NUEVA PRODUCCIÓN. Peter Claffey y Dexter Sol Ansell conforman el dúo protagónico que impulsa la historia.
Poniente casi siempre fue contado desde el centro del poder. Reyes, herederos, guerras inevitables, destinos que parecían escritos antes de empezar. “El Caballero de los Siete Reinos” decide correrse de ese eje y mirar otra cosa: cómo se vive en ese mundo cuando nadie te debe nada y nadie te espera en un trono. Qué significa avanzar cuando el objetivo no es gobernar, sino simplemente seguir de pie.
La nueva serie de HBO Max, creada por George R. R. Martin junto a Ira Parker, adapta las novelas cortas “Cuentos de Dunk y Egg” y se sitúa casi un siglo antes de los acontecimientos de “Juego de Tronos”. Pero más que una precuela, funciona como un cambio de escala: una historia chica dentro de un universo enorme.
Su protagonista es Ser Duncan el Alto, Dunk (interpretado por Peter Claffey), un caballero errante sin linaje, sin fortuna y con un título que muchos desconfían en reconocer. Tras la muerte de su mentor, viaja hacia Ashford con la esperanza de inscribirse en un torneo.
En el camino aparece Egg (Dexter Sol Ansell), un niño flaco, calvo y demasiado lúcido para su edad, que se convierte en su escudero. La serie se apoya casi por completo en esa relación: dos personajes en movimiento, aprendiendo a leer un mundo hostil sin manual de instrucciones.
El relato avanza sin apuro y sin ambiciones desmedidas. La mayor parte de la temporada transcurre en pocos días y en un solo pueblo, lo que le permite a la serie detenerse en escenas mínimas: comer lo que se consigue, dormir al aire libre, mirar una justa como quien busca entretenimiento y no gloria. En esos detalles cotidianos aparece uno de sus mayores logros: un Poniente más vivido que explicado.
El tono acompaña esa decisión. Hay humor físico, grosero y deliberadamente escatológico, que aparece temprano como una forma de marcar territorio. No todos los chistes funcionan ni buscan hacerlo, pero la apuesta es clara: esta no es una historia solemne ni preocupada por la épica. La comedia convive con la violencia y el desencanto, y de ese cruce surge una tragicomedia irregular pero honesta, más interesada en el carácter de sus personajes que en la espectacularidad.
Dunk cree en el ideal caballeresco, aun cuando el mundo se empeña en demostrarle que ese código tiene grietas. La serie no subraya esa tensión, pero la trabaja con constancia: el honor como aspiración más que como certeza, la justicia como algo siempre condicionado por el poder. Sin grandes discursos ni gestos heroicos, “El Caballero de los Siete Reinos” muestra cómo esos valores se ponen a prueba en escenarios pequeños, donde perder también tiene consecuencias.
Hay algunos deslices reconocibles -ciertos flashbacks explicativos, algún gesto de televisión más convencional-, pero no alcanzan a desarmar una propuesta que se sostiene por su coherencia interna. Su brevedad -son seis episodios de media hora cada uno- juega a favor: no estira conflictos ni promete más de lo que puede dar.
Para quienes busquen grandes revelaciones o movimientos decisivos dentro del universo de Poniente, la experiencia puede resultar menor. Para quienes acepten la invitación a mirar de cerca, en cambio, “El Caballero de los Siete Reinos” ofrece algo poco habitual dentro de una franquicia de este tamaño: una historia modesta, imperfecta y viva, que entiende que incluso en los mundos más crueles hay espacio para el asombro, el humor y la simple voluntad de seguir adelante.








