Ternura y trinchera: primera convocatoria editorial

Entrevista con Brian Hock, editor de Ramaraíz, sello independiente dedicado a la edición artesanal que lanzó una convocatoria federal para textos en verso y prosa en interesantes colecciones.

Ternura y trinchera: primera convocatoria editorial
Hace 5 Hs

Por Mario Flores

Editor y gestor cultural, Brian Hock es una de las voces detrás de Ramaraíz, un sello editorial independiente que apuesta por la edición artesanal y la circulación de nuevas escrituras fuera de los circuitos tradicionales. Desde ese lugar, impulsa proyectos que combinan diseño, oficio y una mirada federal sobre la literatura contemporánea. En esta entrevista, Hock habla sobre la identidad de Ramaraíz, el trabajo detrás de cada libro y la reciente convocatoria abierta a textos en verso y prosa, pensada para dar espacio a autores y autoras de todo el país en colecciones que buscan dialogar con el presente.

En la era del phishing pareciera que todas las convocatorias para la recepción de obras inéditas (para aquellos que escriben) son estafas más o menos disimuladas por la desesperación de publicar, el desconocimiento del proceso de edición, y la captación de clientes que paguen imprentas. Ramaraíz lanza su primera convocatoria con un claro eje de dirección estética y política, ¿cómo se decidió la línea de los textos que desean leer?

Lejos de todo romanticismo, la editorial es un lugar de encuentro, de un íntimo vínculo con lxs autorxs. Es un trabajo artesanal y hecho a pulmón. Es algo serio, y lo último que haríamos sería currar con gente que entrega su obra cargada de expectativas. La decisión de lanzar esta convocatoria está ligada a la política de la editorial: no hacer oídos sordos y prestar atención a lo que convulsiona. En una era atravesada por la desinformación, el trolleo, el doxeo, el odio y el rencor que circulan en la calle virtual, esta convocatoria aparece como una respuesta. Pero no desde la inocencia ni la tontería, sino desde otra forma posible de vincularnos con la sociedad y con las individualidades. También es una resistencia a la hiperconectividad: salir de la virtualidad adictiva y escatológica, volver a tocar pasto y a tocar libros. Se siente un regreso a lo analógico, a la palabra oral, a la palabra en papel, a la materialización de las ideas frente a su digitalización constante. Darle cuerpo a los textos, sacarlos de la pantalla o del chip, y volver a lo humano en un mundo donde la cultura está recibiendo golpes duros.

Son tres los formatos de publicación que el sello, de reciente creación, viene trabajando desde la provincia de Chaco: fanzines, plaquetas, libros tradicionales, pero también encuadernaciones artesanales; ¿cuál es la parte más difícil de establecer una identidad editorial entre tantos proyectos que dicen acercar al cliente al sueño de ver su libro en papel?

Los fanzines, los libros o las encuadernaciones artesanales no son formatos neutros: son decisiones estéticas y políticas. Cada texto pide su cuerpo, su materialidad, su modo de circular. Sostener la identidad editorial implica decir muchas veces que no, leer con atención, acompañar procesos y entender que editar no es cumplir el sueño individual o el capricho de ver un libro en papel, sino construir un catálogo-ecosistema que dialogue consigo mismo.

La convocatoria se titula Ternura y Trinchera, dos elementos clave en nuestra actualidad bélica y paranoica, que amanece con nuevos traumas armamentísticos y anochece con nuevas verdades desmanteladas; ¿qué aspecto revolucionario trama la ternura y el cariño como elementos que se reivindican en la escritura y la búsqueda de una expresión literaria, además de la denuncia?

Ternura y trinchera: primera convocatoria editorial

En un contexto atravesado por la violencia, la paranoia y la espectacularización del daño, la ternura suele leerse como algo ingenuo o menor. Para la editorial es todo lo contrario: la ternura es profundamente útil y necesaria cuando se ejerce como práctica consciente. Escribir desde la ternura no implica suavizar el conflicto, sino no reproducir la lógica de la crueldad. La trinchera no es solo el lugar de la resistencia frontal; puede ser un espacio de cuidado, de comunidad, de escucha. Una escritura que no se ahogue en la denuncia, sino que imagine otros modos de estar juntxs, de decir y de sostenernos. Hay mucha gente usando el arte como un canal para depurar, manifestar y volver a conectar con otrxs.

¿Qué es lo más difícil a la hora de recibir material nuevo? ¿Cómo se imaginan un futuro catálogo con participaciones seguramente de puntos lejanos del país, pero unidos por la misma línea editorial?

Lo difícil es hacerle justicia a cada obra, darle el tiempo y el cuidado que merece, y militar esos textos desde una editorial independiente y chaqueña. Pensamos el futuro catálogo-ecosistema como un espacio bibliodiverso pero coherente y simbiótico, donde convivan voces de distintos puntos del país o de la región.

Ramaraíz conecta necesariamente con lo orgánico y lo natural, pero también con la respuesta colectiva y el entender la literatura como campo de batalla; ¿cuáles son las principales problemáticas y motivaciones a la hora de seguir dándole vida a un sello editorial independiente en la Argentina de hoy?

Trabajar en una editorial independiente hoy en Argentina implica convivir con la precariedad, la inestabilidad económica y el desgaste, pero también con una enorme red de afectos, alianzas y resistencias culturales. Como a muchas editoriales, nos atraviesa fuertemente la preocupación económica. Una de las mayores dificultades es encontrar imprenta que respetara la política sustentable y, al mismo tiempo, se ajustara a un presupuesto posible. Esa búsqueda llevó a optar por alternativas más convencionales y artesanales. Lejos de desalentarnos, seguimos resistiendo dándole marcha al proyecto editorial. Defender tiempos lentos en un mundo acelerado y sostener una idea de edición que no separe estética de política es parte del desafío. La literatura puede ser un campo de batalla, sí, pero también un lugar donde ensayar otras formas de vida. Mientras eso siga siendo posible, la editorial tendrá un propósito.



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