volvió una necesidad cotidiana y el uso del celular resulta casi imprescindible. Estos dispositivos, que funcionan como computadoras en miniatura, concentran información personal, vínculos, trabajo y ocio. No es casual que circulen frases como “si pierdo el celular, pierdo todo” o “está mi vida ahí dentro”, una hipérbole que refleja la dependencia actual de los dispositivos.
“Lo que más se ve afectado es la capacidad de espera y la tolerancia a la falta de gratificación inmediata. Esto genera frustración y, en consecuencia, enojo”, expresó Vargas al reflexionar sobre cómo la inmediatez que imponen las pantallas y las redes sociales moldea los vínculos y las formas de relacionarse de niños y adolescentes.
Vargas explicó que la niñez y la adolescencia son etapas clave en la construcción de la vida adulta, ya que cada momento del desarrollo presenta necesidades y características propias. En la primera infancia, el uso excesivo de pantallas puede interferir en el neurodesarrollo, la socialización y la formación del autoconcepto. En la adolescencia, en cambio, la fuerte influencia de las redes sociales y la búsqueda de validación externa pueden impactar en la identidad, distorsionar la imagen corporal y, en algunos casos, favorecer la aparición de trastornos de la conducta alimentaria. Finalmente, concluyó destacando la importancia de promover una educación digital y de incorporar actividades que exijan atención sostenida, como deportes, propuestas artísticas o la lectura.








