Franco Flores, el campeón que no vive de la pelota pero deja la vida por el "Rojo"
El referente de Tucumán Central se levanta todos los días a las cinco de la mañana para trabajar en el área de mantenimiento de un ministerio. En la previa de la definición del Regional, "Chicho" habla del sacrificio diario, el festejo de campeonato que debió postergar por sus obligaciones y la ilusión del ascenso.
LLEGA LA FINAL. Franco Flores empuja y ordena desde la banda en el Tucumán Central que sueña con el ascenso al Federal A.
Franco Flores es el corazón de Tucumán Central. Basta con verlo algunos minutos en cancha para notarlo: empuja, corre, arenga, se sacrifica y asiste. Pero antes de dejarlo todo en el césped de Villa Alem, “Chicho” tiene una vida que sostener. Vivir del fútbol es un privilegio para pocos y él conoce el esfuerzo desde la cuna: mientras la mayoría de los hinchas del “Rojo” todavía duermen soñando con el ascenso, él ya está despierto.
Flores tiene 32 años y es el lateral-volante titular del equipo campeón de la Liga Tucumana, que hoy pelea en las instancias decisivas del Regional Federal Amateur. Su equipo está a un paso del gran objetivo: este domingo visitará a Talleres de Perico por el duelo de vuelta de la final de la Región Norte. Ya ganó 2-0 en la ida y, de ganar la serie, disputará una finalísima por el ascenso al Federal A.
Sin embargo, a pesar de ser una pieza clave del campeón tucumano, el fútbol para él convive con otra obligación impostergable. Hace casi cuatro años que su rutina es innegociable: de lunes a viernes, a las cinco de la mañana ya está en pie para asistir a su puesto en el área de mantenimiento del Ministerio Pupilar y de la Defensa. Allí, su tarea es dejar impecables las oficinas de los abogados que atienden a personas de bajos recursos: limpia vidrios, acomoda muebles y repara lo que haga falta. A las 14 cuelga el uniforme, vuelve a su casa frente al Parque 9 de Julio, come algo rápido y cambia el chip: es hora de ir a entrenar.
"El trabajo de limpieza no es tan pesado como la construcción, pero lo desgastante es levantarse todos los días tan temprano. Vuelvo del trabajo, como y al rato ya me tengo que ir a entrenar; termino volviendo a casa a las 19. A veces llego liquidado, pero uno se termina acostumbrando", cuenta el jugador, que se entrena de lunes a lunes con su club.
No es algo nuevo para él. "Siempre estuve acostumbrado a laburar además de entrenar. En 2021, cuando fui a Unión del Norte, tenía un lavadero de autos con mi hermano; lavábamos a la mañana y a la tarde me iba a entrenar. Hasta que salió este trabajo en el Ministerio", relata.
DOBLE JORNADA. Antes de entrenar, Flores cumple su rutina diaria en el área de mantenimiento del Ministerio Pupilar y de la Defensa.
El festejo postergado
Ese sacrificio tiene un "Lado B" que pocos conocen. Flores fue fundamental en el campeonato liguista que obtuvo el "Rojo", pero la foto de los festejos esconde una anécdota agridulce: mientras sus compañeros celebraban el título hasta el amanecer, él miraba el reloj con preocupación.
"Cuando salimos campeones del Anual no pude festejar como quería porque tenía que trabajar al otro día a las 5 de la mañana. Me quedé en el club hasta las 3 con toda la euforia, pero tuve que volver a casa, bañarme, dormir una horita y levantarme. No pude festejar un título como se debe con los que lucharon todo el año", se lamenta, aunque valorando siempre la posibilidad de tener un empleo seguro.
¿Qué tiene que tener un jugador para poder vivir del fútbol? Según Flores, se trata de lucidez. "Creo que el jugador se hace con las buenas decisiones dentro de la cancha. Podés tener todo el recorrido del mundo, pero si en los últimos metros no tomás buenas decisiones, terminás siendo uno más y no te alcanza para mantenerte en un nivel mayor”, explica.
Y eso que "Chicho" no es un improvisado. Tiene un título de Técnico Vial colgado en la pared (una promesa cumplida a su tío fallecido) y varios hitos deportivos en el lomo. Fue campeón con Unión del Norte en 2021 y guarda un gran recuerdo de su paso por Concepción FC en 2015, donde marcó un gol decisivo en la final contra Mitre de Salta para ascender al Federal A. "Fue uno de los momentos más lindos. Entré a los 15 del segundo tiempo y pude hacer el tercer gol; fue un sueño", recuerda.
En aquella campaña, Flores vivió sensaciones encontradas al enfrentar a San Martín en La Ciudadela, siendo él un fanático confeso del “Decano”. "Para mí, lo más lindo fue jugar contra grandes como San Martín en su cancha llena. Yo soy 'veneno' de Atlético y jugar ahí fue un sueño. Se te llena el pecho y te emocionás en la arenga y en el túnel recordando todo lo que pasaste para llegar", confiesa.
El motor de su vida y la ilusión del ascenso
En la cancha, Flores se define como un polifuncional de mucha entrega. Pero fuera de ella, su energía extra tiene nombre propio: Lautaro, su hijo de dos años. "Tengo dos hijos: uno de siete años y Lautaro, que vive conmigo. Él tiene una energía terrible, cuando vuelvo cansado de entrenar quiere jugar a full. Ya sale a la cancha conmigo, se acostumbró a las bombas y le encanta", cuenta.
Hoy, la mente de "Chicho" está puesta en Talleres de Perico y en la ilusión de todo un barrio. Llegar a esta instancia no fue fácil: el “Rojo” debió superar a Sportivo Guzmán, San Pablo y Boroquímica en plena época de fiestas. "Han sido unas fiestas atípicas. Es medio raro porque todos se preparan para la joda y uno está concentrado porque tenemos un objetivo", valora.
MOTOR DIARIO. Flores junto a su mujer y Lautaro, su hijo, que lo acompañan en cada jornada dentro y fuera de la cancha.
Antes de despedirse, el lateral dejó un mensaje de aliento. "Estamos muy ilusionados y felices. Se vive un ambiente de mucha alegría, no solo nosotros, sino también el cuerpo técnico, los utileros y las chicas de prensa. El ascenso es un sueño para la gente del barrio que vivió las épocas malas del club. Este grupo es clave porque no se relajó después de salir campeón; queríamos más, sobre todo porque nos subestimaban y queríamos tapar bocas”, sentencia.
Tucumán Central está ante una oportunidad histórica y Flores lo sabe. Por eso, mañana, cuando suene el despertador a las cinco, se levantará otra vez en silencio. Dará una mano con lo que haga falta en el Ministerio pensando en el partido y, a la tarde, correrá hasta el último minuto, decidido a tomar la mejor decisión en esos metros finales que separan el esfuerzo de la gloria.








