Cómo fingir erudición
Algunos se dedican en cuerpo y alma a aparentar riqueza, juventud o éxito social, entre otras banalidades impuestas por la moda a las mayorías más peleles. Otros, en cambio, todavía hoy pretenden fingir erudición: son los que ostentan un rango más elevado y selecto. A ellos, que custodian los rescoldos del fuego sagrado, va dedicada esta guía. Una herramienta útil para cualquiera e indispensable para los escritores, una suerte de ganzúa intelectual para acceder a un discurso atractivo pero demasiado oneroso y, en principio, vedado a quienes carecen del tiempo y la paciencia de los eruditos de antaño.

Por Juan Ángel Cabaleiro
Para LA GACETA - TUCUMÁN
Veamos un caso: estoy en un local de libros usados de la peatonal tucumana y tengo a la vista un mamotreto titulado Historia de la literatura griega, de un tal Albin Lesky, perfecto para mi propósito. Lo abro en una página al azar (en este caso la 325), y leo el inicio de un párrafo cualquiera: “Entre los himnos homéricos hicimos referencia al himno de Hermes, que relata la niñez del dios de los ladrones con vigoroso humor. Sófocles tomó como tema de su obra el robo de los bueyes de Apolo…”. Listo. Con estas líneas, las únicas leídas, ya tengo más que suficiente: esa es la ganzúa. Dejo el libro y salgo a la calle a caminar un poco, a masticar esa información rogando que nadie me interrumpa. Al rato, ya sentado en un banco de la plaza Urquiza, tengo digeridas dos ideas: 1. Homero y Sófocles escribieron sobre un robo; 2. La literatura policial es un tema clásico. Solo me queda memorizar un par de datos y seguir las “cinco máximas fundamentales” para enfrentar a cualquier periodista, entrevistador o contertulio de café:
Primera máxima: colar una respuesta preparada sin importar la pregunta que nos hagan. Supongamos: “¿pensás visitar la Feria del Libro de Buenos Aires?”. Responderemos: “bueno, no, las ferias son eventos esencialmente comerciales, ceñidos a las modas, y mi literatura, como género policial, aunque está viviendo un auge en estos tiempos, se remonta a los clásicos. Recordemos que Homero trató el tema del dios de los ladrones en aquel famoso himno a Hermes. Incluso Sófocles contó el robo de los bueyes de Apolo, solo por poner algunos ejemplos. El tema del delito está presente en la literatura desde sus orígenes…”.
Segunda máxima: corregir al interlocutor con matices conceptuales supuestamente determinantes: “entonces, ¿hay una influencia del mundo clásico en tu literatura?”. “No, no, yo no hablaría de influencia, sino más bien de pervivencia. Son cosas muy distintas y hay que tener cuidado con eso. La idea de influencia ha sido muy negativa en la historia de la literatura. Nefasta, diría yo. La pervivencia, en cambio, refleja mucho mejor las continuidades en el mundo de la cultura…”.
Tercera máxima: apelar a conceptos raros de otras disciplinas, aunque no vengan a cuento: “¿cómo definirías tu estilo literario?”. “Mirá, en la física de partículas se habla del quantum de energía, que son paquetes de energía. Es lo que hago con mi escritura: cada párrafo funciona como un quantum de estilo que irradia al resto de la página, es un quantum idiosincrático, consustancial a mi poética. No concibo el estilo de otra manera…”.
Cuarta máxima: elegir dos referencias culturales extravagantes y guitarrear una conexión entre ellas: “¿cómo surgió la idea de tu última novela?”. “Es un cruce de dos mundos: el de la física teórica, a partir del concepto de quantum, representado por Carrizo, el protagonista que es pura energía empaquetada, y la poética de los himnos homéricos, que encarna el personaje de Julia, la seductora que le roba el corazón, como un símbolo de los bueyes de Apolo… Lo que intento desarrollar es una tensión entre los personajes a la manera de un quantum homérico y es ahí donde encuentro las coordenadas para entender la crisis de la sociedad contemporánea.… Esta imbricación entre Homero y la física cuántica siempre me resultó muy iluminadora y fascinante, y para mí funcionó como un disparador de la novela…”.
Quinta máxima: fingir indignación ante el desinterés social por obras dizque fundamentales: “¿qué libro recomendarías leer a los jóvenes que se inician en la escritura?”. “Bueno, para empezar, Historia de la literatura griega, de Albin Lesky, una obra que lamentablemente está cayendo en el olvido y casi no se lee en la actualidad, a pesar de que es un texto fundamental, imprescindible, y que te abre infinitas posibilidades…”.
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Juan Ángel Cabaleiro – Escritor.







