Estrategia y magia: Milei busca liderar la derecha regional; con Trump, nunca nada es lo que parece

Por Hugo E. Grimaldi.

Estrategia y magia: Milei busca liderar la derecha regional; con Trump, nunca nada es lo que parece
10 Enero 2026

El receso de enero que le bajó las tensiones locales y los acontecimientos en la región, sobre todo, le han proporcionado a Javier Milei una lente diferente para galvanizar una presencia más hemisférica. Para este año, el Presidente ha sugerido que buscará articular un bloque de países del centro a la derecha en América, con apoyos potenciales en Paraguay, Ecuador, Honduras y ahora en Chile, con posibilidad de que se sumen Costa Rica, Colombia y Perú, donde los electorados muestran un viraje hacia posiciones conservadoras. La estrategia se centra en liderar una “cumbre de derecha” con naciones que compartan su batalla cultural contra el socialismo.

Muchos se preguntan si con los graves problemas que aún tiene la Argentina para resolver en materia económica (recuperación del nivel de actividad y de empleo), social (rearmado del tejido productivo y sustento educativo), financiera (recomposición de Reservas y necesidad de bajar el Riesgo-País para acceder al mercado voluntario de deuda), legislativa (la pelea que se viene por la Reforma Laboral), institucional (temas de Coparticipación con gobernadores) o aún en temas políticos (alianzas, ya mirando a 2027), es tiempo para que el Presidente atienda ese costado de la realidad dominado en estos días por el caso Venezuela, a la vez derivado de la incursión de Donald Trump sólo para capturar a Nicolás Maduro, de momento.

La aclaración es pertinente, porque el liderazgo de Trump es el que envalentona a Milei aunque, más allá de la edad, hay muchas cuestiones teóricas y de manejo político que ambos personajes aún no congenian. El primero encarna la experiencia práctica del negociador-showman, mientras que el presidente argentino representa el bagaje teórico del economista doctrinario. Ambos estilos convergen en la política internacional y regional: uno, aporta la capacidad de presión inmediata y el otro, la legitimidad ideológica. Juntos, configuran un eje donde la práctica y la teoría se retroalimentan: se podría decir que Trump es quien dramatiza, mientras que Milei fundamenta, pero el presidente argentino debería saber que no nada seguro en esa relación.

Por ejemplo, el uno de los Estados Unidos juega siempre a cambiar sobre la marcha para no desnudar ninguna estrategia y abre frentes de modo permanente (Venezuela y con él, China, Rusia, Cuba e Irán, su ambición por Groenlandia, Nigeria, etc. etc.), algo que a cualquier teórico de la planificación lo volvería loco, pero él es así: juega en seis tableros a la vez.

Por su parte, Milei es de vuelo más teórico, con mente más matemático- científica.

Trump trasladó a la política internacional el mismo estilo de negociación que mostraba, seguramente como imagen de lo que fue su vida empresaria, en aquel programa de TV que lideraba como un gran gurú de los negocios: teatralidad, presión extrema, imprevisibilidad y búsqueda de resultados inmediatos. Lo que en televisión era un espectáculo de poder y eliminación (“Estás fuera”), en diplomacia se convirtió en amenazas de sanciones, rupturas de acuerdos y el uso del factor sorpresa para forzar concesiones.

En cambio, en el caso del presidente argentino su capital político proviene de la teoría económica, especialmente de la escuela austríaca y fundamenta siempre sus decisiones en principios teóricos como la defensa del mercado libre, la crítica al Estado y la batalla cultural contra el colectivismo. Milei se presenta como divulgador, explicando conceptos complejos en lenguaje que no siempre es tan accesible, pero lo hace para legitimar sus reformas mientras busca que las políticas se alineen con un marco teórico consistente, incluso si generan resistencia práctica.

A una semana del caso Venezuela, el presidente de los Estados Unidos ya ha mostrado media docena de caras de la realidad que describen como escala siempre sus apuestas. Invadió un territorio soberano, capturó al dictador acusado de haberse apropiado de unas elecciones que perdió, pero nada hizo para desactivar las segundas líneas. Ni se inmutó por Diosdado Cabello y le dejó las riendas a Delcy Rodríguez, dejándolos en el papel de entregadores de su anterior jefe. Es más, parece haber pactado con ellos para que administren una transición que resulta ser aún algo gaseosa, que deja afuera de momento a “la señorita María Corina Machado”.

Mientras puso por delante la lucha con el narco, desde lo estratégico Trump primero que nada apuntó al petróleo, le hizo creer a muchos que ésa era su principal ambición, pero en realidad lo que buscó fue desactivar las entregas a sus enemigos, a los que intenta remover de la región, aunque eso pueda significar un nuevo reparto del mundo en tres. Y tras esta hipótesis surgen otros interrogantes: ¿qué hacer (y qué tolerar) con otros países de los respectivos patios traseros, como Cuba, Ucrania y Taiwán? Es decir que el caso Venezuela que comenzó como la remoción de un dictador, ahora pasó a ser una situación de envergadura global. Con Trump, como con los magos de salón, nunca nada es lo que parece.

En este contexto, aunque no de modo unánime, Europa acaba de aprobar el acuerdo comercial con el Mercosur, buscado por las partes desde hace un cuarto de siglo. En términos de mercado, su impacto para la región será más que significativo porque incluye la posibilidad de acceso a insumos más baratos que permitirá a la industria acceder con mayor facilidad a maquinarias, tecnología y bienes de capital europeos, lo que debería favorecer la modernización productiva. El acuerdo viene con una importante apertura arancelaria, aunque el capítulo agrícola hizo que cinco países, con Francia a la cabeza, se negaran a ratificarlo, discusión que continuará en el Parlamento Europeo y en los Tribunales seguramente, con legisladores que ya evalúan recursos legales para frenar la aplicación del tratado.

Si los congresos avanzan sin mayores obstáculos durante 2026, el acuerdo podría comenzar a aplicarse de manera provisional hacia finales de ese año.

Además, hay incentivos a la ratificación rápida, ya que el primer país sudamericano que logre la aprobación parlamentaria podrá utilizar de manera exclusiva las cuotas de exportación asignadas por la Unión Europea -carne, granos y biocombustibles- hasta que los demás socios completen sus trámites internos. Hasta ahora, el gobierno argentino considera el acuerdo como un “ancla” para sostener reglas claras y estándares internacionales, con la expectativa de que facilite tanto el comercio como la llegada de inversiones extranjeras a largo plazo.

El acto formal de la firma en el caso del Mercosur está previsto para el sábado próximo en Asunción, más allá de que el paso marca el cierre de la negociación técnica y abre la etapa de validación legal descripta en cada región. El momento tendrá el condimento extra del encuentro de los presidentes Lula y Milei, separados aún mucho más por el caso Venezuela, tanto que Brasil acaba de abandonar la representación de los intereses argentinos en ese país. Todo está aún dentro de la galera.

Mientras Mario Pergolini preguntaba a sus invitados “¿te gusta la magia?” y Agustín “Rada” Aristarain hacía de las suyas noche a noche en la televisión, hay otros elementos de sorpresa e ilusión que invaden a diario el ámbito político a nivel global y allí, el mago central es sin lugar a dudas Trump. Aunque nada hace presagiar un cambio de postura, sabida la tirria que éste parece destilar ahora por la Unión Europea, no va a faltar quien le sople al oído de Milei que por ahí no es el momento oportuno. No debería ser, pero en este mundo tan cambiante, donde manda el ilusionismo, todo siempre parece sorprendente… hasta que deja de serlo y pasa a ser provisorio.

Comentarios