Por qué estos insectos son más peligrosos de lo que se pensaba, según un reciente estudio

La contaminación plástica es un problema causado por los humanos, pero los grillos, sin darse cuenta, pueden contribuir a que la situación sea peor.

Los grillos domésticos tropicales pueden diseminar microplásticos peligrosos para los ecosistemas. Los grillos domésticos tropicales pueden diseminar microplásticos peligrosos para los ecosistemas. Fuente: ArgentiNat
Hace 3 Hs

A lo sumo, pueden darnos un pequeño susto cuando deciden saltar de manera repentina, pero más allá de eso, los grillos domésticos tropicales no suscitan mayor temor, al menos desde su apariencia. Sin embargo, la ciencia advierte que estos mínimos insectos podrían ser un enigma más grande al diseminar mayores problemas iniciados por los humanos.

Un reciente estudio de American Chemical Society reveló que los grillos domésticos tropicales (Gryllodes sigillatus) son capaces de agravar la ya preocupante polución plástica, causada por la gestión ineficaz de residuos industriales y de basura humana, al desempeñar un papel relevante en la fragmentación de polímeros en el ambiente.

El vínculo de los grillos y los microplásticos

La investigación, publicada en la revista Environmental Science & Technology, advirtió que estos especímenes consumen microplásticos siempre que el calibre de su boca lo permite, sin poder diferenciar entre partículas y alimento real. Los especialistas descubrieron que una vez que las piezas podían ser ingeridas, los insectos seguían comiéndolas durante toda su vida.

El equipo liderado por Marshall Ritchie estudió cómo los ortópteros, considerados insectos generalistas por su capacidad de alimentarse de casi cualquier cosa disponible, interactúan con suministros contaminados con microplásticos a lo largo de su desarrollo.

Cómo se llevó a cabo el estudio

Para analizar el comportamiento de estos animales frente a los residuos sintéticos, los investigadores ofrecieron a grupos de adultos dos opciones: alimento libre de plásticos y alimento contaminado con microplásticos de diferentes proporciones. Los resultados mostraron que los sujetos no manifestaron preferencia por la dieta pura y, con el tiempo, aumentaron el consumo de la mezcla alterada.

Durante un periodo de siete semanas, los científicos observaron que, a medida que los grillos crecían —incrementando su envergadura corporal hasta 25 veces—, también lo hacía la dimensión de su boca. Solo cuando la abertura bucal superaba la magnitud de las partículas, podían ingerirlas enteras. Marshall Ritchie explicó: “Una vez que una partícula era lo suficientemente grande para ser ingerida, los ejemplares continuaron comiéndola durante el resto de su vida”.

El estudio concluyó que la apertura bucal era determinante en su capacidad de procesar los materiales. Los grillos más grandes fragmentaron menos las partículas grandes, mientras que los más pequeños generaron una mayor cantidad de fragmentos diminutos. Este proceso puede aumentar el riesgo ambiental de estos desechos.

Los insectos no evitaron los microplásticos cuando se les ofreció la opción y su ingesta aumentó progresivamente. A diferencia de lo observado en otros animales, la deglución de plásticos no perjudicó el crecimiento de los sujetos.

Los grillos pueden agravar la contaminación plástica iniciada por los humanos

Además, los investigadores analizaron el destino de los materiales tras su paso por el tracto digestivo. Las piezas más pequeñas, como las de 38 micrómetros, tendieron a ser excretadas intactas, mientras que las de mayor volumen, por ejemplo las de 425 micrómetros, sufrieron una fragmentación más intensa si fueron ingeridas.

La incapacidad de los grillos de diferenciar entre el plástico y el alimento lleva a una problemática mayor. Al ingerir y excretar microplásticos, contribuyen a la formación de residuos aún más pequeños, que pueden resultar más nocivos para los ecosistemas, aumentando la degradación plástica.

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