Cume Hué, antes del incendio que afectó el paisaje del Parque Nacional Los Alerces. (La Nación)

El fuego no mide títulos históricos ni reconocimientos internacionales. Apenas le importan las restricciones y mucho menos respeta estatutos legales. Es despiadado e insensato, aunque la culpa recae en quienes lo provocan y actúan de la misma manera desconsiderada. Hoy hay más de 230.000 hectáreas quemadas de nuestra Patagonia, pero hay cosas que no quedaron en el fuego, y ante los pronósticos más lamentables, un complejo turístico sobrevivió a su entorno devastador.
Cume Hué, una hostería de Esquel, Chubut, se sobrepuso al avance iracundo de las llamas en la zona más afectada por la amenaza ígnea. Este establecimiento, ubicado sobre la margen derecha del lago Futalaufquen, dentro del Parque Nacional Los Alerces, se mantuvo impasible frente a un escenario infernal: el avance implacable de un incendio incontrolable.
Crónica de una lucha cotidiana
Elvin Ríos, quien está al mando de Cume Hué, contó a La Nación cómo su rutina pasó de atender a visitantes para convertirse en una lid diaria contra el siniestro incesante que desde el 9 de diciembre amenaza a la región. Con el correr de los días, y el empeoramiento de las condiciones climáticas, el frente comenzó a expandirse con mayor velocidad y a multiplicar puntos activos.
Ríos tomó dimensión de aquella tragedia el 6 de enero. El avance fue tan rápido que, en pocas horas, la combustión se desplazó hacia el lago Futalaufquen y comenzó a amenazar directamente a las áreas habitadas. Dos días después, el foco alcanzó Laguna Escondida y, en apenas cuatro horas, empezó a descender hacia el sector donde se encuentra la hostería.
El esfuerzo de una comunidad unida
“Ahí entendimos que podía llegar hasta acá”. A pesar de haber decidido autoevacuarse, Ríos volvió al lugar al que había dedicado toda su vida. En esos días, varios focos se desplazaron desde el cerro y continuaron por la costa del lago. “Logramos extinguirlos usando motobombas y tótems”, rememoró.
Jazmín está de acuerdo en que la colaboración entre vecinos fue fundamental. “Más tarde llegaron a ayudarnos y los chicos se pusieron a trabajar. Así estuvimos por casi una semana. Gracias a Dios Cume Hué no se quemó, ya que estuvieron todo el tiempo mojando y evitando nuevos brotes, pero en los alrededores fue un desastre”, comentó.
Un escenario que sigue en alerta
Aunque todos los habitantes de la provincia tratan de mejorar las circunstancias, la situación general continúa siendo crítica. En este contexto, se entabló una batalla en las áreas con más actividad a través de un trabajo entre entidades provinciales y nacionales, con ajustes constantes de acuerdo con los cambios meteorológicos para proteger la seguridad del personal.








