Cerca de la Argentina: el increíble desierto con lagunas que parece de otro planeta

En un rincón de Brasil, las dunas crecen como montañas imposibles de escalar y las piscinas turquesas parecen terminadas a pincel.

En Lençóis Maranhenses el paisaje no parece de este mundo. En Lençóis Maranhenses el paisaje no parece de este mundo. Noticias de Macao
05 Enero 2026

Detenerse por un momento entre medio de las curvas sombrías y las colosales dunas de arena lleva a descubrir que el paisaje a veces puede consumirnos, hacernos insignificantes entre imponentes crestas que parecen imposibles de escalar y algunas tan enormes que se asemejan a ríos. En Lençóis Maranhenses los inventos de la ficción y el CGI se vuelven una extraña, abrumadora y asombrosa realidad.

Lençóis Maranhenses es un escenario sin principio ni final, una dimensión infinita de arena y piletas naturales efímeras con aguas turquesas que se extiende por 1.500 km² en la remota costa del estado de Maranhão, al noreste de Brasil. Lençóis («láminas» en portugués) se refiere a una vasta extensión de dunas de arena blanca donde, durante unos meses al año (aproximadamente de mayo a octubre), aparecen miles de lagunas de agua dulce: brillantes espejos de color turquesa entre las ondulantes montañas de arena.

Un desierto que no está tan vacío

De un lado se asoma la exuberante vegetación y del otro el océano Atlántico. Entre ambos ecosistemas opuestos surge, como un escenario de otro universo, Lençóis Maranhenses, uno de los ambientes más singulares de Brasil. Los fuertes vientos costeros empujan la arena hacia el interior, creando un paisaje desértico con dunas de hasta 30 metros.

Pero por momentos Lençóis deja de ser un desierto. Durante la temporada de lluvias, llueve tanto que el agua se deposita en cuencas naturales entre las dunas. Una capa compacta de sedimento impermeable impide que el agua de lluvia se escurra, formando cientos de lagunas de agua dulce donde viajeros como yo venimos a nadar, vadear y flotar.

Un lugar espectacular que debe recorrerse a pie

Esas piscinas efímeras son las que hacen de Lençóis un lugar único en la Tierra. También contribuyeron a que el parque fuera declarado Patrimonio Mundial de la Unesco en 2024. Con este reconocimiento, se ganó una nueva atención mundial, según Cristiane Figueiredo, directora del parque nacional. Las cifras más recientes lo confirman: en 2024, Lençóis recibió un récord de 552.000 visitantes. Para septiembre de este año, esa cifra ya había superado los 580.000.

Quienes visitaron este paisaje advierten que la experiencia debe hacerse descalzo, para que los pies entren en contacto con una faceta más tranquila y menos conocida del parque, incluidas las lagunas vírgenes. Los viajeros que comentaron su testimonio a la BBC comenzaron su recorrido por Lagoa Bonita, una región de dunas altas cerca de Barreirinhas, en el lado oeste del parque. Desde allí, caminaron 36 km de arena, incluyendo dos pernoctaciones en pueblos locales, para finalizar en Atins, un conocido pueblo costero que sirve de base para excursionistas.

Cómo planificar tu viaje a Lençóis Maranhenses

Para los viajeros argentinos que buscan sumergirse en este desierto de lagunas cristalinas, la planificación comienza por la logística aérea. Según una detallada guía elaborada por la BBC, el trayecto más eficiente implica volar desde Buenos Aires hacia São Luís, la capital del estado de Maranhão, generalmente haciendo escala en San Pablo o Río de Janeiro. Desde allí, el siguiente paso es trasladarse vía terrestre —en bus o transfers privados— hasta la ciudad de Barreirinhas, que funciona como la principal puerta de entrada y base de operaciones para explorar el parque nacional.

Al organizar el itinerario, es fundamental considerar la estacionalidad para no encontrar las lagunas secas. La mejor época para viajar, según el medio, es entre mayo y agosto, justo después de la temporada de lluvias, cuando los valles entre las dunas alcanzan su máximo nivel de agua. Se recomienda dedicar al menos tres o cuatro días completos en la zona para poder visitar tanto los circuitos clásicos de Lagoa Azul y Lagoa Bonita, como los rincones más agrestes de Atins, garantizando así una experiencia completa en uno de los destinos más instagrameables del continente.

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