
IMPRESIONANTE. Lucas Herrara, que representa a Alemania, se destaca por dominar en el circuito juvenil del país con su estilo de juego sin revés.

La irrupción de Lucas Herrera Sánchez, un chico de apenas 14 años nacido en Alemania pero de madre argentina y padre chileno, está generando un fuerte impacto en el circuito juvenil europeo de tenis. El joven se volvió viral por una característica tan poco común como asombrosa: juega sin revés. En lugar de golpear de ese lado, cambia la raqueta de mano y ejecuta derechas con ambos brazos, algo que le permite variar ángulos, efectos y direcciones como muy pocos jugadores del planeta.
Desde sus primeras participaciones en torneos juveniles, Herrera Sánchez llamó la atención por su estilo único. Formado bajo la guía de su padre, Jorge Herrera, neurólogo argentino radicado en Alemania, aprendió desde pequeño a pegar siempre de derecha. Esa singularidad lo impulsó rápidamente en el ranking juvenil y lo llevó a destacar en competencias internacionales como el prestigioso torneo de Montecarlo, donde logró medalla de bronce, además de obtener títulos y podios en Europa.
El joven, que representa a Alemania pero habla español con naturalidad en casa, entrena en el centro de alto rendimiento de Hannover junto a su hermano mayor. Su madre, Silvia, es médica traumatóloga y, junto a su esposo, insiste en que los estudios sigan siendo prioridad. Aun así, su talento no deja de crecer y ya es considerado una de las apariciones más prometedoras del tenis juvenil europeo, con referencias de juego que algunos comparan con estrellas como Jannik Sinner o Carlos Alcaraz por su agresividad y lectura táctica.
Su historia también impacta por el costado humano. Sus entrenadores y familiares destacan su disciplina, su carácter sencillo y el respeto por su proceso de formación. “Si el colegio no funciona, tampoco funcionará el deporte”, repite su padre, buscando que el talento no lo aparte de la estructura familiar y académica que sostiene su desarrollo.
Un estilo tan raro como efectivo
Más allá de la curiosidad técnica, Herrera Sánchez ya demostró que no es solo un fenómeno viral: compite, gana y crece en uno de los semilleros más exigentes del mundo. Con apenas 14 años, entrena hasta cuatro horas diarias, domina el juego con ambas manos y sueña con convertirse en profesional. Y aunque el futuro siempre guarda incógnitas, su nombre ya se instaló como uno de los más llamativos proyectos juveniles del tenis internacional.






