LULES. El río devoró alrededor de 200 metros de la ruta 321; actualmente es la única vía 100% intransitable en la provincia, según el Gobierno.
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El extraordinario temportal que viene azotando Tucumán durante los últimos días está dejando un panorama crítico en distintos puntos de la provincia, con rutas colapsadas, barrios inundados, familias evacuadas y personas aisladas. El fenómeno, de una intensidad poco habitual, obligó a desplegar operativos de emergencia interinstitucionales, mientras las autoridades monitorean la evolución de los ríos y de los suelos saturados, que aún mantienen en vilo a la población.
Uno de los puntos más afectados es Lules; en particular, la zona de la Quebrada. Allí la crecida del río provocó la destrucción total de parte de la ruta provincial 321. El ministro de Obras Públicas de la provincia, Marcelo Nazur, explicó que el momento más crítico se registró durante la madrugada del lunes, cuando el caudal alcanzó niveles históricos. “Entre las 3 y las 6 (de ese día) se produjeron las crecidas más importantes, con volúmenes que superaron ampliamente lo habitual para esta época”, señaló el funcionario. Nazur, además, confirmó que la 321 es actualmente la única ruta completamente intransitable de la provincia. “El río se llevó gran parte de la calzada; es un daño severo que requerirá una intervención estructural”, advirtió.
Las imágenes del lugar evidencian la magnitud del impacto. Un móvil de LG Play pudo ver que, en efecto, casi 200 metros de asfalto desaparecieron; y por donde antes circulaban vehículos hoy solo hay una profunda zanja. Equipos técnicos trabajaban ayer para evaluar el terreno, mientras se implementaban desvíos preventivos por la zona.
DURA POSTAL. Villa Chicligasta quedó casi enteramente sumergida.
Nazur detalló que otras rutas presentan complicaciones parciales, como la 307, con reducción de calzada en algunos tramos; la 329, con sectores anegados; y la 334, con acumulación de agua entre La Cocha y Los Pizarros. “Pedimos a los conductores máxima precaución y respeto por las señalizaciones”, alertó.
Perjudicados
En el plano social, el temporal dejó evacuados, autoevacuados y vecinos aislados en distintas localidades del interior. El director de Defensa Civil de la Provincia, Ramón Imbert, subrayó que el operativo de asistencia se mantenía activo y coordinado con municipios y comunas. “La situación está contenida, pero es dinámica. Hay familias que se trasladan a casas de familiares y otras que necesitan asistencia directa”, explicó a LA GACETA. Según detalló, más de 136 familias estaban recibiendo ayuda, consistente en entrega de alimentos, de agua potable, de colchones y de otros elementos de primera necesidad.
CONTRA TODO. El agua dejó sin nada a familias de García Fernández.
Imbert también confirmó que el temporal se cobró víctimas indirectas: hablaba de las tres personas fallecidas el martes en un accidente vial sobre la ruta 303, que habría sido provocado por el hidroplaneo en una calzada cubierta de agua. Además, dijo que continúa la búsqueda de un pescador desaparecido, en un operativo complicado por las condiciones climáticas y el estado de los ríos.
En paralelo al daño estructural que muestra Lules, la localidad de Manuel García Fernández sintetiza el drama humano del temporal. Allí el río desbordó con violencia y avanzó sobre viviendas, arrastrando muebles, electrodomésticos y recuerdos.
Ariel, uno de los vecinos afectados, relató con crudeza el momento en que el agua comenzó a subir. “Llegó hasta la cintura. No hubo tiempo de salvar nada”, contó. Con la voz quebrada, enumeró las pérdidas: “la heladera, los colchones, la ropa, los muebles… Todo quedó bajo el barro. Es una pena muy grande porque cuesta mucho tener las cosas”.
Entrevistado por LG Play, recordó que no es la primera vez que enfrentan una situación así. “Hace 10 o 15 años pasó algo parecido. Se hicieron defensas, pero no alcanzan cuando el río viene con tanta fuerza”, reflexionó, mientras intentaba rescatar lo poco que quedó en pie.
Abril, otra vecina del barrio, describió una escena similar. “El agua entró de golpe. Se mojó todo: roperos, camas, sillas. Cuando quisimos reaccionar ya estaba adentro de la casa”, relató. Destacó que la ayuda llegó, pero dijo que el impacto emocional persiste: “quedás mirando lo que quedó y no sabés por dónde empezar”.
ARMAS. Un vecino de García Fernández combate el agua con un haragán.
Otra vecina agregó que el río no dio margen de preparación. “No avisa. De repente lo tenés en la puerta y en minutos te invade todo. Es desesperante”, dijo, mientras sacaba el barro de su vivienda.
En las calles el panorama era desolador: paredes húmedas, colchones secándose al sol y familias intentando reconstruir su rutina. “No es solo lo material. Es la angustia de ver tu casa destruida”, resumió Ariel.
Algo similar se vivía en Villa Chicligasta. “El agua sigue avanzando. Yo vivo en plena villa, y el agua ya entró al fondo de mi casa. Las autoridades no aparecieron, no se hacen cargo. Dicen que todo está controlado, pero no es verdad. Esperamos que alguien se haga eco, es un pueblo abandonado”, dijo la vecina Carolina Salvatierra.
Por el contrario, en Aguilares, que el lunes había sido una de las zonas más afectadas -fruto de la crecida del río Chico-, la situación mejoraba ayer. “Está todo tranquilo, gracias a Dios. El caudal de los tres ríos es normal; y ahora no está lloviendo”, contó Alberto Janín, director de Defensa Civil de esa ciudad. “Aprovechamos para continuar con los trabajos de desmalezamiento, de prevención del dengue y de todo lo que hay que hacer para que los vecinos tengan un entorno saludable después de una inundación”, añadió.
Asistencia
El Comité de Emergencia de la provincia monitoreaba de forma permanente las zonas afectadas y coordinaba la logística de ayuda humanitaria. De los operativos participaba personal de Seguridad, de Salud, de Desarrollo Social y de Defensa civil. Las tareas se concentraban especialmente en el sur y en el este provincial, donde los niveles de los ríos continuaban elevados.
Aunque las lluvias empezaron a disminuir, las autoridades advierten que el riesgo no desapareció. Los suelos saturados y los cauces crecidos mantienen la posibilidad de nuevos desbordes, por lo que se solicita a la población mantenerse informada y evitar circular por zonas comprometidas.








