EN LA CIUDAD. Una mujer camina por las calles de Caracas, con un mural de fondo de la industria petrolera.
No hace mucho tiempo, a principios de noviembre, el Fondo Monetario Internacional (FMI) había expuesto la situación económica de Venezuela. En el informe Perspectivas Económicas “Las Américas”, el organismo pronosticó que el crecimiento económico venezolano se desaceleraría al 0,5% en 2025 en medio de crecientes desafíos macroeconómicos. La incertidumbre comercial y política ha aumentado, y eso ha reactivado las distorsiones económicas y frenado la demanda interna. Pese a un desempeño relativamente sólido en el sector petrolero (alrededor de un millón de barriles diarios), los menores precios del crudo, los mayores descuentos y las dificultades logísticas han mermado los ingresos asociados a las exportaciones de petróleo, y eso ha provocado una escasez generalizada de divisas, detalló el organismo, meses antes de la invasión estadounidense a Caracas, que terminó con la captura del presidente Nicolás Maduro. El déficit fiscal en ese país es persistente, lo que obliga a incrementar la emisión monetaria. “Ante esta situación se prevé que la depreciación del tipo de cambio continúe y que el bolívar pierda alrededor del 80% de su valor en 2025”, estimó el Fondo, algo que sucedió al cerrar el ciclo.
El gran agujero negro venezolano sigue siendo la tasa de inflación. “A pesar de las mayores intervenciones cambiarias y los esfuerzos para controlar los aumentos de los precios, la tendencia inflacionaria a la baja de los últimos seis años se revertirá y la inflación subirá hasta alrededor del 549% al cierre de 2025. Venezuela continúa inmersa en una profunda crisis económica, política y humanitaria, que ha llevado a alrededor de 8 millones de personas (un 25% de la población) a abandonar el país desde 2014”, argumentó el FMI.
Ese es el escenario con el que asumió Delcy Rodríguez a la Presidencia de la Nación Bolivariana. Para ella, esos indicadores no son extraños. Fue ministra de Economía y Finanzas, además de haber estado a cargo de la cartera de Petróleo. Los altos niveles de pobreza contrastan con la riqueza que existe en los suelos de la República Bolivariana: las reservas probadas de petróleo en la actualidad superan las 303.000 barriles y la convierten en las mayores del planeta, aunque hay demasiado retraso en la extracción.
El propio Donald Trump afirmó que Venezuela le entregará hasta 50 millones de barriles de crudo a Estados Unidos, valuados en torno a U$S 2.800 millones a precios actuales, dejando en claro una de las razones del abordaje contra Maduro. El mandatario norteamericano presenta a la operación como un beneficio para ambos países. Más allá de que esto mantiene la línea de la Doctrina Monroe, orientada a ampliar la influencia económica de Estados Unidos en la región, también funciona como una señal de poder hacia China, hasta ahora el principal comprador de petróleo venezolano. Así, el gigante asiático no solo debería prepararse para dejar de recibir envíos desde Venezuela, sino también para recalibrar su estrategia sobre América latina, advierten en el mercado bursátil.
Venezuela acumula crudo sin despachar tanto en tanques como en buques desde el inicio del bloqueo, y la petrolera estatal PDVSA enfrenta limitaciones de almacenamiento, según datos de Kpler. En este contexto, Chevron sigue siendo la última empresa estadounidense que produce y exporta crudo venezolano bajo una exención a las sanciones, y ya reservó al menos 11 buques. En cuanto al impacto en los precios, entre 30 millones y 50 millones de barriles es una cifra relevante en lo político, pero marginal en lo económico, ya que se trata de un flujo puntual y no de un cambio estructural en la oferta. Más allá de estas cuestiones, el precio del crudo se mantuvo a la baja en los mercados internacionales.
La venta de hasta 50 millones de barriles de crudo podría generar importantes ingresos: el petróleo venezolano se cotiza actualmente a U$S 55 el barril, por lo que si Estados Unidos puede encontrar compradores dispuestos a pagar el precio de mercado, podría recaudar entre U$S 1.650 millones y U$S 2.750 millones con la venta, estima la CNN.
La capacidad de almacenamiento de Venezuela es de aproximadamente 48 millones de barriles, por lo que esta transferencia podría agotar sus reservas, según Phil Flynn, analista senior de mercado de Price Futures Group. La cantidad de 30 millones a 50 millones es pequeña en comparación con el consumo diario de Estados Unidos (más de 20 millones de barriles cada día) y no afectaría significativamente los precios del combustible. Pero Venezuela no es sólo petróleo. En EEUU se estima que el país cuenta con reservas de 5,5 billones de metros cúbicos de gas natural, lo que representa el 73% de los yacimientos en Sudamérica.







