EN ACCIÓN. Mariano Toro se desempeña como zaguero central en Concepción FC.
Hay trayectorias que no se explican sólo con partidos o distintos equipos. Algunas se sostienen en silencios, en jornadas largas y en esfuerzos que no entran en una estadística. La historia de Mariano Toro, zaguero central de Concepción FC, pertenece a ese grupo. Llegó en febrero del año pasado desde Tucumán Central, tiene 26 años y combina el fútbol con otros trabajos para poder seguir compitiendo en una liga en la que el sueño profesional convive, día a día, con la realidad económica.
“Empecé a jugar a la pelota a los cinco años, acá en San Antonio”, contó Toro en diálogo con LA GACETA. El vínculo con el fútbol apareció temprano y nunca se rompió, aunque el camino no fue sencillo ni lineal. “Después pasé por Argentinos del Norte, me fui al Cef-18, más tarde a Atlético en donde tuve la Cuarta división, y de ahí pasé a San Jorge”, enumeró el defensor, como quien repasa estaciones que dejaron marca. Justamente su paso por el “Decano” fue uno de los momentos más complejos. “En Cuarta se juntaban las dos categorías y cuando se hizo el recorte me tocó quedar libre”, explicó dejando en claro que lejos de quedarse con la frustración, eligió seguir. “Por suerte pude continuar jugando, no me quedé parado”.
San Jorge fue una experiencia distinta. Allí integró, siendo todavía muy joven, el plantel que alcanzó la final del Federal A contra Alvarado y realizó la famosa sentada en protesta al arbitraje. “No me tocó jugar ningún partido oficial, pero sí formé parte del plantel y de los entrenamientos. Tenía 18 años”, recordó, expresando sus sentimientos al hecho de no haber sumado minutos. “Dentro de todo, no quedé con esa frustración que muchos creen. Aprendí mucho igual”, aseguró.
Luego llegaron los regionales y los constantes movimientos. “Volví a jugar en San Antonio de Ranchillos en la Primera del Anual, y de ahí me salió una posibilidad de jugar el Regional Amateur para Deportivo La Merced, en Salta. Jugué la final por el ascenso”, contó. Después vinieron Bella Vista y Tucumán Central, club en el que no sólo se afirmó futbolísticamente, sino en donde empezó a tomar forma otra parte de su vida.
OTRO ROL. El defensor cuenta con un local de ropa, donde genera ingresos extras.
“Cuando salió la aplicación empecé a hacer de Uber”, relató. “Más que nada en los tiempos libres que tenía después de entrenarme, porque uno tiene que buscar otra entrada económica”, dijo. “Tuve la suerte de poder adquirir un auto y empecé a moverlo”, explicó. A la par, sostuvo un emprendimiento familiar. “Hace un par de años tengo un local de ropa en mi casa. Viajo mayormente a Buenos Aires a traer mercadería y me manejo con eso”, explicó.
No obstante, más allá de esos ingresos extras, el trabajo como chofer no es fácil, según su mirada. “Es complicado tratar con la gente, sobre todo a las cinco o seis de la mañana. Vos no sabés qué te puede tocar”, señaló. Aunque aclaró que nunca vivió situaciones extremas, sí atravesó momentos incómodos. “Me tiraron bebida al auto y hasta no me quisieron pagar un viaje, entre otras cosas. Pasan miles de situaciones”, enumeró. “Es la necesidad la que te lleva a arriesgarte”, se lamentó.
La pregunta aparece inevitable: ¿se imaginaba esta vida cuando soñaba con ser futbolista? “Por ahí no”, reconoció. “De chico uno siempre sueña con vivir del fútbol”, dijo el zaguero. Sin embargo, no reniega del presente ni baja los brazos. “No cierro las puertas. Para mí la edad es sólo un número; nunca sabés en qué momento puede aparecer una oportunidad”, afirmó.
RECORRE LA CIUDAD. Cuando no está en un campo de juego, Mariano Toro trabaja como Uber.
A veces, el fútbol se cuela en el día a día de manera inesperada. “Me pasó que me reconozcan manejando, por la ropa de Tucumán Central o de Concepción FC”, contó. La reacción, dijo, suele ser comprensiva. “La gente entiende la situación. Acá en Tucumán, si no es una B Nacional o Primera, es muy difícil vivir del fútbol”, explicó.
La rutina exige organización y sacrificio. “En la mañana trato de ir al gimnasio, cocinarme, abrir el local; después entrenarme y, a la noche, si queda un tiempo, salgo con el auto”, describió. Toro sabe que es agotador, pero no se queja. “Es bastante cansador, pero al final de cuentas es mejor llegar cansado a casa”, sostuvo. Además, aclaró que no es una excepción. “Tengo varios compañeros que también trabajan. Algunos hacen de Uber, otros tienen trabajos desde la mañana hasta la tarde; todos estamos más o menos en la misma”, resaltó.
Su lugar en el mundo
En lo deportivo, Concepción FC representa un lugar de pertenencia y proyección. “El primer objetivo era clasificar, después entrar a los cruces y tratar de llegar a la final”, contó. Aunque no todo se dio como esperaban, mantiene la ilusión. “Creemos que teníamos uno de los mejores planteles de la Liga. Para este año las expectativas son buenas, seguramente se va a mantener una base y ya conocemos del trabajo del profe”, destacó.
Si tuviera que elegir un sólo camino, “Nano” -como lo conocen todos sus amigos- no dudaría. “Si pudiera vivir de una sola cosa, elegiría dedicarme las 24 horas al fútbol”, confesó. Mientras tanto, sigue defendiendo en la cancha, manejando en la ciudad y sosteniendo su emprendimiento. Tres frentes distintos para no soltar nunca el mismo sueño.








