
Joaquín Ibarra -que en paz descanse- pudo llegar a los 21 años “portándose bien”. O sea, siendo un buen chico. ¿Y esto de qué le valió? Ante el ataque de un mafioso asaltante, optó por seguir la recomendación oficial: levantó los brazos en señal de entrega, como diciendo: “tranquilo; llevate lo que quieras. Pero no tengo nada. Sólo mi bolsito”. El ladrón no se conformó. Le quitó algo mucho más valioso: la vida. Con sólo oprimir el gatillo lo logró. ¿Para qué? ¿Por qué? Ante esto, la ley argentina nunca le preguntará ni le achacará responsabilidad alguna. Con sólo verificar su edad menor a 18 años podrá retirarse a su casita y prepararse para un nuevo asalto. Todavía le quedan dos años para darse el gusto. Ya sabe que pronto tendrá que empezar a cuidarse. ¿Y el buen chico que acaba de “liquidar” porque no tenía nada para quitarle? “Y bueno... mala suerte..”, dirá. Según el Código Penal, el ciudadano argentino comienza a ser responsable de sus actos civiles y sociales recién a los 18 años. ¿Esto incluye a los asesinos de inocentes? ¿Podrá el alma de Joaquin Ibarra, torpemente asesinado por un loco adolescente,“descansar en paz?” Con todo respeto por su acongojada familia.
Darío Albornoz
lisdaralbornoz1@gmail.com







