Neurocientíficos descifraron la procrastinación: cómo funciona el mecanismo que nos hace postergar todo

Quizás tu baja predisposición a terminar los quehaceres del hogar no se deban a un hecho de holgazanería sino más bien a tu configuración cerebral.

Neurocientíficos descifraron un mecanismo neuronal que podría explicar la procrastinación. Neurocientíficos descifraron un mecanismo neuronal que podría explicar la procrastinación. Foto: Imagen Ilustrativa/Web
Por Luisina Acosta Hace 2 Hs

Tu predisposición para hacer las tareas pendientes podría no depender siempre de qué tan cansado esté tu cuerpo o la cantidad de horas que dormiste. Puede que la configuración de tu cerebro juegue un rol importante en tu decisión de no terminar ese proyecto hoy. Eso fue lo que descubrieron los científicos de Kioto al darse con una conexión neuronal que podría explicar las razones de la constante propensión a la procrastinación.

Aunque la palabra tiene sus orígenes en el siglo XVI, es en el último tiempo, con la era digital y la facilidad de tenerlo todo a mano, que el término "procrastinación" cobró terreno en el mundo moderno. Etimológicamente deriva del verbo en latín procrastināre, postergar hasta mañana, aunque también surge de la palabra del griego antiguo akrasia, que significa hacer algo en contra de nuestro mejor juicio. Esta es la justa definición de la suspensión de nuestros deberes para dedicar tiempo a aquello que nos permita evadirnos, pero que además sabemos que no es la mejor idea.

Toda esa complejidad humana podría reducirse en una conexión neuronal, responsable de aplazar el inicio de actividades asociadas con experiencias poco agradables, aun cuando estas conllevan una recompensa clara. Eso es lo que sugirió el estudio encabezado por Ken-Ichi Amemori, neurocientífico de la Universidad de Kioto, quien se propuso analizar los mecanismos cerebrales que reducen la motivación para actuar cuando una tarea implica estrés, castigo o incomodidad.

¿Cómo fue la investigación?

Para ejecutar su investigación, los estudiosos diseñaron un experimento con monos, un modelo ampliamente utilizado para comprender procesos de toma de decisiones y motivación en el cerebro. Trabajaron con dos animales que fueron entrenados para realizar distintas tareas de decisión.

En una primera fase del experimento, tras un periodo de restricción de agua, los animales podían activar una de dos palancas que liberaban diferentes cantidades de líquido: una opción ofrecía una recompensa menor y la otra una mayor. Este ejercicio permitió evaluar cómo el valor de la recompensa influye en la disposición a realizar una acción.

En una etapa posterior, el diseño experimental incorporó un elemento desagradable. A los monos se les dio la opción de beber una cantidad moderada de agua sin consecuencias negativas, o bien obtener una cantidad mayor con la condición de recibir un soplo de aire directo en el rostro. Aunque la recompensa era superior en la segunda opción, implicaba una experiencia incómoda.

Tal como anticipaban los investigadores, la motivación de los macacos para completar la tarea y acceder al agua disminuyó de forma considerable cuando se introdujo el estímulo aversivo.

El circuito neuronal de las recompensas costosas

Este comportamiento permitió identificar un circuito cerebral que actúa como un freno de la motivación ante la expectativa de situaciones adversas. En particular, se observó la participación de la conexión entre el estriado ventral (EV) y el pálido ventral (PV), dos estructuras localizadas en los ganglios basales del cerebro, conocidas por su papel en la regulación del placer, la motivación y los sistemas de recompensa.

El análisis neuronal reveló que, cuando el cerebro anticipa un evento desagradable o un posible castigo, el estriado ventral se activa y envía una señal inhibidora al pálido ventral, que normalmente se encarga de impulsar la intención de ejecutar una acción. En otras palabras, esta comunicación reduce el impulso de actuar cuando la tarea está asociada con una experiencia negativa.

Descubrieron que es posible inhibir este circuito

Para comprobar el papel específico de esta conexión, según relata el trabajo publicado en la revista Current Biology, los investigadores utilizaron una técnica de quimiogenética que, mediante la administración de un fármaco especializado, permitió interrumpir temporalmente la comunicación entre ambas regiones cerebrales. Al hacerlo, los monos recuperaron la motivación para iniciar las tareas, incluso en aquellas pruebas que incluían el soplo de aire.

Pero no todo son desventajas. Amemori subraya que este circuito cumple una función protectora esencial. “Trabajar en exceso es muy peligroso. Este circuito nos protege del agotamiento”, señala en declaraciones recogidas por Nature. Por ello, advierte que cualquier intento de modificar externamente este mecanismo neuronal debe ser abordado con cautela, ya que aún se requiere más investigación para evitar interferir con los procesos naturales de protección del cerebro.

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